El nuevo militarismo europeo apunta ya un primer enemigo: tu salario

3 de marzo, 2022

macron militarismo

Ayer Macron apareció en cadena nacional. Su intervención presentó la cumbre del día 10, en la que espera poner en marcha un ejército europeo, como parte de un «cambio histórico». El cambio en cuestión es el paso a pie firme a una economía de preparación para la guerra cuya idea motriz es que «ya no podemos depender de otros para alimentarnos, curarnos, informarnos, financiarnos».

Los tres ejes planteados por Macron son un condesado de lo que significa militarismo: autarquía industrial, independencia energética y desarrollo militar acelerado. Es decir, supeditación de toda la estructura productiva -e inevitablemente del estado- a las necesidades de preparación y organización de la guerra por venir.

Pero el cambio drástico en la forma de orientar el capital nacional no sale gratis. The Economist habla con claridad de que el proceso de formación de bloques que ahora toma brío significará, en los términos que apunta Macron, necesariamente menos crecimiento y más inflación.

Para empezar, como apuntaba ayer la Comisión Europea, el cambio de matriz energética asociado al Pacto Verde se ha convertido en una cuestión estratégica para los capitales europeos, así que no les importa que sea más cara. En palabras de Macron, se debe «aceptar pagar el precio de la paz, la libertad y la democracia». Y eso de hecho va más allá de la energía. El expresidente español Felipe González decía esta mañana:

El 40% de nuestras importaciones de girasol, cereales, muchos minerales, insumos varios… viene de Ucrania. Nuestra respuesta implica sacrificio. El impacto es fuerte. Nosotros en España deberíamos hacer un gran pacto nacional de respuesta a la crisis entre los dos actores centrales —PSOE y PP— más los que quieran sumarse. Sería como, salvando las distancias, los Pactos de la Moncloa, que eran pactos de rentas para no hacernos daño con una carrera de inflación y precios que no tenga fin. O sea, se trataría de repartir el esfuerzo y el sacrificio.

Felipe González hoy en El Confidencial

No podemos pedirles que se expresen con mayor claridad: todo se reduce a que los salarios crezcan menos que la inflación, es decir, a reducir el poder de compra de los salarios para mantener la rentabilidad de un capital que se va a ver constreñido cada vez más en fronteras de bloque.

Ahí entramos nosotros: «repartir el esfuerzo y el sacrificio» de «pagar el precio de la paz» significa renunciar a necesidades básicas, aceptar peores condiciones de trabajo y una pobreza que crecerá inevitablemente.

El reflejo político inevitable podemos entreverlo en el horizonte ruso, versión en el límite del militarismo en marcha. La Duma acaba de aprobar un endurecimiento del código penal que castiga con 5 años de prisión la difusión de información no oficial sobre el ejército.

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