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El «conflicto de Ucrania» ya no apunta hacia «una guerra europea» sino mundial

07/02/2022 | Actualidad

Con EEUU insistiendo en que una invasión de Ucrania es inminente, la prensa global pone el foco en el viaje de Macron a Moscú y en el encuentro entre Scholz y Biden, mientras los medios europeos insisten en el peligro de desabastecimiento energético y la imposibilidad de prescindir de Gazprom, la gasera rusa. Sin embargo, lo más trascendente que está ocurriendo en el llamado «conflicto sobre Ucrania» tiene lugar al otro lado del continente: la oficialización de un discurso imperialista conjunto para Rusia y China en Pekín y la entrada de Japón en la liza empujado por EEUU.

Aparentemente seguimos en el marco de conflicto de hace unas semanas...

Soldados ucranianos con lanzacohetes. Las maniobras permanentes son parte de la «guerra fantasma» que estamos viviendo.

Durante esta semana los titulares se han centrado en los envíos de armas y las tropas de refuerzo por EEUU y países OTAN a Ucrania, los países bálticos y Rumanía.

Sin que una guerra directa entre grandes potencias se haga realmente más probable de forma inmediata, la tensión ha ido subiendo y preparando una negociación dura de las fronteras entre bloques. Dicho de otro modo, los temas en liza aparentemente siguen siendo: extensión y alcance de la OTAN y «profundidad estratégica» rusa ante un eventual despliegue de nuevos misiles nucleares de corto y medio alcance.

En este marco, Macron se juega el grueso de su estrategia para Europa en Moscú y Scholz intentará salvar el NordStream 2 sin tensar aún más la relación con EEUU en Washington. Mientras, pensando ya en una eventual represalia rusa, Borrell pactará suministros de gas alternativos con Blinken y Kadri Simon intentará cerrar un acuerdo complementario de suministro de gas en Bakú, un socio al que su relación político militar con Turquía hace especialmente incómodo para Francia.

Pero a estas alturas, eso sólo es la mitad del marco de un juego que se está tornando cada vez más peligroso.

...pero dos cosas lo cambian todo

Putin y Xi se reúnen aprovechando la apertura de los Juegos Olímpicos de invierno en Pekín

El actual conflicto nunca se limitó a Ucrania, pero hasta ahora se daba en el marco creado por la salida de Kabul: la pretensión de EEUU de asegurar fronteras y equilibrios para concentrase en su conflicto con China en el Pacífico. Dos cosas han cambiado radicalmente su ámbito esta semana.

En primer lugar el resultado del encuentro de Putin y Xi aprovechando la inauguración de los Juegos Olímpicos de invierno en Pekín. No se trató de un mero apoyo contingente de China a su aliado ruso. Por primera vez ambos países hacían una extensa declaración formal fijando y consensuando sus objetivos diplomáticos y militares.

Cargaban contra AUKUS y QUAD, contra la expansión de la OTAN en la antigua zona de influencia imperialista rusa, contra el independentismo taiwanés alentado por EEUU, contra la retirada de EEUU del tratado INF y el desarrollo de nuevas armas químicas y convencionales, contra la Carrera Militar Espacial y hasta contra la evacuación de aguas contaminadas de Fukushima en el mar por Japón. Mandaban un claro guiño a India y mostraban una cierta humildad ante la ASEAN. Es decir, hacían explícito un amplio frente común con sintonías más claras que la propia OTAN... aunque guardaban silencio sobre América del Sur, África y Oriente Medio.

El cambio de fondo que esta declaración supone fue inmediatamente reconocido por EEUU, que instó abiertamente a Japón a preparar y anunciar sanciones contra Rusia para el caso de que ésta invadiera Ucrania. Satisfacer la exigencia de Washington no es ni mucho menos fácil para Tokio, cuyo nuevo primer ministro, Kishida, anunció en octubre la apertura de un proceso de negociación con Moscú para dar cierre al viejo conflicto de sus fronteras con Rusia en las Curiles.

Con independencia de las dificultades y equilibrios japoneses, lo relevante es que estos dos movimientos en su conjunto cambian el mapa del conflicto imperialista global.

La vuelta del bloque eurasiático y la ordenación en «paralelos» del conflicto imperialista global

Estamos acostumbrados a pensar el mapa del conflicto imperialista al modo en que quedó establecido en los años noventa para EEUU: tres grandes meridianos, uno de ellos de indiscutible hegemonía estadounidense, otro de co-gestión competitiva con Europa y potencias regionales (Turquía, Sudáfrica, Irán, la propia Rusia), y Asia-Pacífico. Cada uno con sus instituciones multilaterales, sus mecanismos de control y una presencia diferenciada por regiones del capital estadounidense.

Pero el mapa que está emergiendo se parece más al de 1950, cuando se constituían los bloques de la guerra fría. Se ordena por paralelos: un paralelo norte en que Europa hace de muro de contención occidental de una alianza ruso-china que presiona al este y hacia el Pacífico; una franja central que incluye la mayor parte de África, Centroamérica y Asia en la que los países semicoloniales son piezas a capturar por cada uno de los bloques y una franja meridional de potencias delegadas con Australia y Sudáfrica al frente.

EEUU y la puesta de largo de AUKUS han hecho mucho por establecer este nuevo escenario... que lleva unos años dando forma a las perspectivas imperialistas rusas y que es considerado por la OTAN como el principal «peligro emergente». No es de extrañar. Ambos proto-bloques ven un margen de ganancia en una nueva «guerra fría».

Para EEUU es un marco necesario para disciplinar y alinear a Francia y Alemania, pero también a países periféricos al centro del conflicto como Argentina cuyos capitales son cada vez más dependientes de China. Y por supuesto, en el Indo-Pacífico.

Rusia por su lado, lo ve como la única manera de poder afirmarse como potencia «euroasiática» y consolidar su poder -y extracción de ganancias- en Asia Central y el Cáucaso, mientras se consolida en el Mediterráneo y sigue disputando países y regiones enteras a Francia en África.

China ha sido más reticente desde un principio. Su salida comercial y por tanto su vocación imperialista se centra en el Indo-Pacífico. Pero ante la presión creciente y cada vez más belicosa de EEUU, la perspectiva euroasiática le permite ganar «profundidad estratégica», recuperar los planes militares de industrialización de sus regiones occidentales y planear alternativas más seguras para la «Nueva Ruta de la Seda» en su camino hacia Europa y África.

Es precisamente esta coincidencia entre las potencias -salvo, claro está, las europeas- la que resulta más preocupante y peligrosa. No se trata sólo de una forma de «mirar el mapa». Que lo que hasta ahora eran roces y conflictos imperialistas localizados pasen a generar ecos inmediatos y explícitos en otras zonas de conflicto es un paso de gigante hacia la formación de bloques imperialistas a la vieja usanza. Y nos acerca, con fuerza, hacia un escenario global de guerra.