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El Campo de Gibraltar ¿una frontera controlada por el narco?

18/05/2018 | España

Corría febrero, la imagen de la valla de Gibraltar rota, abandonada como si el estado hubiera desistido ya de componer por el día lo que se descomponía por la noche, convivía con las primeras quejas de los policías a la prensa. En nuestro canal de noticias alertábamos:

Empieza a haber una sensación de pérdida de control por parte del estado en el campo de Gibraltar. Descomposición hasta perder el control de una frontera es el comienzo del fin para un estado europeo. Haber abrazado la «disciplina Merkel» con tanta convicción puede acabar teniendo consecuencias muy costosas para la burguesía española. Si el divorcio con la pequeña burguesía catalana ha sido peligroso, la pérdida de una comarca fronteriza puede ser letal.

Al día siguiente se hacía pública la detención del mítico Sito Miñanco, símbolo de los años de la fariña en Galicia. Al mes siguiente el Ministerio de Interior y la Junta de Andalucía prometían «recuperar» la Línea y retomar el control puesto en cuestión por los narcos. La tensión crecía con la llegada de nuevas fuerzas policiales: intentos de linchamientos de policías y guardias civiles, asaltos a los depósitos judiciales... El aire, siempre pesado en las cercanías de la playa en la Línea, se iba cargando mientras el gobierno negaba la existencia de cárteles y, paradójicamente, se batían todos los récords de incautaciones de cocaína y hachís.

Cada día que pasaba, en el Campo de Gibraltar saltaban nuevas costuras entre gobierno y estado. Y así, mientras los sindicatos policiales denunciaban acoso por los narcos, el ministro negaba que las agresiones tuvieran relación con la droga. La inquietud del estado no venía aquí, como en Cataluña, de la cúpula judicial, sino de los policías que estaban a pie de calle y sentían lo que llamaban «mexicanización» de la comarca y la frontera. La muerte en la playa de Getares de un niño por el impacto de una lancha en un «pique» ha precipitado los acontecimientos. Los policías se han dado cuenta de que necesitaban una respuesta política que el gobierno no estaba dispuesto a dar. La forma ha sido crear una plataforma -«Por tu seguridad, por la de todos»- en la que se integran asociaciones antidroga, sindicatos policiales y otros colectivos.

La plataforma intenta movilizar a la población tras el apoyo al estado, pidiendo más recursos policiales e inversiones públicas porque como contaba hoy «El País» Francisco Mena, coordinador de una de las plataformas locales contra la drogadicción:

«La crisis agudizó el problema de desempleo que ya acusaba esta comarca con un 30% de paro (más del 70% entre la población joven), abocó a muchas familias a recurrir a los recursos económicos del narcotráfico para pagar sus hipotecas», analiza Mena. «Y son muchos los jóvenes que crecen con el referente de los líderes de esos clanes, los Castañas y los Messi, chicos sin oportunidades, ni futuro que encuentran en el narco la única salida y que lo convierten en su único medio de vida, su modus vivendi», apostilla un policía de la zona.

Lo que cuentan, ya entre susurros, los que luchan contra el narco es que ellos «han sabido aprovechar el vacío dejado por el Estado y se han convertido en los protectores de muchas familias, son quienes les han cuidado cuando les hacía falta, quienes les han dado trabajo, dinero cuando lo han necesitado sin pedir nada a cambio... salvo silencio».

El resultado, en palabras de Mena, es «una especie de narcoestado de bienestar» en el que una minoría no habla porque son cómplices o trabajan directamente para el narco, pero otros no lo hacen «por no meterse en problemas», por miedo al vecino, al compañero de trabajo, al padre de los compañeros de su hijo en el colegio... El narcotráfico, que enraíza con un pasado del contrabando de tabaco y otros productos traídos desde Gibraltar de esta comarca, ha desnaturalizado la sociedad, ha montado un sistema paralelo con reglas propias no escritas pero que todo el mundo conoce.

La pregunta inevitable es por qué el gobierno no ha movilizado recursos suficientes y enfrentado no solamente al narco sino la descomposión social y económica de una zona tan limitada geográficamente y sin embargo, de tanta importancia estratégica para el capital español y el estado: su frontera con Gran Bretaña. Porque la verdad es que es difícil hacer un retrato más preciso y conciso de en qué consiste un proceso de descomposición social: exclusión masiva, colapso del estado y sustitución de éste por grupos y estructuras mafiosas.

El estancamiento político de la burguesía española como un todo parece haber alimentado que un gobierno en derribo controlado haya decidido mantener a toda costa su estrategia sobre Gibraltar en el juego del Brexit, ignorando activamente, acallando de hecho, cualquier referencia a la inevitable respuesta que llegaba desde «la Roca». El incremento del poder del narco, su desarrollo desde el estraperlo de tabaco al hachís y del hachís a la cocaína coincide demasiado en sus tiempos y ritmos con los miedos de la burguesía «llanita» como para que el gobierno no sospechara, como mínimo, la relación. Hacienda de hecho, no parece tener dudas y nadie pretende que el dinero del tabaco y del hachís o la cocaína sigan circuitos diferentes.

La situación en el Campo de Gibraltar es significativa del momento de la burguesía y el estado en España. La descomposición social, alimentada por la crisis amenazaba ya con el colapso del estado en una frontera cada vez más caliente. El vector de la aceleración ha sido el crecimiento explosivo del narco, crecimiento que está de una manera u otra ligado a la batalla imperialista por el futuro de la Roca. La parálisis del aparato político, su incapacidad para enfrentar la situación, ha tensado lo indecible las relaciones entre el gobierno y estado en un nuevo frente. Y si en Cataluña han sido los jueces del Tribunal Supremo, en Algeciras han sido los cuerpos de seguridad del estado los que han ensayado la respuesta política que Moncloa no daba, paralizada en la batalla del frente del Brexit y temerosa de la injerencia británica ya insinuada en Cataluña.