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El futuro de Europa y la guerra

11/05/2022 | UE

Macron irrumpió ayer en los actos de la «Conferencia sobre el Futuro de Europa» con una propuesta de reforma de los tratados constituyentes de la UE que dividió a los estados inmediatamente en dos. Es la respuesta a una estrategia de EEUU en Ucrania que, con independencia de sus efectos sobre Rusia, merma cada vez más el poder en la UE del eje franco-alemán-italiano.

El juramento de Estrasburgo

Macron y Scholz se saludan ayer en la Conferencia sobre el Futuro de Europa organizada por la UE

El escenario elegido por Macron no podía ser más significativo: la Conferencia sobre el Futuro de Europa, un proyecto que la UE desarrolló durante un año para resarcirse del lastre de imagen del Brexit. Tocaba presentar unas conclusiones que habían quedado fuera de época al día siguiente de empezar la guerra en Ucrania.

El debate del día, una vez aceptado y escalado el envío de armas y el uso de territorio UE para entrenar soldados ucranianos, parecía estar en la integración de Ucrania en la organización. Zelenski se había descolgado con unas declaraciones afirmando que poner la carne de cañón en la guerra contra Rusia era el «precio de sangre» por entrar en la UE. Y que ya estaba pagado. Los representantes de Francia, por contra, recordaban a quien quisiera escucharles, como luego hizo Macron, que «pasarían décadas» antes de que eso ocurriera.

Pero esta vez no era sólo un no. Macron venía con una alternativa tanto para los países miembros como para los aspirantes.

1 Crear una «comunidad política europea» que dejaría la puerta abierta a Gran Bretaña, en la que cabrían, bajo liderazgo UE, Ucrania, Moldavia, los Balcanes Occidentales... y Georgia, que ni siquiera está en Europa… pero no Turquía, con la que Francia sigue en batalla y a la que la UE amenaza ya incluso en términos de seguridad alimentaria.

Es decir, básicamente se trata de reproducir y ampliar la estructura política de la OTAN, dejando fuera a Ankara, reconstruyendo un cierto espacio de circulación de élites y afirmando una nueva capa de cebolla a la influencia imperialista franco-alemana. Una vieja idea miterrandiana recuperada en el nuevo contexto para reafirmar un espacio europeo autónomo de EEUU. El objetivo de fondo, como recomendaba Xi a Scholz, «poner la seguridad de Europa en manos de los europeos».

Ahora, la guerra en Ucrania y las aspiraciones legítimas de [los ucranianos], como los de Georgia y Moldavia, que también quieren unirse a la UE, significan que tenemos que repensar nuestra geografía y la organización de nuestro continente. Esta nueva organización política permitiría a las naciones europeas democráticas que se adhieren a nuestros valores fundamentales encontrar un nuevo espacio de cooperación política, de seguridad, de cooperación en términos de energía, de transporte e invertir en infraestructura donde las personas puedan circular, en particular los jóvenes.

Macron, ayer en Estrasburgo

2 Eliminar la regla de la unanimidad de las decisiones europeas, especialmente las concernientes a seguridad y política exterior. Una propuesta que había hecho ya, el día anterior, Alemania.

Pero a nadie se le escapa que tal propuesta, que implicaría reformar los Tratados en los que se basa la Unión, significarían el fin de la soberanía nacional de la mayor parte de los países miembros.

Con la soberanía monetaria cedida al Banco Central Europeo, con la soberanía fiscal restringida por los criterios de convergencia, ahora se pide a los estados que renuncien también al último reducto de soberanía política: la posibilidad de negociar contraprestaciones bajo la amenaza de veto cada vez que sus intereses imperialistas se ven torcidos por la fuerza de potencias vecinas mayores.

La respuesta: 13 contra 11

El gobierno danés presenta el referendum que la ley danesa exige para que el país pueda unirse a la política de defensa de la UE

Trece países, incluidos los bálticos, Polonia, Suecia, Rumanía o Bulgaria, con intereses a menudo contrapuestos, rechazaron inmediata, conjunta y públicamente la propuesta en los términos más tajantes.

Si bien no descartamos ninguna opción en esta etapa, no apoyamos los intentos precipitados y precipitados de iniciar un proceso que conduzca a cambios en el tratado... Ya tenemos una Europa que funciona. No necesitamos apresurarnos a realizar reformas institucionales para obtener resultados

Declaración de los 13 países contrarios a la reforma de los tratados

El gobierno de Dinamarca, que está a 20 días de un referendum que su orden jurídico impone para poder unirse a la política de defensa de la UE, resumió su negativa en una frase: «es un callejón sin salida». Es decir, incluso estando de acuerdo con la cesión de soberanía a una mayoría cualificada de países, intentar implementarlo mediante la reforma de los tratados sería contraproducente. La reforma tendría que ser aprobada por unanimidad -en no pocos casos mediante referendum previo- y eso implicaría, en el mejor de los casos, hacer concesiones sustanciales a unos países a costa de otros.

En el lado contrario, Alemania. Primero Scholz y luego Baerbock dejaron claro que la apuesta alemana pasa por ahí y que no les importa agitar el avispero de las contracciones imperialistas intra-europeas... por mucho riesgo que conlleve.

El eje franco-alemán-italiano se defiende... de EEUU

Draghi recuerda a Biden que «Europa» no quiere una guerra eterna en Ucrania

La combinación de ejército europeo, fin de la regla de la unanimidad y creación de una estructura política específica para el área de influencia UE, se ha convertido en el programa conjunto de Alemania y Francia por necesidad.

No es que no sean conscientes de los riesgos -una vez más podría llevar a la UE al borde de la implosión- es que con una Alemania que ve en cuestión su modelo de acumulación por la guerra económica contra Rusia y el divorcio de China impuestos por EEUU, y una Francia que políticamente ha quedado sobrepasada por Washington, cada día de más que dura la guerra en Ucrania representa un riesgo mayor para ambos.

Y cada día que pasa EEUU parece más decidido a alargar la guerra cuanto pueda dotando de miles de millones en nuevo armamento al ejército ucraniano cada semana. La expresión «EEUU está dispuesto a luchar hasta el último ucraniano» ha pasado de broma reticente a temor cierto en no pocas cancillerías europeas.

Por eso, sin cuestionar la «necesidad» de alimentar la guerra contra Rusia, la prensa francesa habla ya abiertamente de que para EEUU es «una guerra subcontratada contra Moscú» (Le Monde) sin objetivos claros en la que las potencias europeas pueden verse arrastrados a «una extensión a todo el continente» (Marianne) si siguen ciegamente a los estadounidenses.

¿Ha decidido Estados Unidos acabar con el poder ruso, a riesgo de extender la guerra a toda Europa y ver a un Putin acorralado utilizando armas nucleares tácticas? Seamos claros: señalar que Vladimir Putin es el único culpable de la invasión de Ucrania y del posible uso de armas nucleares no impide que nos cuestionemos la naturaleza y los objetivos de esta guerra occidental.

El crimen de Putin, la estrategia provocativa de Biden. Marianne

Ayer mismo, Draghi le recordaba a Biden que el objetivo europeo no era una guerra sin fin sino un acuerdo de paz satisfactorio. Obviamente, no le conmovió.

Es la guerra... que viene

Tanques alemanes en una base OTAN. Alemania incrementará drásticamente su dotación y equipamiento con vistas a una eventual guerra con Rusia.

Lo que está claro es que la reorganización de la UE que viene nacerá desde la guerra y se orientará para la guerra. Sea como un pseudo-bloque franco-alemán-italiano, sea como un apéndice estratégico de la OTAN.

Europa ha dado un salto cualitativo hacia el militarismo que no tiene marcha atrás. Las consecuencias empiezan a perfilarse cada vez con más claridad bajo los perfiles característicos de una economía de guerra: concentración y centralización de capitales reforzada alrededor del estado, refuerzo de la industria militar, supeditación de las necesidades de la acumulación a las necesidades estratégicas del conflicto imperialista (recordemos el suicidio que representa el cambio acelerado de fuentes energéticas) y políticas de encuadramiento político y social reforzadas.

Frente a ellas no cabe esperar resistencias serias de ningún sector del aparato político. El estado va a avanzar como una apisonadora, los sindicatos en primera línea, sobre las condiciones de vida y las libertades de los trabajadores. Lo vestirán de avances o lo impondrán como «sacrificios». Pero no van a dejar de acelerar sobre una trayectoria que ya está fijada. Solo el desarrollo de la organización y la capacidad de plantar cara de los trabajadores a sus consecuencias inmediatas puede parar su curso.