Valor

Diccionario de marxismo

valor de uso

El valor de la producción social es el producto de la cantidad de trabajo explotado en el sistema económico. Aunque resulta imposible calcular el valor de una mercancía individual sin tener en cuenta el mercado de capitales y la existencia de una demanda efectiva para ella, su valor tenderá hacia la cantidad de trabajo socialmente necesario para su producción.

Tabla de contenidos

Valor de uso y valor de cambio

Desde la Antigüedad, las propiedades de la mercancía en un sistema de intercambio generalizado se dividieron en dos tipos de valor:

  • El valor de uso, el aspecto o propiedades físicas que hacen a una mercancía útil.
  • El valor de cambio, la cantidad -medida en dinero- por la que se intercambia una mercancía específica.

En la gran mayoría de tratados económicos y en lo que sigue en esta entrada de diccionario, nos referimos al valor de cambio cuando hablamos de valor.

Valor y teoría económica (ideología)

Durante siglos, el problema del valor de la mercancía -y muy especialmente su imagen especular, el problema del valor de la moneda- fue una de las grandes preocupaciones de los estados europeos, cuya moneda sufría devaluaciones continuas y los precios de las mercancías eran extremadamente volátiles. Será en ese marco bajo el cual se desarrolle la primera teoría económica durante la era moderna, siguiendo el imperativo de estabilizar el valor de la moneda y la circulación general de mercancías. Desde entonces, el valor y su teoría vertebrarán la nueva ciencia de organización social del absolutismo y pronto de la burguesía.

Pero ¿qué implican en el mundo real todas estas teorías sobre el intercambio comercial, cuyo objetivo siempre fue, abiertamente, el de mejorar la administración de la hacienda personal de la clase dominante? En el mundo de la abstracción teórica, el valor es una propiedad intrínseca de la mercancía individual completamente contenido en ella misma. El mundo económico se reduce a un circuito de transacciones mercantiles entre objetos.

Sin embargo, el mundo cambió completamente entre los siglos XVI y XIX, cuando las haciendas estatales que antes se encontraban al límite pasaron a una sociedad en pleno boom económico. La actividad económica se seguía midiendo en valor, la moneda seguía siendo moneda y la mercancía seguía intercambiándose según su valor. Millones de campesinos habían sido expulsados del campo, todo el sistema productivo -el mismo que producía las mercancías que ahora inundaban los mercados externos- había cambiado, pasando de artesanía a gran industria y se había multiplicado una clase social que vivía de producir cobrando un salario.

La teoría del valor trabajo

¿Era la antigua cantinela de la teoría del valor un reflejo veraz de lo que ocurría realmente en la economía y la sociedad? Uno de los primeros grandes economistas en cuestionarla fue David Ricardo, quién reconoció que la gran masa de trabajo asalariado en la sociedad era uno de los principales determinantes, de hecho el principal, de lo que se conocía como el valor.

Con la teoría de valor trabajo empezó a entrar la realidad social en el análisis económico. Sin embargo, esta teoría aún afirmaba que el valor era una propiedad no social, sino de la mercancía individual, en la que supuestamente ocurría una misteriosa transferencia cualitativa del trabajo del asalariado a la mercancía. El valor de una mercancía era la cantidad de trabajo que contenía.

La crítica (=demolición) de la teoría del valor trabajo por Marx

Será Marx el que estudie atentamente el trabajo de Ricardo y de los otros economistas para acabar desmontando todo el aparato de la teoría económica. El valor de las mercancías no responde a ninguna característica propia de ellas mismas tomadas individualmente una a una, sino que el valor de todo el conjunto de mercancías producidas responde a la actividad coordinada de toda una clase explotada.

El valor del cúmulo de mercancías responde a la cantidad de trabajo asalariado socialmente necesario para producirlas, pero este trabajo es social, es el del conjunto de la clase trabajadora en un momento dado y bajo unas condiciones dadas.

Este valor no está contenido en ninguna mercancía individual, es una consecuencia emergente de la producción industrial a gran escala y del intercambio generalizado de mercancías.

Es decir, es una consecuencia de la existencia del proletariado y de su explotación a gran escala por otra clase y no una consecuencia de la genialidad de ciertos capitalistas individuales.

Valor de la producción vs valor de una mercancía particular

Podemos saber, por tanto, cuál es el valor de la producción social bajo formas capitalistas, pues no es otra cosa que la masa de producto resultante de emplear el total de trabajo explotado. Pero ¿y el valor de una mercancía concreta?.

En su crítica (=demolición) de la teoría económica, y con ella de lo que los economistas llaman valor, Marx tiene que examinar paso a paso el conjunto de relaciones capitalistas desde su base. Pero tiene la dialéctica en la base de su crítica, así que no lo hace agregando partes, sino partiendo de una representación agregada global. Para facilitar el análisis reduce todo el capital a un único capitalista con una única aplicación para ese capital -una empresa- y un único grupo de trabajadores.

Y ahí se hace evidente qué es eso que los economistas encubren bajo el término valor: el producto del tiempo de trabajo explotado.

Evidentemente Marx se da cuenta de que este esquema es… símplemente un esquema, útil para desvelar el verdadero significado del valor cuya eficiente maximización sería la mayor virtud del capitalismo según los economistas de ayer y de hoy. Es bien consciente de que no es una descripción total del capitalismo como sistema.

De hecho es muy claro en la idea de que ese esquema deja dos partes fundamentales fuera: los mercados extracapitalistas -sin los cuales el sistema entraría en decadencia desde su primer minuto porque por definición la capacidad de compra de los salarios siempre será menor al valor del total producido- y los mercados de capital, sin los cuales no puede entenderse la dinámica esencial del sistema: la acumulación del capital.

La primera cuestión comenzará a abordarla en los materiales que luego de su muerte se recuperarán y editarán como libro tercero de El Capital y no se acabará de desarrollar como parte de la crítica marxista hasta la publicación de La acumulación de Capital de Rosa Luxemburgo. Para la segunda, Marx elaborará un largo y prolijo libro de apuntes -publicado postumamente como Teorías de la Plusvalía– que pensaba incorporar a futuros libros de El Capital que nunca pudo llegar a escribir porque murió antes.

Al estudiar qué hace el mercado de capitales, Marx descubre que su función en el sistema, es igualar -o tender a igualar- las tasas de ganancia de las posibles colocaciones del capital (las empresas). Al igualarlas hace saltar necesariamente por los aires la equivalencia entre la plusvalía extraída y la ganancia obtenida. De hecho, como regla general, recalca Marx, la plusvalía será diferente de la ganancia.

¿Qué significa esto para el valor de una mercancía individual? Que la desigualdad entre ganancia y plusvalía hace imposible calcular su valor individual como algo distinto de su precio. Sabemos, eso sí que como media tenderá hacia la cantidad de trabajo social necesario para producirla. Entendiendo trabajo social necesario como la cantidad media de horas de trabajo necesaria para producir su valor de uso en las condiciones normales de producción vigentes en una sociedad y con el grado social medio de destreza e intensidad de trabajo.

Salta a la vista que es precisamente la abstracción de sus valores de uso lo que caracteriza la relación de intercambio entre las mercancías. (…) En cuanto valores de uso, las mercancías son, ante todo, diferentes en cuanto a la cualidad; como valores de cambio sólo pueden diferir por su cantidad, y no contienen, por consiguiente, ni un solo átomo de valor de uso.

Ahora bien, si separamos el valor de uso, del cuerpo de las mercancías, únicamente les restará una propiedad: la de ser productos del trabajo. No obstante, también el producto del trabajo se nos ha transformado entre las manos. Si hacemos abstracción de su valor de uso, abstraemos también los componentes y formas corpóreas que hacen de él un valor de uso. Ese producto ya no es una mesa o casa o hilo o cualquier otra cosa útil. Todas sus propiedades sensibles se han esfumado. Ya tampoco es producto del trabajo del ebanista o del albañil o del hilandero o de cualquier otro trabajo productivo determinado.

Con el carácter útil de los productos del trabajo se desvanece el carácter útil de los trabajos representados en ellos y, por ende, se desvanecen también las diversas formas concretas de esos trabajos; éstos dejan de distinguirse, reduciéndose en su totalidad a trabajo humano indiferenciado, a trabajo abstractamente humano.

Esas cosas tan sólo nos hacen presente que en su producción se empleó fuerza humana de trabajo, se acumuló trabajo humano. En cuanto cristalizaciones de esa sustancia social común a ellas, son valores.

En la relación misma de intercambio entre las mercancías, su valor de cambio se nos puso de manifiesto como algo por entero independiente de sus valores de uso. Si luego se hace efectivamente abstracción del valor de uso que tienen los productos del trabajo, se obtiene su valor, tal como acaba de determinarse. Ese algo común que se manifiesta en la relación de intercambio o en el valor de cambio de las mercancías es, pues, su valor. El desenvolvimiento de la investigación volverá a conducirnos al valor de cambio como modo de expresión o forma de manifestación necesaria del valor, al que por de pronto, sin embargo, se ha de considerar independientemente de esa forma.

Un valor de uso o un bien, por ende, sólo tiene valor porque en él está objetivado o materializado trabajo abstractamente humano. ¿Cómo medir, entonces, la magnitud de su valor? Por la cantidad de «sustancia generadora de valor» —por la cantidad de trabajo— contenida en ese valor de uso. La cantidad de trabajo misma se mide por su duración, y el tiempo de trabajo, a su vez, reconoce su patrón de medida en determinadas fracciones temporales, tales como hora, día, etcétera.

Podría parecer que si el valor de una mercancía se determina por la cantidad de trabajo gastada en su producción, cuanto más perezoso o torpe fuera un hombre tanto más valiosa sería su mercancía, porque aquel necesitaría tanto más tiempo para fabricarla. Sin embargo, el trabajo que genera la sustancia de los valores es trabajo humano indiferenciado, gasto de la misma fuerza humana de trabajo.

El conjunto de la fuerza de trabajo de la sociedad, representado en los valores del mundo de las mercancías, hace las veces aquí de una y la misma fuerza humana de trabajo, por más que se componga de innumerables fuerzas de trabajo individuales. Cada una de esas fuerzas de trabajo individuales es la misma fuerza de trabajo humana que las demás, en cuanto posee el carácter de fuerza de trabajo social media y opera como tal fuerza de trabajo social media, es decir, en cuanto, en la producción de una mercancía, sólo utiliza el tiempo de trabajo promedialmente necesario, o tiempo de trabajo socialmente necesario.

El tiempo de trabajo socialmente necesario es el requerido para producir un valor de uso cualquiera, en las condiciones normales de producción vigentes en una sociedad y con el grado social medio de destreza e intensidad de trabajo. Tras la adopción en Inglaterra del telar de vapor, por ejemplo, bastó más o menos la mitad de trabajo que antes para convertir en tela determinada cantidad de hilo. Para efectuar esa conversión, el tejedor manual inglés necesitaba emplear ahora exactamente el mismo tiempo de trabajo que antes, pero el producto de su hora individual de trabajo representaba únicamente media hora de trabajo social, y su valor disminuyó, por consiguiente, a la mitad del que antes tenía.

Es sólo la cantidad de trabajo socialmente necesario, pues, o el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de un valor de uso, lo que determina su magnitud de valor.

Carlos Marx. El Capital, 1857

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