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3 tendencias culturales que se acelerarán en 2023

8/1/2023 | Crítica de la ideología
3 tendencias culturales que se acelerarán en 2023

1. Drogas, degradación de los barrios y moral religiosa

En EEUU un sistema de salud que hace inabordable las operaciones traumatológicas para buena parte de los trabajadores y les condena en caso de accidente a una semivida a base de analgésicos, creo la base para lo que -juegos de capital farmacéutico y grandes consultoras mediante- se convirtió en la mayor epidemia de opioides de la historia del país.

Los intentos de reconducción represiva del desastre, en el que los cárteles de la droga tomaron el papel de complemento primero y después de sustitutos de las farmacéuticas, sólo han servido para mutar la epidemia... a peor, y de paso consolidar a las mafias incluso tecnológicamente. Así que los efectos en barrios y pueblos de mayoría trabajadora siguen y seguirán profundizándose, dejando un paisaje de cadáveres y vidas trituradas a su paso.

Pero los resultados de la droga en la descomposición de los barrios y el tono social general no acaban con este paisaje dantesco. Tampoco en Europa, donde las drogas, en apariencia, no juegan un papel tan dramático en la descomposición de los espacios en los que vive la clase trabajadora.

Lo que estamos viendo en Francia es que, los pequeños traficantes de drogas recreativas de uso relativamente común entre los jóvenes tienden a convertirse en caciques de barrio... e imponer una moral a su medida que retrotrae a las mujeres trabajadoras y su sexualidad a la cosificación y la dependencia.

En el caso francés la moral del hipócrita rigorismo segregacionista difundido por los bien financiados Hermanos Musulmanes, se ajusta como un guante a sus necesidades de control.

Una vez más, el lumpen y la pequeña burguesía, en este caso la islamista, se muestran como dos ramas de la misma planta venenosa conectadas por mil caminos no siempre visibles desde la distancia, pero evidentes en la cercanía. Para las expresiones identitaristas de la pequeña burguesía barrial, como los Hermanos Musulmanes, este tipo de evoluciones supone consolidar su hegemonía y poder represivo en unos espacios que ya no sienten disputados ni en las pintadas.

Pero no nos equivoquemos, no es un hecho limitado a Francia ni a la pequeña burguesía musulmana agrupada en torno al islamismo político en Europa y el Norte de África. Prácticamente el mismo fenómeno lo podemos encontrar, aunque con matices y características propias, alrededor de la eclosión de iglesias evangélicas y cultos neo-cristianos en Iberoamérica.

Y en Europa, por mucho que lo que destaque en las estadísticas oficiales de países como Alemania o Austria sea la pérdida de fieles de católicos y luteranos y la ausencia de fieles en las misas navideñas, la realidad es que las iglesias alternativas siguen creciendo a base de vender falsa pertenencia comunitaria y moral alienante como solución a la precarización extrema y sus efectos.

¿Qué hacer frente a la degradación de nuestros barrios?

  • La degradación de los barrios trabajadores no puede sino empeorar globalmente con la crisis y la economía de guerra. Sin embargo, es la ausencia de respuestas organizativas emprendidas por los propios trabajadores, la que deja el campo libre tanto a la propaganda del sistema como a las distintas combinaciones de lumpen, estructuras politico-religiosas y pequeña burguesía. Armadas con una moral represiva y reaccionaria hacen de las mujeres y los jóvenes sus primeras víctimas.
  • Es el momento de comenzar a organizarnos en los barrios como trabajadores para enfrentar colectivamente los problemas y necesidades insatisfechas más inmediatas.
  • Abre la conversación con amigos y vecinos. El problema no es la forma de organización (asociación, colectivo, etc.) y tampoco «ser suficientes». Lo importante es juntarse. Cuando haya propuestas útiles, se crecerá.
  • Consulta con nosotros tus dudas e ideas para organizarse y actuar. Estamos en la misma situación que tu y tus compañeros en nuestros pueblos y barrios.

2. El feminismo y la Economía de Guerra

«Soldadas» ucranianas ejemplo para el feminismo

El feminismo reverdeció en 2022 su vieja asociación con el militarismo y la guerra imperialista. Y lo hará aún más.

Este año tuvimos ya buenos ejemplos de la vieja y siniestra asociación entre feminismo y militarismo. Desde la exaltación de las «soldadas» ucranianas como feministas en pie de guerra hasta el canto del triunfo social que representarían los uniformes de camuflaje adaptados al cuerpo femenino, pasando por la recuperación simbólica de la mitología esclavista bajo la Artemisa griega.

Pero si jalear la matanza y animar a las mujeres ucranianas a inmolarse por la nación no fuera suficientemente repugnante, en la retaguardia europea el feminismo se ha embarrado hasta la cabeza en lo más antihumano de la economía de guerra.

En Francia la reforma de pensiones utiliza como argumento para bajar las pensiones de todos, que el conjunto de mujeres pensionistas recibe menos del sistema. Que el agregado sea menor que el de los hombres, olvida como en la famosa brecha de género y entre otras muchas cosas, el pequeño detalle de la división en clases, importante en las pensiones de una generación en la que la pequeña burguesía femenina no se había incorporado masivamente a la burocracia empresarial.

Da igual, todo vale. Y el feminismo no va a faltar a su cita con las medidas empobrecedoras de los trabajadores. Con ninguna de ellas. ¿Que el Pacto Verde supone hacer prohibitivos la carne y los lacteos? Ahí estará el feminismo para etiquetarlos como consumos machistas. También en España.

3. La invención de la Generación Z

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Club de jóvenes «neo-luddita», en realidad Thoreauxiano, en EEUU

Con la nueva industria IA en marcha dando destino a masas enormes de capital y las redes sociales abiertamente asociadas a la crisis política estadounidense, el discurso que se abre paso en los medios anglosajones sobre la Generación Z, la que está ahora alrededor de la mayoría de edad, pone el acento en su distancia de los medios digitales.

Nos los presentan como supuestos neo-ludditas que leen las versiones actualizadas del individualismo naturalista de un Thoreaux como si fuera un manifiesto y cambian el smartphone por un teléfono móvil sin capacidad para correr apps. Nos cuentan que compran cámaras digitales de segunda mano para no usar el teléfono del móvil bajo el paradójico argumento de que nos estamos volviendo demasiado tecnológicos. Y que quieren volver a los viejos oficios artesanales para recuperar relación con la materialidad.

Pero mientras estos reportajes señalan en el hartazgo ante las consecuencias de la socialización a través de Facebook, twitter, Instagram o Whatsapp, la prensa económica y los medios conservadores estadounidenses remarcan otro lado de la historia.

Según ellos, los nuevos trabajadores de veintipocos años carecen no solo de conocimientos sobre cómo manejarse con la tecnología digital, que a fin de cuentas, dicen los propios medios, puede aprenderse en Youtube, sino de habilidades laborales básicas como comunicar resultados a los jefes, hablar por teléfono o trabajar en equípo.

Lo que resulta cada vez más claro en cualquier caso es que empieza toda una campaña de propaganda, inevitablemente contradictoria, para definir a la famosa Generación Zeta en torno a prácticas y valores funcionales a una época en la que las inversiones tecnológicas giran desde las redes sociales e Internet a la IA y el Pacto Verde.

En EEUU, como vemos, apuntarán hacia los viejos mitos individualistas burgueses sobre la Naturaleza y la soledad. En Alemania, como en la última portada de Spiegel, puede que hasta se permitan intentar remozar a Marx para hacérnoslo pasar por un ecologista alemán precursor de las nuevas medidas de economía de guerra y de la protección de los vulnerables. En cada lugar tendrá, su aterrizaje concreto. Pero por lo que vemos en todos lugares tendrá un elemento en común: menos socialización virtual y más cantos a la Naturaleza en nombre de un Pacto Verde que parece ser, junto a la guerra, el único faro a medio y largo plazo del capital global.

A contracorriente

  • Las grandes tendencias culturales no son ni el resultado espontáneo de la evolución de la sociedad ni, exclusivamente, el producto de campañas propagandísticas lanzadas desde la industria de la opinión y el estado. Algunas, como las producidas por la degradación de los barrios, ni siquiera aparecen en los medios de comunicación. Son, todas ellas, eso sí, el resultado de un sistema cada vez más antagónico a la vida y el desarrollo humano.
  • Ni unas ni otras nos permiten seguir la corriente en espera de reorientarlas. Si alguien se hizo ilusiones con el feminismo y creyó alguna vez que podría favorecer de alguna manera a las mujeres trabajadoras, ahora debería caérsele la venda: el feminismo ha estado y estará el primero a la hora de llamar a la matanza de cientos de miles de personas y servir de cobertura a las campañas de reclutamiento. Y ya es el primero también a la hora de justificar el ataque a las condiciones laborales, de pensiones y vitales más básicas que vienen de la mano de la Economía de Guerra.
  • Ante el feminismo, las iglesias y mezquitas y sus morales reaccionarias o los discursos generacionales de los medios, sólo podemos ir contracorriente.
  • Pero ir contracorriente no es una actitud estética, significa impulsar la discusión y sobre todo, la organización en nuestros barrios y centros de trabajo. Y empezar cuanto antes a organizarnos para satisfacer las necesidades más inmediatas y directas que emergen con fuerza entre nuestros compañeros y vecinos. Cuenta con nosotros y comparte tus experiencias, dudas e ideas para organizarse y actuar.