El meme bélico de la «brigada John Deere»: del romanticismo a la realidad de la clase

13 de marzo, 2022

John Deere símbolo de la propaganda de guerra
John Deere símbolo de la propaganda de guerra

Los medios siguen retransmitiendo estampas patrióticas de la guerra en Ucrania. Una de las últimas es la «Brigada John Deere», una estampa supuestamente enternecedora en la cual los granjeros ucranios están resistiendo a la invasión remolcando los blindados abandonados rusos hacia las fuerzas ucranianas. Todo ello convirtiendo a los flamantes tractores verdes de la John Deere en un «símbolo» patriótico aderezado con fondos y banderas celeste-amarillas. Pero la guerra no significa lo mismo para las distintas clases sociales.

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Lo que se esconde tras la estampa «bucólico-bélica» de la «brigada John Deere»

Los periódicos franceses comparten la gesta y estampa patriótica:

Un símbolo de la resistencia ucraniana. Mientras los tanques y los vehículos blindados se empantanan, se atascan y son víctimas del famoso barro del deshielo, la Rasputitsa, los valientes tractores siguen maniobrando en las vastas extensiones agrícolas ucranianas. Constituyen otro reto más que el ejército de Vladimir Putin se esfuerza por superar. [...]

La «brigada John Deere» ha vuelto a asestar un golpe. Las redes sociales se hicieron rápidamente eco de estas actividades bucólico-belicistas. Desde los primeros días del conflicto han circulado numerosos vídeos que muestran el remolque de equipos de combate rusos y la apropiación indebida de estas imágenes (etiquetas, camisetas, memes, etc.).

Sin embargo, mientras una parte de los pequeños propietarios agrícolas locales se visten en la bandera y jalean la guerra, los trabajadores sienten el estrujón de la maquinaria de producción bélica. La propaganda bélica y su imagen bucólica-militarista con los tractores Deere esconden lo que une a los trabajadores explotados ucranianos con los 10.000 trabajadores estadounidenses que producen los tractores Deere.

Por un lado, los trabajadores ucranianos desplazados son llevados a las fábricas en malas condiciones para «salvar a la patria», y del otro, trabajadores de la Deere en EEUU mantuvieron una larga huelga a finales del año pasado contra salarios y condiciones vergonzantes que acabó con los sindicatos aceptando un contrato prácticamente idéntico al contrato original ofrecido por la empresa.

Los sindicatos celebran los pedidos y marean la perdiz en la industria militar

El esfuerzo del capital para dar el salto al militarismo es internacional, del mismo que lo es la clase obrera. Los trabajadores de los grandes capitales productores y exportadores de armas pesadas se encuentran en una posición avanzada para ejercer presión. El peligro es evidente para la clase dirigente en EEUU, que ya se va preparando ante las consecuencias de una lucha en la industria militar, por ejemplo en una filial de la Raytheon en huelga:

La posible perturbación de la industria armamentística y de la campaña bélica de Estados Unidos por el cierre de la empresa ya ha provocado inquietud en los círculos gobernantes. El congresista demócrata de Ohio, Tim Ryan, vicepresidente del Subcomité de Asignaciones de Defensa de la Cámara de Representantes, publicó el 24 de febrero una carta abierta a los directores generales de Collins y Raytheon en la que les pedía que pusieran fin al cierre patronal: "Como miembro del Subcomité de Defensa del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, conozco bien el papel fundamental que desempeñan Raytheon y su filial, Collins Aerospace, como parte de la base industrial de defensa de Estados Unidos. En estos tiempos de incertidumbre, es más importante que nunca contar con plantillas estables en nuestros principales contratistas de defensa.

Sin embargo, enfrentados a la combatividad de los trabajadores de la industria militar y a la guerra, los sindicatos bloquean o desvían las luchas. No solo en la Raytheon, también  los sindicatos franceses declaran huelga en la Dassault, pero no solo no han llamado a luchar contra el militarismo haciendo presión y bloqueando la producción militar, sino que siguen anunciando el aumento de pedidos de material militar como algo a celebrar por los trabajadores:

Deberíamos sonreír, tenemos pedidos de aviones Rafale para la exportación, el trabajo está asegurado, pero no nos beneficia", explica Yannick Duigou, representante electo de la CGT y secretario del comité social y económico de la fábrica de Dassault en Argenteuil (Val-d'Oise).

Aunque los medios han estado preocupándose por el efecto de las huelgas sobre la producción militar -diciendo que los trabajadores «arrastran los pies» mientras los pedidos aumentan-, en realidad los sindicatos se han asegurado de que el ritmo de producción se mantenga.

En la planta de Mérignac -donde se hace el ensamblado final de los aviones de combate- los aviones salen como si no hubiera huelga alguna, no sea que los beneficios de la empresa y la producción de guerra se vean afectados. Y es que por mucho que los sindicatos llamen a «movilizaciones contra la guerra», procesiones defensistas en realidad, se niegan a interrumpir la producción o a poner en cuestión la política de militarismo desbocado a la que se ha lanzado toda la UE con Francia a la cabeza.

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