Pacifismo

Diccionario de marxismo

Ideología que define «la paz» como un objetivo social totalizante por encima de los intereses de las clases que componen la sociedad.

El pacifismo invisibiliza que «la paz», como todas las demás cuestiones en liza en una sociedad de clases, no está al margen ni por encima de los intereses de las clases que la componen. Esto era así incluso cuando el capitalismo aun estaba en su fase de ascenso histórico, cuando era un modo de producción progresista que empujaba el desarrollo humano.

No existe absolutamente ningún terreno social, desde el de las condiciones materiales más primarias hasta las más sutiles condiciones morales, en el que las clases poseedoras y el proletariado consciente opten la misma actitud y aparezcan como un «pueblo» indiferenciado […] En aquellos aspectos en que las aspiraciones formales y los intereses del proletariado y de la burguesía en su conjunto, o de su sector progresista, parecen idénticos o comunes, como, por ejemplo, en las aspiraciones democráticas, la identidad de formas y consignas encubre una ruptura total de contenido y de política práctica.

Rosa Luxemburgo. La cuestión nacional y la autonomía, 1908

La paz es uno de estos casos donde el mismo término encubre objetivos y necesidades antagónicas. Para la burguesía de todo el mundo en la decadencia capitalista, el imperialismo se ha convertido en lo que el agua para el pez, un medio tan universal y omnipresente que es incapaz de pensar una paz que no sea imperialista, es decir que refleje y reproduzca la condiciones del imperialismo. Su propia forma de organización en esta etapa histórica, el capitalismo de estado, nace de la exacerbación de las tendencias, características del imperialismo, hacia la concentración y la centralización en el estado, bajo las condiciones de las guerras mundiales.

Ciego a la diferencia de intereses de clase sobre la guerra y la base material, económica, que las impulsa, el pacifismo nos dice que frente a la amenaza de guerra tenemos que «defender la paz», «comunicar para la paz», «educar para la paz», aprender «resolución no violenta de conflictos», practicar la «no violencia»… Pero las tendencias que nos llevan a la guerra no se originan en una supuesta «violencia congénita» de nuestra especie ni en la mala educación o en dificultades para comunicarnos. Y desde luego no se arreglan poniendo la otra mejilla en nuestras disputas cotidianas ni, mucho menos aun, expresando un disgusto abstracto ante el militarismo y el belicismo de los estados como si fueran meras «malas elecciones» de la clase dominante y no expresión de las necesidades del capital nacional, de todos y cada uno de los capitales nacionales.

La tendencia hacia la guerra está inserta en la propia lógica la decadencia capitalista. Pretender lo contrario, jugar a dar respuestas culturales o éticas a lo que es un problema que no se juega en ese terreno, solo sirve para desviar la atención y culpabilizar a los mismos trabajadores que sufren sus consecuencias más directas. Por eso los mismos políticos y medios de comunicación que preparan la guerra alientan también el pacifismo político. El pacifismo con su enfoque ético, individualista, cultural… es un inhibidor ideológico del peligro, siempre presente para la burguesía, de que la guerra contra el «enemigo exterior» se convierta en guerra de clases interna.

La Historia del siglo XX y el XXI ha demostrado que solo la lucha de clases ha enfrentado de modo efectivo la guerra y solo cuando estaban dirigida por consignas y prácticas que expresaban el derrotismo revolucionario de los trabajadores.

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