Estado

Diccionario de marxismo

El estado es un aparato social que aparece con la división en clases para mantener la sociedad constreñida dentro de las relaciones sociales imperantes evitando que colapse a consecuencia de la lucha de clases. Es por tanto fundamentalmente conservador y se presentará como «neutral», por encima de las clases en conflicto, aunque no pueda sino ser una herramienta de la opresión y la explotación de una clase por otra.

Origen

El estado es el producto directo de la fractura de la sociedad en clases.

Acababa de surgir una sociedad que, en virtud de las condiciones económicas generales de su existencia, había tenido que dividirse en hombres libres y en esclavos, en explotadores ricos y en explotados pobres; una sociedad que no sólo no podía conciliar estos antagonismos, sino que, por el contrario, se veía obligada a llevarlos a sus límites extremos. Una sociedad de este género no podía existir sino en medio de una lucha abierta e incesante de estas clases entre sí o bajo el dominio de un tercer poder que, puesto aparentemente por encima de las clases en lucha, suprimiera sus conflictos abiertos y no permitiera la lucha de clases más que en el terreno económico, bajo la forma llamada legal.

Federico Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, 1884

Pero que se presente y coloque «por encima» del conflicto de clases no quiere decir que no forme parte de él. El estado es un instrumento de la explotación y la opresión de clase.

Como el Estado nació de la necesidad de refrenar los antagonismos de clase, y como, al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de esas clases, es, por regla general, el Estado de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que, con ayuda de él, se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo con ello nuevos medios para la represión y la explotación de la clase oprimida. Así, el Estado antiguo era, ante todo, el Estado de los esclavistas para tener sometidos a los esclavos; el Estado feudal era el órgano de que se valía la nobleza para tener sujetos a los campesinos siervos, y el moderno Estado representativo es el instrumento de que se sirve el capital para explotar el trabajo asalariado.

Federico Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, 1884

El estado no es una herramienta mecánica, ciega, de la clase dominante. Es, ante todo, un protector del orden social cuya principal misión es constreñir la lucha permanente que tensa las costuras de una sociedad desgarrada por la existencia de clases y explotación. Su primer objetivo es mantener esas costuras unidas para asegurar la preservación del orden de explotación y con él su autopreservación. Esto, le da una cierta autonomía incluso frente a la clase dominante, especialmente en aquellos periodos donde la lucha de clases se estanca sin perder virulencia y amenaza con producir lo que el Manifiesto describía como «hundimiento de las clases en conflicto». Por eso, Engels continúa el párrafo anterior señalando que…

Sin embargo, por excepción, hay períodos en que las clases en lucha están tan equilibradas, que el poder del Estado, como mediador aparente, adquiere cierta independencia momentánea respecto a una y otra. En este caso se halla la monarquía absoluta de los siglos XVII y XVIII, que mantenía a nivel la balanza entre la nobleza y la burguesía.

Federico Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, 1884

Los periodos de lucha abierta entre dos clases explotadoras históricas, una decadente y otra ascendente, es una lucha por el estado, por hacerse con su control, no por destruirlo. Ambas clases están interesadas en mantener el conjunto social dominado y cohesionado para la explotación, aunque bajo relaciones sociales y jurídicas diferentes. Destruir el estado sería equivalente a destruir las condiciones bajo las que prevé construir las formas de su propia dominación. Ante las clases explotadoras el estado aparece así como «el poder» mismo y por eso, al menos en los momentos previos y posteriores a las grandes revoluciones, la lucha entre los nuevos y viejos amos es precedida y seguida de una guerra de guerrillas, de un juego de posiciones en el interior del propio estado. El mismo estado aparece entonces, cuando la clase económicamente dominante lo es también políticamente, como terreno de una lucha burocráticamente amortiguada entre la vieja clase que se resiste a abandonar el poder político y la nueva clase que espera o ha ocupado ya su lugar.

El Proletariado y el estado

Para la burguesía como clase durante buena parte de su vida histórica, el estado se presentó como un organismo a cierto punto externo a sí misma precisamente porque era necesario para ejercer su dominación social. Esa apariencia se desvanece cuando el protagonismo de la lucha de clase es tomado por el proletariado, la primera clase no explotadora que aspira a tomar el poder político y que por tanto…

…no puede limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina del Estado tal como está, y a servirse de ella para sus propios fines.

El Poder estatal centralizado, con sus órganos omnipresentes: el ejército permanente, la policía, la burocracia, el clero y la magistratura -órganos creados con arreglo a un plan de división sistemática y jerárquica del trabajo-, procede de los tiempos de la monarquía absoluta y sirvió a la naciente sociedad burguesa como un arma poderosa en sus luchas contra el feudalismo. (…)

Al paso que los progresos de la moderna industria desarrollaban, ensanchaban y profundizaban el antagonismo de clase entre el capital y el trabajo, el Poder estatal fue adquiriendo cada vez más el carácter de poder nacional del capital sobre el trabajo, de fuerza pública organizada para la esclavización social, de máquina del despotismo de clase. Después de cada revolución, que marca un paso adelante en la lucha de clases, se acusa con rasgos cada vez más destacados el carácter puramente represivo del Poder del Estado.

Carlos Marx. La Guerra Civil en Francia, 1871.

Formas y objetivos del estado obrero

Con la entrada del capitalismo en su etapa imperialista primero y su decadencia casi inmediatamente después, las formas de la lucha de los trabajadores se transforman. Aparece la huelga de masas y con ella los consejos obreros o «soviets», organización del conjunto de la clase que, en el curso de la revolución, se convierten en la forma de ese «estado de transición» a través del que la clase trabajadora impone, es decir, ejerce su dictadura, sobre la lógica del capital.

Los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, etc., son incomprendidos no solo en el sentido de que la mayoría no ve con claridad su significación de clase ni su papel en la revolución rusa; son incomprendidos también en el sentido de que representan una nueva forma, o mas exactamente, un nuevo tipo de Estado.

El tipo mas perfecto, mas avanzado de Estado burgués es la república democrática parlamentaria. El poder pertenece al Parlamento; la maquina del Estado, el aparato y los órganos de gobierno son los usuales: ejercito permanente, policía y una burocracia prácticamente inamovible, privilegiada y situada por encima del pueblo.

Pero desde finales del siglo XIX, las épocas revolucionarias hacen surgir un tipo superior de Estado democrático; un Estado que, en ciertos aspectos, deja ya de ser, según la expresión de Engels, un Estado. «no es ya un Estado en el verdadero sentido de la palabra». Nos referimos al Estado del tipo de la Comuna de Paris, que sustituye el ejercito y la policia, separados del pueblo, con el armamento directo e inmediato del pueblo. En esto reside la esencia de la Comuna, calumniada por los escritores burgueses, y a la que, entre otras cosas, atribuían erróneamente la intención de «implantar» en el acto el socialismo.

La revolución rusa comenzó a crear, primero en 1905, y luego en 1917, un Estado precisamente de ese tipo. La República de los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, etc., congregados en la Asamblea Constituyente de los representantes del pueblo de toda Rusia, o en el Consejo de los Soviets, etc.: he ahí lo que esta encarnando ya en la vida de nuestro país, ahora, en este momento, por iniciativa de un pueblo de millones y millones de hombres, que crea la democracia, sin previa autorización, a su manera, sin esperar a que los señores profesores demócratas-constitucionalistas escriban sus proyectos de ley para crear una república parlamentaria burguesa, y sin esperar tampoco a que los pedantes y rutinarios de la «socialdemocracia» pequeñoburguesa, como los señores Plejanov o Kautsky, renuncien a sus tergiversaciones de la teoria marxista del Estado. (…)

La república parlamentaria burguesa dificulta y ahoga la vida política independiente de las masas, su participación directa en la edificación democrática de todo el Estado, de abajo arriba. Los Soviets de diputados obreros y soldados hacen lo contrario.

Los Soviets reproducen el tipo de Estado que iba formando la Comuna de Paris y que Marx califico de «la forma política al fin descubierta para llevar a cabo dentro de ella la emancipation económica del trabajo».

«Las tareas del proletariado en nuestra revolución». Lenin, 1917

Con el «semi-estado» de los Consejos obreros, esa nueva forma de dictadura que no es sino la imposición de la satisfacción de las necesidades humanas genéricas y universales, puede enfrentarse a la ley del valor y comenzar la desmercantilización de la sociedad, es decir, dar los primeros pasos al socialismo desde las primeras fases de su mundialización. Ese es su objetivo esencial.

La revolución será una revolución social en el mismo lugar en el que surja y no simplemente política (toma del poder por el proletariado). Un estado obrero, subrayémoslo, no se puede mantener en ningún caso si no estalla la revolución internacional, por lo que el socialismo no se puede establecer en un solo país. Añadamos a esto que la supresión de las relaciones capitalistas no es de ninguna manera equivalente al socialismo (¡ni al comunismo!!) sino sólo -y en todo ésto damos por hecho que se trata de una destrucción llevada a cabo por la propia clase trabajadora- un paso hacia el socialismo. Pero este paso, afirmamos, debe ser dado lo más rápidamente posible por el ataque inmediato y la supresión del trabajo asalariado incluso antes de que el proletariado tome el poder a nivel casi global. Sin esto, por muy proletario que sea el poder, se convertirá en lo contrario, ya que la devastación de la revolución no es un corte claro e inmediatamente perceptible.

Aun cuando no se produzca más que en un único distrito industrial, una revolución social se sitúa en el punto de vista de la totalidad porque es una protesta del hombre contra la vida deshumanizada, porque parte del punto de vista de cada individuo real, porque el ser colectivo del que el individuo se esfuerza en no permanecer separado es el verdadero ser colectivo del hombre, el ser humano. Por el contrario el espíritu político de una revolución consiste en la tendencia de las clases sin poder político a suprimir su aislamiento respecto del ser del Estado y del poder. Su punto de vista es el del Estado, una totalidad abstracta que tan sólo existe por la separación de la vida real, que sería impensable sin la contradicción organizada entre la idea general y la existencia individual del hombre. De acuerdo con su naturaleza limitada y ambigua, una revolución con espíritu político crea pues una esfera dominante en la sociedad a expensas de la propia sociedad….Toda revolución disuelve la antigua sociedad: en este sentido es social. Toda revolución derroca el antiguo poder: en este sentido es política.

Marx en El rey de Prusia y la reforma social por un prusiano

«Carta a la Tercera Conferencia Internacional de grupos de la «Izquierda Comunista»», FOR, 1980.

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¡Proletarios de todos los países, uníos, suprimid ejércitos, policías, producción de guerra, fronteras, trabajo asalariado!