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De Maximiliano a Macron: Francia y la idea de una América «Latina»

24/08/2019 | Historia

Ayer Macron ofrecía la Amazonía al G7 en una suerte de nueva Conferencia de Berlín. Hoy ya reclamaba la tutoría de los océanos mientras «Le Monde» definía la Amazonia entera como un «bien común universal». El ansia imperialista francesa en América sin embargo, no viene de ayer.

Cuando dicen América Latina quieren decir...

Se suele atribuir el origen de las ambiciones imperialistas francesas en América a Michel Chevalier. Chevalier, un saintsimoniano criticado en la «Ideología Alemana», fue el arquitecto de la conquista de México que impuso a Maximiliano como Emperador títere, «una de las empresas más monstruosas que se haya registrado en los anales de la historia internacional» según escribió Marx en un artículo para el «Daily Tribune». A Chevalier -y su patrocinado Torres Caicedo- debemos el término que resume una ambición: «América Latina». La expresión que, desde Maximiliano a Macron, pasando por el aventurerismo de la independencia araucana y el guevarismo de Regis Debray ha sido la bandera histórica del imperialismo francés en las Américas.

¿Por qué triunfó la expresión «América Latina»?

Las burguesías y clases dirigentes sudamericanas reaccionaron a la expansión estadounidense en México y el Caribe con un encendido «hispanoamericanismo» a la Rodó primero y al modo de Vasconcelos después. Tan virulenta y rápida fue la eclosión de «Hispanoamérica», que arrastró a la caduca monarquía española a celebrar el 12 de octubre como fiesta nacional. Pero difícilmente la España de Alfonso XIII podía significar alguna referencia, siquiera intelectual, para enfrentar al imperialismo de EEUU. Incluso la para el pensamiento reaccionario, Francia resultaba mucho más atractiva: no es casualidad que fuera Francisco García Calderón, amigo de Rodó y huesped de Maurras, el primero en usar el término «América Latina» en el título de una obra publicada en Europa.

Pero el triunfo de la expresión, su enraizamiento, vino por su asociación con el positivismo heredero de los saintsimonianos como Chevalier. Si en Europa el positivismo era la expresión intelectual de una burguesía que ‎ comenzaba a mostrar signos de ser una clase históricamente reaccionaria‎ conforme despuntaba el ‎imperialismo‎, en América el positivismo fue el último abrigo ideológico de unas clases a las que se les acababa el tiempo para alcanzar un desarrollo nacional independiente...

El positivismo, con sus automatismos políticos, su énfasis en la progresión civilizatoria y su melancólica fascinación por una edad de oro perdida en un medievo fantasioso, reflejaba más el miedo de la burguesía francesa al proletariado y la revolución de 1848 que un supuesto movimiento progresista de la burguesía. Así, a través de una extraña y patrocinada conjunción de irredentismo anti-estadounidense, racionalismo vulgar, indigenismo romántico y nacionalismo tardío -expresiones todas de la impotencia de las burguesías sudamericanas de comienzos del XX- abonadas previamente en algunos países como Colombia por la preeminencia de las órdenes francesas en la educación de las élites, el uso de «América Latina» se convirtió en moneda corriente entre la invasión de México y los años 30. En muchos sentidos ha sido el mayor triunfo del imperialismo francés en la región hasta la fecha.