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El nuevo debate sobre el aborto y la igualdad según el feminismo

25/05/2022 | EEUU

El debate sobre el aborto vuelve a ser central en EEUU y todo apunta a que ambos partidos van a convertirlo en argumento para el reclutamiento electoral. Si una parte quiere obligar a millones de mujeres a llevar a término sus embarazos incluso contra su voluntad, la otra defiende que abortar favorece «la igualdad» porque permite conservar el puesto de trabajo cuando la maternidad tiene un trato discriminatorio por el empleador o va asociada al despido y porque ahorra al estado millones en guarderías y sistemas de ayuda... que así podrá dedicar a cebar la guerra y aumentar la rentabilidad del capital.

Si es evidente que tenemos que defendernos del anti-abortismo, también tenemos que plantar cara a los argumentos feministas que invisibilizan la discriminación de las mujeres trabajadoras y las reducen a la animalidad para invisibilizar y justificar condiciones ignominiosas de explotación. Tenemos que enfrentar tanto el «pro-life» como el «pro-choice» desde nuestro propio terreno de clase. Porque si les dejamos no tendremos ni vida digna de ser llamada así ni otra elección que resignarnos a elegir entre ser paridoras o bestias de carga... para acabar siendo ambas cosas.

¿Por qué vuelve el debate sobre el aborto a EEUU?

El pasado dos de mayo, Político publicó un primer borrador de toma de posición de la mayoría del Tribunal Supremo en el que la mayor parte de los jueces ensayó argumentos a favor de anular la famosa sentencia Roe vs Wade de 1973. A las quejas por la filtración siguieron las posiciones encontradas de republicanos y demócratas que ven en el tema una forma de movilizar voto para las próximas elecciones de noviembre.

¿Qué es Roe vs Wade?

Roe vs Wade es una sentencia de 1973 que declaró que las mujeres del país tienen el derecho inalienable de abortar durante el primer trimestre, pero que los estados pueden prohibir el aborto por razones de salud durante el segundo, y que pueden prohibirlo por completo durante el tercer trimestre con excepción de los casos en que la vida de la madre corra peligro.

Es decir, Roe vs Wade permite a los diferentes estados del país tener margen de maniobra para restringir el acceso al aborto garantizando un mínimo. La anulación de la sentencia significaría que quedaría a la elección de los parlamentos de los estados decidir si quieren restringir el aborto y en qué medida.

Los antecedentes

Margaret Sanger rodeada de correligionarias

La posición actual del Partido Demócrata sobre el aborto es bien conocida: las mujeres deberían tener el derecho a abortar para poder elegir libremente qué hacer con su cuerpo y su vida. El argumento «Mi cuerpo, mi decisión» está siempre en primer plano de todos los artículos de opinión del New York Times, en CNN e incluso en las consignas de las protestas.

Las raíces del argumento se remontan a las feministas defensoras de la Maternidad Voluntaria... pero el aborto antes de los años 60 siempre había sido caracterizado por las feministas como moralmente malo. Incluso la propia fundadora de Planned Parenthood, Sanger, condenó el aborto calificándolo como una barbarie... aunque lo consideraba inevitable en un mundo en el que el control de la natalidad no era accesible.

Sin embargo, fue en el seno de Planned Parenthood durante la posguerra donde encontramos algunas de las primeras activistas pro-elección. Planned Parenthood durante la década de 1960 continuaba con su política racista y clasista de orientar sus «servicios de control de la natalidad» a los que consideraba «inferiores». Por eso ponía sus centros en los barrios pobres, poblados en gran parte por inmigrantes y negros. Durante esta época empiezan a alzarse voces dentro de Planned Parenthood que estiman que el control de la natalidad es un medio insuficiente para controlar la reproducción de los «inferiores».

Por esa razón, algunos miembros destacados como el Dr. Alan Guttmacher, que consideraba justificable el aborto forzoso para reducir la población, apoyaba el derecho legal a abortar antes de que Planned Parenthood acabara adoptándolo como su postura oficial en 1969. Guttmacher, miembro de la Sociedad Americana de Eugenesia, también era líder de PP-WP, el brazo internacional (imperialista) de Planned Parenthood, que se dedicaba a trabajar con organizaciones internacionales para difundir su política de control de la natalidad en otros países.

Pero existía otro elemento, no menos clasista, que empujaba al feminismo hacia la defensa del aborto.

El neo-Malthusianismo entra en escena

Reunión de planificación de NARAL en 1969

En algunas corrientes de la política eugenésica, como la de Margaret Sanger, tótem del feminismo estadounidense, siempre estuvo presente el deseo de limitar el tamaño familiar no sólo de los «inferiores», sino de la pequeña burguesía. Su argumento: si las familias pequeñoburguesas crecen demasiado corren el riesgo de proletarizarse.

Por eso no hay contradicción entre estos dos objetivos, ambos presentes en grupos como «Zero Population Growth» (ZPG), formado en 1968. Este grupo, inspirado por el best seller neo-malthusiano «The Population Bomb», podía quejarse por un lado de que Japón ya no recurría al aborto para controlar su población y, por otro, afirmar que «los blancos de clase media» deberían recibir las principales medidas de control de la población.

Los autores del libro, Ehrlich y Harriman, preveían un apocalipsis mucho menos sofisticado que el de la otra corriente malthusiana de moda en la época («El Club de Roma»). Iniciaban su argumento dando por perdida «la batalla por alimentar a toda la humanidad» y preveían cientos de millones de muertes en la década que iba a comenzar.

En la década de los 70 y 80, centenares de millones de personas se morirán de hambre a pesar de cualquier programa de choque que se emprenda ahora. A estas alturas nada puede impedir un sustancial incremento en la tasa de mortalidad mundial, aunque muchas vidas podrían ser salvadas mediante drásticos programas para ampliar la capacidad de la tierra incrementando la producción alimentaria y distribuyendo más equitativamente el alimento disponible. Pero estos programas sólo proporcionarán un aplazamiento a menos que se acompañen con esfuerzos decididos y exitosos de control de la población.

Como en EEUU no hay posición reaccionaria sin derivada racial, defendieron redoblar los esfuerzos de control poblacional en la pequeña burguesía y la burguesía blancas como una forma estratégica de minimizar las tensiones y controversias raciales, argumentando que la mejor manera de evitar cualquier sospecha de genocidio es controlar la población del grupo dominante. Motivo por el que también propusieron que los directores de clínicas abortivas fueran de raza negra y que se promocionara el ascenso social entre las élites negras porque, según ellos, «los negros ricos tienden a tener menos hijos que los blancos ricos».

No fue un grupo insignificante. De hecho, los grupos e individuos dentro del movimiento de control de la población que estuvieron más directamente involucrados en la batalla por la legalización del aborto provenían de las filas de ZPG.

En 1969, también se formó NARAL, una organización «pro-choice» cofundada por la famosa feminista Betty Friedan, que veía el aborto como una necesidad de la política de control poblacional.

Muchos historiadores, al relatar la conexión entre la organización NOW y el movimiento de control de la población, magnifican las diferencias entre Friedan y la dirección de NARAL. Afirman que Friedan quería defender el aborto basándose en los «derechos inalienables de la mujer», mientras sus compañeros de NARAL lo entendían como parte de la política de control poblacional.

Pero estas supuestas diferencias irreconciliables no provocaron ninguna escisión. Tampoco impidió que NOW y NARAL unieran sus listados de contactos y miembros para trabajar juntos. Y ninguno de los dos evitó utilizar los argumentos del otro.

No hubo en ningún momento una diferencia de principios, sino distintas prioridades a la hora de acercarse a distintos ambientes y sectores sociales. Y para el feminismo era de crucial importancia equipararse retóricamente al movimiento de los derechos civiles.

¿Por qué fue tan importante el aporte neo-malthusiano al movimiento «pro-choice» de los setenta? Porque por primera vez una moral anti-natalista se promocionaba masivamente, y especialmente entre la pequeña burguesía, como un supuesto «bien social». No tener hijos, y no sólo planificar su número, se presentaba como algo «solidario», socialmente «responsable» y bueno. El neo-malthusianismo aportaba una moral nueva y teóricamente aplicable a todas las clases sociales que iba un paso más allá de las posiciones tradicionales de la pequeña burguesía y que reforzaba las aspiraciones de ascenso social de la pequeña burguesía femenina.

Por qué la pequeña burguesía femenina cambió su posición sobre el aborto y empezó a defenderlo en nombre de la «igualdad»

Estée Lauder fue una de las empresarias que abrió su negocio en 1946, aprovechando la bajada de precio de la mano de obra producto de la desmovilización de millones de soldados.

La pequeña burguesía femenina estaba más «empoderada» que nunca tras la Segunda Guerra Mundial. Pero para ascender socialmente, estas mujeres tenían que luchar contra el modelo pequeño burgués de la familia…donde la mujer se quedaba en casa para dominar la «esfera de la familia».

El papel de las mujeres pequeñoburguesas en la familia determinaba su relación con el mercado laboral. Podían conseguir trabajos administrativos o de educación cuando estaban solteras, pero una vez casadas tenían que atender las responsabilidades de la familia. Esto hizo que durante la Gran Depresión se priorizará la contratación de varones e incluso de mujeres solteras, para puestos en la academia, la abogacía o la burocracia.

Entendiendo que la causa de que no pudieran ascender por las escaleras de la pequeña burguesía corporativa era que la perspectiva de maternidad ligada al matrimonio cerraba su contratabilidad, el aborto representaba para el feminismo de esta época lo que el control de la natalidad representaba para Margaret Sanger: «liberar» a la mujer pequeñoburguesa casada del papel de madre y abrir la puerta para que entrara en el mercado de cuadros medios en competencia con los varones de su clase por puestos directivos. Su estado civil ya no les frenaría.

Margaret Sanger criticaba el aborto en una época en la que el papel de la mujer pequeñoburguesa estaba todavía muy arraigado en el modelo tradicional de la familia, centrado en la reproducción y la crianza. Pero las necesidades de la economía de guerra y la moral antinatalista del movimiento de control poblacional habían minado la centralidad y santificación pequeñoburguesa de la maternidad. La condena moral del aborto se debilitó.

Seamos claros: el principal argumento que el feminismo de los 60 esgrimió para luchar por la legalización del aborto, que las mujeres deben tener pleno control sobre sus cuerpos para ser partícipes de la sociedad en plena igualdad, tiene un origen de clase ajeno a las trabajadoras.

Su origen era, como hemos visto, una forma de vencer una traba que operaba contra las mujeres pequeñoburguesas en la competencia por «carreras profesionales y directivas»... pero que, en principio, no afectaba a las mujeres trabajadoras que, casadas o solteras, madres o sin hijos, no tenían otra carrera por delante que ir cada día de la fábrica o los servicios a casa y de casa al trabajo.

Es más, cuando el aborto se argumentaba para las trabajadoras, como hacía regularmente el movimiento de control poblacional, su objetivo era animarles a abortar «voluntariamente», convienciéndoles de que el aborto era la única «opción» de la que disponían para «escapar de la pobreza». Es decir, que abortar era el camino para mantener la capacidad de compra, no luchar colectivamente con el resto de trabajadores por salarios mayores capaces de cubrir todas las necesidades familiares.

Lo que el feminismo quería y quiere decir cuando liga el aborto a la igualdad se ve con claridad en los argumentos que hace ahora, décadas después, haciendo balance de las consecuencias de Roe vs Wade, para argumentar contra la eventual anulación de la sentencia por el Supremo.

El aborto sigue funcionando como palanca de igualdad. A las personas embarazadas todavía se les niegan adaptaciones en el trabajo, a pesar de una ley de 1978 que supuestamente las protege de la discriminación. Las mujeres aún experimentan una «penalización económica por maternidad». Los efectos financieros de que se le niegue un aborto, según un estudio importante que citan los economistas, son «tan grandes o mayores que los de ser desalojado, perder el seguro médico, ser hospitalizado o estar expuesto a inundaciones» como resultado de un huracán.

Beware the Feminisim of Justice Alito, Emily Bazelon

La igualdad que el feminismo entiende que provee el aborto es la que nace de aceptar la discriminación de las madres y las embarazadas en el puesto de trabajo. Discriminación que, además, no es igual en una clase y en otra. Entre otras cosas porque la extensión de la precarización y el sector servicios han sumado a la pobreza una nueva preocupación entre las trabajadoras: el desempleo.

Lo que para la pequeñoburguesa corporativa puede significar hoy «elegir» entre perder un ascenso o abortar, para la trabajadora bien puede significar «elegir» entre pasar al paro y probablemente a la pobreza por un largo periodo o renunciar a la maternidad. Un efecto que se multiplica si en vez de individuos consideramos unidades familiares de una clase y otra.

El argumento «igualitario»

Campaña del referéndum sobre el aborto de 1970 en Nueva York. El cartel de la derecha dice: «Los pobres merecen abortos seguros también».

Las citas de arriba no son opiniones aisladas. Es un argumento que ha acompañado la argumentación feminista del aborto desde los años 60 en EEUU sin decaer ni dejarse nunca de lado. De hecho, como hemos visto, sigue bien presente en el debate actual.

Antes de la sentencia del caso Roe contra Wade, varios estados comenzaron a legalizar el aborto. En la campaña para legalizar el aborto en Nueva York, se utilizaron argumentos basados en los derechos civiles. Pero el feminismo también utilizó el arsenal malthusiano clásico («la manera de evitar la pobreza es abortar») y un nuevo argumento aún más perverso. Según el feminismo, dada la discriminación por razón de sexo en el mercado laboral, «el aborto era un medio necesario para igualar la competencia».

Porque el efecto de las leyes (antiaborto) es forzar a las mujeres, en contra de su voluntad, a una posición en la que serán sometidas a toda una serie de tipos de discriminación de facto basados en la condición de la maternidad...

Se le suspende o se le expulsa de la escuela y, por tanto, se le priva de su oportunidad de educación y desarrollo personal. Se le despide de su empleo y, por tanto, se le niega el derecho a ganarse la vida y, si es soltera y no tiene ingresos independientes, se ve obligada a vivir en la degradante situación de la asistencia social. Si tiene hijos en edad preescolar, los empleadores pueden negarse a contratarla a pesar de las disposiciones de la Ley de Derechos Civiles de 1964, que establece que es ilegal que un empleador no contrate o se niegue a contratar o a despedir a una persona... a causa de su sexo.

Si se permite que una gama tan amplia de discapacidades se asocie al estado de embarazo y maternidad, ese estado debe ser uno de elección.

Y no basta con decir que la mujer eligió tener relaciones sexuales, pues no eligió quedarse embarazada. Mientras se le obligue a soportar una parte tan extraordinariamente desproporcionada de los dolores y cargas de la crianza de los hijos (incluyendo, por supuesto, el embarazo y el parto), entonces, privarla de la elección final en cuanto a si va a soportar de hecho esas cargas viola los aspectos más básicos de nuestro ideal americano de equidad garantizado y consagrado en la Decimocuarta Enmienda.

Voices that shaped the abortion debate before the Supreme Court’s ruling. Linda Greenhouse and Reva B. Siegel

Después de Roe vs Wade: pro-life vs pro-choice

Ellen McCormack, demócrata «pro-life», 1976

Tras la sentencia del caso Roe contra Wade, se desarrolló un movimiento antiabortista que se organizó en torno a varios grupos. Estos grupos no sólo fueron formados por autoridades vinculadas a las distintas iglesias de Estados Unidos. No fueron una mera reacción religiosa, ni mucho menos de los conservadores.

De hecho, muchos trabajadores de ambos sexos de todo tipo de sectores, razas y creencias, especialmente los más afectados por la imposición de clínicas de control de la natalidad en sus barrios, rompieron con el partido demócrata después de que éste respaldara oficialmente la posición feminista sobre el aborto.

Los republicanos, por su parte, entendieron que podían captar votantes exponiendo exactamente lo que hacía que los trabajadores se alejaran del partido demócrata, es decir, la naturaleza clasista del control de la natalidad y del movimiento pro-aborto. Lo entendieron ya en los años 70, durante la campaña presidencial de Nixon.

Al mismo tiempo, los republicanos saben que es un tema que moviliza a muchos votantes... y por eso se han organizado no solo para imponer restricciones al aborto estado por estado, sino para tratar de desafiar la sentencia de Roe vs Wade. Son muy conscientes de que sus campañas contra el aborto forman una parte importante de su hegemonía en ciertos estados.

Por eso los republicanos, en sus argumentos contra Roe vs Wade o el aborto en general, hablan abiertamente sobre las raíces eugenistas de los movimientos antiabortistas. Lo han hecho desde los años setenta y lo siguen haciendo ahora.

Al mismo tiempo, los demócratas argumentan contra ellos diciendo que los republicanos, a pesar de declararse partidarios de la vida al estar en contra del aborto, demuestran su hostilidad a la vida a través de sus políticas…ya sea reduciendo la financiación de las guarderías, los programas sociales, o las escuelas. Y a pesar de que el argumento es correcto, al final afirman que la mejor manera de reducir «los costes económicos» de un nuevo hijo inesperado y evitar que desborde el presupuesto familiar es abortar.

En un escrito presentado ante el Tribunal Supremo se exponía el mismo tipo de argumentos diciendo que los costes de las guarderías (ajustados a la creciente inflación) son demasiado para que los soporte una mujer que gana 15 dólares por hora; que la Ley de Discriminación por Embarazo (PDA) ha disminuido los salarios al hacer que los empresarios sean reacios a contratar mujeres; que la mitad de las mujeres trabajadoras carecen de permisos remunerados; y que las mujeres negras fueron las que más se «beneficiaron económicamente» de la legalización del aborto.

Dicho de otro modo: los demócratas argumentan a favor del aborto mostrando que ayuda a mantener una situación de explotación brutal y discriminación generalizada.

Y mientras el aborto se argumenta como una forma de reducir los costes del estado (los gastos generales de explotación de los trabajadores) y una forma de que las empresas puedan seguir pagando salarios insuficientes para sostener a una familia, no hay que olvidar que ambos partidos no pestañean al financiar y eternizar la guerra en Ucrania con miles de millones de dólares.

La lucha por defender las necesidades de los trabajadores, que son necesidades universales de la especie, no puede venir de ninguno de los dos partidos.

Y mientras los republicanos pueden señalar correctamente la inhumanidad de la lógica individualista bajo la consigna «mi cuerpo, mi elección»... simultáneamente promueven esa misma lógica reaccionaria cuando se trata de apaciguar a la pequeña burguesía airada antivacunas, caiga quien caiga y pretenden obligar a millones de mujeres trabajadoras a llevar a término embarazos contra su voluntad.

Ni la barbarie «pro-life» republicana, ni la barbarie que prepararan e invisibilizan los argumentos «pro-choice» de los demócratas

Al igual que no podemos aceptar que el Estado obligue a una mujer a llevar a término un embarazo en contra de su voluntad, tampoco podemos aceptar la idea de que renunciar a tener hijos y en su caso abortar, sea una forma aceptable de enfrentar las arbitrariedades, los abusos y el empobrecimiento a los que nos someten.

El enfoque de los medios de comunicación en el caso Roe vs Wade es una de las formas en que nos apacigua para que aceptemos las condiciones que nos imponen. Quieren que nos veamos como individuos aislados y no como trabajadores. Quieren que aceptemos la idea de que consumimos demasiado y que sería insolidario o irresponsable exigir la satisfacción de nuestras necesidades. Quieren que creamos que tenemos que luchar contra la barbarie que pretenden los republicanos y olvidar la barbarie que ocultan y se preparan para agravar con sus argumentos los demócratas.

Y, sobre todo, ahora quieren que les sigamos a las urnas, que apoyemos a los demócratas para que «nos salven» de las consecuencias infames de la anulación de Roe vs Wade. Quieren que miremos para otro lado mientras azuzan y ceban una matanza imperialista tras otra y reflotan los beneficios del capital invertido en las empresas a costa de nuestras necesidades básicas.

¿Qué hacer si se confirma la anulación de Roe vs Wade?

1 Defender las necesidades de las mujeres trabajadoras.

Ni el embarazo ni la maternidad no deseada son hechos individuales, son hechos sociales tanto en sus causas como en sus consecuencias. Precisamente porque negamos que el feto sea «propiedad» de nadie y el embarazo algo abstracto e independiente de la situación de clase, no podemos admitir que el estado, ni nadie, obligue a alguien a llevar a cabo un embarazo contra su voluntad ni porque la ley lo marque ni porque no le llegue el salario para pagar una clínica decente.

Pero por lo mismo tampoco podemos admitir que nos hagan elegir entre ser despedidas y abortar o entre el empobrecimiento y el aborto... y encima nos digan que en esa alternativa criminal el aborto es una «decisión libre» y una salida «igualitaria».

Los que dicen eso, como las feministas y los demócratas, confiesan lo que entienden por una sociedad «libre e igualitaria»: un campo de esclavos en el que aguantemos la violencia y la coacción más extremas con tal de mantener la maquinaria de nuestra propia explotación en marcha... y a ellos viviendo de lo que nos extraen.

No tenemos nada en común con ellos, ni siquiera a la hora de enfrentar las prohibiciones del aborto que vienen. Su causa nunca es la nuestra, aunque aparentemente estemos en contra de lo mismo, para ellos es sólo un momento en la reafimación del sistema que crea los problemas, para nosotros un paso hacia derribarlo si somos capaces de organizarnos como trabajadores sobre nuestro propio terreno mientras nos defendemos.

Llamamos a organizar paros y plantes de toda la plantilla cada vez que una compañera sea despedida o no se le renueve su contrato por quedarse embarazada y a reivindicar un complemento salarial para todos los trabajadores, varones o mujeres, en función del número de hijos que tengan.

2 Defender el «derecho a la vida» en lo que significa realmente para los trabajadores: la preminencia de las necesidades humanas reales sobre las necesidades del capital con todos sus fetiches, sus aparatos políticos, su estado... y sus ideologías.

El derecho a la vida no se defiende coaccionando y obligando a una mujer embarazada a desarrollar un embarazo que no desea.

El derecho a la vida se defiende enfrentando colectivamente al presidente y al Congreso, que azuzan y ceban guerras que matan a centenares de miles de personas en otros continentes, mientras ignoran las necesidades básicas de los trabajadores fronteras adentro; a los estados y ayuntamientos que sostienen policías que son verdaderas fuerzas de ocupación de los barrios de trabajadores, tan peligrosas y antisociales como cualquier banda del lumpen; a las empresas, que sacan tajada de la inflación mientras los salarios llegan cada vez para menos y empeoran las condiciones de trabajo, seguridad básica y contratación; a los sindicatos, que defienden el beneficio de las compañías por encima de cualquier consideración mientras aclaman la guerra prometiendo paz social al militarismo; etc.

El derecho a la vida se defiende luchando contra un sistema cada vez más abiertamente antagónico de la vida humana. Y eso, hoy, significa organizarse y ayudar a organizarse a nuestros compañeros en el trabajo y en el barrio para plantar cara, como clase, cuanto antes.