Cuándo dejó el 8M de tener un significado de clase

8 de marzo, 2020 · Historia

El 8 de marzo original ni era el «Día de la mujer» ni se celebraba en marzo. ¿Qué conmemora realmente la celebración de hoy y cuándo dejó de ser lo que pretendían sus creadoras?

Primera fase: «Día Internacional de Solidaridad de la Mujer Proletaria»

Cartel del SPD convocando al «día de solidaridad de la mujer proletaria» en 1914

La historia oficial del 8 de marzo nos dice que nació originalmente el 28 de febrero de 1909 como una jornada reivindicativa del Partido Socialista de EEUU. Si bien es cierto que el SPUS convocó en tal fecha, hay que decir que se trataba de una convocatoria estrictamente nacional… y sin impacto alguno. El socialismo en EEUU era el más débil del mundo desarrollado y sus propias batallas internas, que expresaban esa debilidad, evitaron que la nueva jornada de movilización tuviera continuidad en EEUU más allá de 1913.

«París a sangre y fuego», uno de los primeros relatos sobre la Comuna de 1871 publicados en España. Su portada recogía la nueva imagen política de la mujer proletaria que nace en aquellos días.

En realidad, el nacimiento del 8M como jornada de lucha internacional se produce en 1910, cuando Clara Zetkin propone a la segunda conferencia de mujeres de la Internacional un día de movilización anual: el «Día de Solidaridad Internacional de las Mujeres Proletarias». La primera fecha elegida, a propuesta de la propia Clara Zetkin, es el el 19 de marzo, el aniversario de la Comuna de París, un gesto simbólico revelador de hasta que punto la fecha se producía en confrontación con el feminismo de la época. La Comuna había marcado en Europa el horror de las clases burguesas frente a la Revolución obrera y uno de los detalles más destacados por la prensa burguesa de la época era el papel «antinatural» jugado en ella por las mujeres obreras. Al reivindicar la Comuna y a las comuneras, la Internacional subrayaba tanto la unidad de los trabajadores y sus objetivos, fueran hombres o mujeres, como el abismo que les separaba del radicalismo democrático que representan las feministas.

La historia oficial de Naciones Unidas llega al oxímoro con tal de poner un poco de bruma sobre sus objetivos: nos dice que se trataba de «reforzar su lucha por obtener el sufragio femenino universal». Precisamente todo iba de su negativa a aceptar que el sufragio femenino fuera un objetivo en sí mismo. Lo que la Internacional asentaba era que el sufragio universal es… universal y por tanto daba una palanca política al conjunto de la clase trabajadora o no, que no existían ni el «sufragio masculino universal» ni el «sufragio femenino universal». Y que aun menos aceptable era la «unión de las mujeres» por encima de las clases que las feministas propugnaban para impulsar el sufragio censitario, es decir el sufragio para las mujeres de las clases burguesas.

A las mujeres de todo el mundo les llama la trompeta, vengan a luchar con nosotros en nuestra batalla por la libertad… vengan y únanse a nosotros, cualquiera que sea su edad, su clase, su inclinación política… si tienen algún sentimiento de clase, deben dejarlo atrás cuando entren en este movimiento. Porque las mujeres que están en nuestras filas no conocen distinciones de clases.

«Votes for Women», número 1, octubre de 1907

Por eso, en realidad, el «Día de Solidaridad Internacional de las Mujeres Proletarias» forma parte de la batalla entre el ala izquierda de la Internacional y el feminismo:

Se trata de afirmar el carácter socialista y obrero del movimiento por el sufragio realmente universal, es decir, incluyendo la consecución del voto por las mujeres. Es decir, la creación del 8 de marzo fue parte de la lucha de las mujeres de la Izquierda de la II Internacional por los derechos democráticos de todos los trabajadores y contra la idea feminista de la «unión de las mujeres», «contra la que he luchado toda mi vida» como escribiría Rosa Luxemburgo.

«Rosa Luxemburgo contra el feminismo», 12/2/2018

Clara Zetkin se dirige a una manifestación de trabajadores durante la revolución alemana.

Sin embargo, la fecha simbólica del 19 de marzo tenía difícil continuidad. En 1911 había caído en domingo, lo que permitía organizar manifestaciones sin convocar huelga. Pero evidentemente no iba a ser así todos los años. Al año siguiente se celebró el 3 de marzo y el siguiente el 2. Y por el mismo motivo se eligió el 8 de marzo en 1914. Ese año la sectorial de mujeres del partido ruso se unió por primera vez, convocando el último domingo de febrero, es decir, el día 23 de febrero según el calendario ruso vigente entonces, fecha que equivalía al 8 de marzo en el resto de Europa.

Al estallar la guerra en agosto de ese año, la dirección de todos los grandes partidos de la Internacional traiciona, apoya el reclutamiento e incluso los créditos de guerra. Los internacionalistas quedan en exigua minoría, perseguidos y encarcelados por los gobiernos y separados de las estructuras de la Internacional por las direcciones de los partidos. Solo una estructura del partido alemán, la sectorial de mujeres, organizada por Zetkin, queda bajo dirección internacionalista, organiza las primeras reuniones en Alemania y el primer encuentro bajo posiciones internacionalistas en mitad de la guerra.

Manifestación del día de la mujer proletaria el 8 de marzo/ 28 de febrero de 1917 en Petrogrado que dio comienzo a la Revolución rusa.

Mientras, en Rusia, el calendario de actividades de la Internacional ha quedado sepultado bajo la presión del estado y la movilización de guerra. La lucha de clases se recupera desde 1915. A principios de 1917 es ya una marea emergente. Las mujeres del partido socialdemócrata -mencheviques y bolcheviques- deciden «retomar» donde lo dejaron con una convocatoria de huelga y manifestación el 23 de febrero de su calendario. La manifestación se convierte en el detonante final de la caída del zarismo. Ha comenzado la revolución «de febrero»… el 8 de marzo.

«¡Ahora yo también soy libre!» poster de 1921.

A partir de ahí, el peculiar carácter de revolución permanente de la Revolución rusa en su conjunto llevó a que en el calendario de celebraciones el acento estuviera obviamente en la toma del poder por los soviets, es decir en Octubre según el viejo calendario, en noviembre según el nuevo. El 8 de marzo se dedico cada vez más a destacar el papel de las mujeres obreras en la revolución dejando en segundo plano la celebración de la revolución de febrero, su fase democrático-burguesa.

Segunda fase: La contrarrevolución y el «Día de la mujer trabajadora»

La contrarrevolución stalinista tuvo una profundidad proporcional a la importancia histórica de la primera oleada revolucionaria mundial. Por su naturaleza de «contrarrevolución interna», mantuvo la cáscara de las celebraciones, los calendarios y las banderas, momificándolas primero e invirtiendo sistemáticamente todos los significados después en medio de una represión brutal y masiva de la generación revolucionaria que se hizo global. En la vida cotidiana esto significó un cambio de valores radical: desde la exaltación de la desigualdad a la vuelta de los símbolos religiosos pasando, como no podía ser menos, por la reafirmación de los viejos roles de género en la exaltación del estado.

La contrarrevolución stalinista recuperó y exacerbó los viejos roles de género como parte de la restauración del orden.

El «Día de la mujer trabajadora», celebrado rutinariamente ya todos los 8 de marzo, se convierte así en un ariete de la moral de la burguesía de estado en el interior sin renunciar, a partir de los años cincuenta, a ser parte de la propaganda de bloque frente al exterior. Encuentros internacionales de mujeres burócratas, giras de mujeres astronautas y celebraciones coreografiadas de corte folklórico-militarista, servirán para vender la «solución de la cuestión femenina» en Rusia.

Tercera fase: «Día Internacional de la Mujer»

Marcha del día de la Mujer. EEUU, 1975

En la guerra de propaganda entre ambos bloques, a finales de los sesenta el bloque ruso está ya tan rezagado como empieza a estarlo en la carrera armamentística. EEUU ha hecho de los «derechos humanos» -que viola con tanta frecuencia como sus aliados- su principal ariete ideológico de bloque. En sus universidades ha surgido la «segunda oleada» feminista, un movimiento que como describe con entusiasmo la Enciclopedia Británica, se apoya en…

las frustraciones de las madres con educación universitaria [pequeña burguesía acomodada] cuyo descontento impulsó a sus hijas en una nueva dirección. Si las feministas de la primera ola [sufragistas] se inspiraron en el movimiento abolicionista, sus bisnietas fueron las que llevaron al feminismo el movimiento de derechos civiles [derechos humanos], la discusión concomitante de principios como la igualdad y la justicia, y el fermento revolucionario causado por las protestas contra la guerra de Vietnam.

EEUU descubría así en el feminismo un discurso «revolucionario» nacido de la pequeña burguesía, arraigado en la juventud universitaria y perfectamente encajable en el marco de los «derechos humanos». Un movimiento de estética renovada, sesentayochista, que hacia obvio lo rancio del stalinismo en un marco perfectamente banal. Y para dejarlo claro, con una «oferta que no puede rechazar», impulsa a la ONU a celebrar el primer «Año Internacional de la Mujer» en 1975, haciendo del 8 de marzo de aquel año el primer «día internacional de la mujer». Los estadounidenses no tenían ningún problema en competir en el mismo terreno que los rusos ¿Alguien recordaba qué pasó el 8 de marzo? Los rusos habían sido los primeros en difuminar la memoria y reescribir la historia. El éxito en ambos bloques es tal que a partir de 1977 se decide celebrar anualmente.

Como tantas otras cosas heredadas del movimiento revolucionario de la segunda y la tercera internacionales, si el 8M sigue existiendo hoy es porque los estados lo hicieron suyo y si lo hicieron suyo porque se supieron asegurar de que toda traza de lucha de clases quedara, a lo más, como adorno inofensivo. No es casualidad que el «revivir» de las manifestaciones del 8M coincida con la exaltación del feminismo a ideología de estado en cada vez más países. No están haciendo «revivir» el 8M, están enterrando cada vez más profundamente su significado original.

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