¿Crisis de la religión?

4 de abril, 2021

¿Crisis de la religión?
¿Crisis de la religión o cambio en la religiosidad de la pequeña burguesía?

La crisis de la religión en Europa se hace evidente a pesar del agresivo proselitismo de las iglesias protestantes en los barrios. Las encuestas sobre creencias muestran una tendencia consistente a largo plazo que ni siquiera la angustia de este año de pandemia y precarización parece cambiar. Sin embargo, la atomización y la soledad de la que siempre se alimentaron sigue más al alza que nunca, así que toca preguntarse si de verdad estamos ante una crisis de la religión o solo ante la crisis de sus formas más atávicas, sustituidas por algo quizá aun peor.

En este artículo

La crisis de la religión avanza desde Alemania a España

La crisis de la religión en España
La crisis de la religión en España

En el Sur de Europa los medios suelen apuntar a la crisis del catolicismo como resultado de sus políticas sexuales y de los escándalos de pederastia y abusos, contraponiendo la alternativa de las iglesias, supuestamente más avanzadas de los países protestantes de Europa. Pero en realidad, la tendencia no solo es general sino que parece mostrar una mayor capacidad de resistencia entre los seguidores del Vaticano. Los datos parecen hablar más de una crisis de la religión en general que de la crisis de una iglesia o culto en particular.

Alemania es un buen ejemplo. En 1980 la religión mayoritaria era el luteranismo . Un 85,7% de los alemanes occidentales pertenecía a alguna Iglesia cristiana. No era meramente declarativo: en Alemania y Austria el estado recauda en el impuesto sobre la renta un porcentaje para los cultos en función de la renta individual. Declararse miembro de una religión ante el estado significa hacer un sacrificio de ingresos.

En 1991, tras la reunificación, el porcentaje había caído al 71%. Y en 2019, inmediatamente antes de la pandemia, el número de cristianos registrados había bajado ya hasta el 52%. Es decir, quedaban menos de 46 millones de cristianos en Alemania. Y ya eran mayoría los católicos: 22,6 millones frente a 20,7 millones de protestantes y poco más de 2 millones de ortodoxos.

En España la crisis de la religión es un hecho bien documentado. En la última macro encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, el famoso barómetro , el porcentaje de ateos (14,1%) estaba más cerca que nunca del de católicos activos (18,4%). Y el grupo de los incrédulos (ateos, agnósticos, indiferentes) estuvo un año más cerca del de los creyentes, activos o no, en alguna forma de divinidad.

Y en Francia la crisis de la religión se expresa con cifras que tampoco son muy distintas: la creencia en la existencia de dioses tiende a decrecer desde hace 30 años empujada, sobre todo, por los jóvenes.

Y sin embargo la atomización, la pobreza y la angustia de la que se alimentan las iglesias crecen

banco de alimentos orcasitas madrid
Cola en la puerta del banco de alimentos de Orcasitas (Madrid).

La causa de la creencia religiosa no es la ignorancia, como afirma el ateísmo más crudo y limitado. Las razones de las creencia en seres sobrenaturales y la adhesión a estructuras de culto son sociales. Es el vacío esencial, la alienación producida por una sociedad rota, lo que anima a las personas a buscar sentido fuera de sus propias vidas, fuera de la vida (social) verdaderamente existente y a refugiarse en historias y ceremonias supersticiosas.

Las iglesias venden alternativas degradadas de lo que el sistema niega y destruye: sentido de comunidad y el trabajo, esperanza, sensación de ser útiles… y sobre todo, futuro. Por supuesto, el futuro que venden es un futuro ilusorio… pero no hubieran sobrevivido al capitalismo si no organizaran en tiempo presente formas de apoyo mutuo, pertenencia y socialización que transmitieran esperanza y sensación de aporte. Si las iglesias protestantes y evangélicas han crecido en los barrios es porque están llenando con formas degradadas y esperanzas ilusorias lo que la organización independiente de la clase trabajadora articuló en el pasado.

Dado que no estamos viendo una reaparición, que sería histórica, de las expresiones organizativas de los trabajadores en los barrios, la pregunta evidente para explicar la crisis de la religión es si se han modificado otros condicionantes sociales. Pero los números de la pobreza y la atomización, como era de esperar, si evolucionan es a peor.

De hecho, precarización, pobreza y atomización se alimentan mutuamente en una espiral que no parece vaya a tener fin pronto. En la supuestamente próspera Alemania pre-pandémica, el 15,9% de la población era pobre, pero si enfocábamos en las personas que vivían solas el porcentaje subía hasta el 26,7%. Las cifras más altas desde 1991.

En 2019 siete millones de personas vivían solas en Francia, aisladas del entorno social, tres millones más que en 2010. Es decir, la atomización extrema había pasado de afectar al 9% de los residentes a marcar la vida del 14% de la población en solo nueve años. Muchos de ellos eran personas mayores que poco después sufrirían una matanza ignominiosa por el Covid. Pero otros muchos eran jóvenes trabajadores precarizados y estudiantes trabajadores a los que vemos ahora hacer colas en bancos de alimentos y comedores sociales.

No hay expectativas de que el sistema lleve a nada mejor. En España las cifras oficiales esperan que el 28,9% de las personas vivan solas, la mayoría socialmente aisladas, en 2035. Las únicas regiones en las que no se espera que crezca el número de hogares no es porque den mejores cifras sino porque en ellas el efecto de la despoblación supera al de la atomización.

¿Y si la crisis de la religión no es tal?

Manifestación negacionista en Madrid. Quién diría que hay una «crisis de la religión»
Manifestación negacionista en Madrid. Quién diría que hay una «crisis de la religión»

La definición de religión de uso común hoy es un producto de la ideología de la burguesía durante los dos siglos finales de su ascenso al poder. La idea de religión se separa de la idea de cosmovisión que había tenido hasta entonces. La utilidad política para la burguesía era obvia: los artefactos de poder feudales que le eran contrarios eran religión, esa cosa del pasado. A su ideología se enfrentaba la ciencia, el conocimiento. A las arbitrarias verdades sagradas reveladas, se oponían las nuevas verdades científicas burguesas. La ideología y la religión de la burguesía se hacían así invisibles.

La verdad es que las cosas no fueron tan fáciles a la entonces clase revolucionaria como se prometía. Pronto, ante la necesidad de encuadrar a sociedades todavía en transición hacia el capitalismo, descubrió que le era más interesante aburguesar a los viejos mamotretos de los cultos feudales que destruirlos. El resultado ha sido que la religión en el capitalismo ha sido a la hora de la verdad la superposición de al menos tres capas: los cultos heredados del pasado con sus viejas burocracias sacerdotales, la religio cívica nacionalista y la religión de la mercancía.

Es desde esta mirada más amplia sobre lo que es y significa la religión hoy, desde donde podemos entender como es que se produce una crisis de la religión sin que el sistema enfrente, por el momento, una crisis revolucionaria.

La crisis de la religión de la pequeña burguesía

Portada ayer del diario «La Información». La moral antihumana de la pequeña burguesía queda clara en la forma en que expresan la queja por sus malos resultados económicos («estamos agonizando») que atribuyen a los confinamientos, cuando cientos de personas agonizan de verdad cada día.
Portada ayer del diario «La Información». La moral antihumana de la pequeña burguesía queda clara en la forma en que expresan la queja por sus malos resultados económicos («estamos agonizando») que atribuyen a los confinamientos, cuando cientos de personas agonizan de verdad cada día.

La crisis sanitaria, económica y social actual es parte de la crisis económica más grave del capitalismo hasta ahora. El desastre que presenciamos desde hace un año es en realidad un reagravamiento de la crisis de 2009 y se da en el marco de la crisis de la civilización capitalista que sufrimos desde hace un siglo.

Pero, todavía, no es una crisis revolucionaria. La única clase que podría plantear una alternativa histórica solo ha enseñado los dientes seria, pero puntualmente hasta ahora. En 2018 y 2019 hemos visto incluso huelgas de masas y en 2020 un desarrollo mundial de las luchas y la combatividad e incluso movilizaciones que han parado puntualmente la tendencia hacia la guerra. Pero estamos todavía lejos de la afirmación de los trabajadores y su proyecto histórico. Hay mucho trabajo por hacer.

En ese marco es en el que hay que poner la supuesta crisis de la religión actual.

Pero cuando lo hacemos lo que descubrimos es que la fatiga y el hastío ante un sistema convertido en una trituradora masiva de vidas no solo se manifiesta con ristras de cadáveres, sino con la demanda crecienciente de una nueva moral que anticipe una alternativa.

Pero no estando planteada en lo inmediato y evidente la alternativa histórica merced a luchas masivas, sino invisibilizada como nunca antes la clase e incluso la Humanidad, la pequeña burguesía ha campado a sus anchas para vender todo tipo de delirios salvíficos: desde el veganismo a las teorías de la conspiración pasando por la ciencia del bienestar.

¿Y la crisis de la religión? Podemos parafrasear a G.K. Chesterton sin temor: cuando la pequeña burguesía deja de creer en dios pasa rapidamente a creer en cualquier cosa. Pero eso no hace que esa cualquier cosa, sea menos religión que la de los mitrados, los imames y los predicadores.

Por ejemplo, el negacionismo fabrica ya incluso mártires y asesinos en la misma lógica que el jihadismo, su antecesor en un segmento particular de la pequeña burguesía. De hecho, más que una crisis de la religión parece que vivamos un revivir de la religiosiosidad milenarista pequeñoburguesa.

Y es que en las manifestaciones negacionistas de Madrid se respira una cierta forma de devoción y una sensación de haber descubierto verdades ocultas a la mayoría propia de un despertar místico. Y si nos vamos a Alemania, donde el movimiento Querdenken moviliza juntos antivacunas, ecologistas profundos, anarquistas y neonazis encontraremos mucho de esa parresia, de ese hablar en verdad con el que el cristianismo más extático ha presumido siempre de su capacidad para unir opuestos en una verdad nueva.

Que nadie se extrañe si vemos dar bandazos a las expresiones políticas de la pequeña burguesía entre la puesta en valor de cofradías y procesiones, la conspiranoia, el culto apocalíptico, las penitencias alimentarias, el animalismo, el discurso anticientífico o la moral burguesa vestidita de ciencia social. Imaginación no les falta. Pero como en todo proceso de invención religiosa no pueden llegar a otro lado que a una moral antihumana, la que alimenta el sistema del que dependen y que les define como clase.

Una alternativa de clase aquí y ahora a la crisis de la religión

Desde el punto de vista de clase, la colonización sectaria de los barrios, la extensión de los discursos conspiranoicos anticientíficos y la aceptación de interesados milenarismos ecológicos no son parte de esa supuesta crisis de la religión, sino expresiones del delirio para-religioso de la pequeña burguesía.

No tenemos otra alternativa que nuestra propia lucha, la única capaz de volver a poner el mundo sobre sus pies y reunificar a una sociedad escindida y agotada por un sistema cada vez más peligroso y destructivo. Pero eso no es solo una perspectiva. Es un horizonte que actúa también en el presente cuando se lucha por él. ¿Una alternativa aquí y ahora a la crisis de la religión? Moral comunista.

Y mientras la lucha de clase brota y se afirma, para el individuo solo hay una forma de ser humano, ligarse a ella… desde el futuro. Aun contra toda evidencia y sentido común. ¿Qué otras evidencias pueden haber hoy más que las del propio sistema pretendiendo eternidad y culpabilizándonos de sus desastres? ¿Qué otro sentido puede ser común que el sentido de la santidad de la propiedad, la inevitabilidad de la miseria y la necesidad de la acumulación? ¡Vaya descubrimiento!

Dejada a un lado cualquier otra posibilidad, el sistema existente es el único posible. Orillada cualquier necesidad humana que lo contradiga, la acumulación de capital y el beneficio son las medidas del progreso. Rechazada la humanidad y negadas sus necesidades, el comunismo es irracional. Todo eso solo significa que el capitalismo solo cobra sentido, solo puede justificarse, cuando se reduce a sí mismo al absurdo de ser el fin de la historia negando la existencia misma de cualquier futuro que no sea un presente prolongado o un apocalipsis.

El volumen con el que la ideología capitalista machaca su mensaje en mil formas y maneras es necesariamente proporcional a lo absurdo, antihistórico y antihumano de su significado. El ruido, la fuerza de la corriente que puede crear el poder concentrado en el estado de la burguesía y sus herramientas de crear opinión, resulta abrumador.

Y sin embargo, no somos los comunistas, sino el capitalismo el que va contracorriente de la necesidad histórica. El futuro, el único realmente posible y el único digno de ese nombre es incompatible con él. Por eso, afirmar la perspectiva del comunismo, la posibilidad material y la necesidad de la abundancia en presente, nos da una capacidad de resistencia que ninguna religión puede otorgar y nos mantendrá en la única perspectiva desde donde es posible generar sentido a la vida de la especie y de los individuos, abrazando la única manera realmente humana de vivir.

¿Qué es la moral comunista?

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