Crisis con Marruecos: ¿Momento Perejil de Sánchez?

19 de mayo, 2021

Sánchez llega ayer al helipuerto de Ceuta en el momento de mayor tensión de la crisis con Marruecos.
Sánchez llega ayer al helipuerto de Ceuta en el momento de mayor tensión de la crisis con Marruecos.

Después de casi 36 horas de crisis con Marruecos y tras una movilización general del estado todo vuelve aparentemente a la normalidad... pero solo después de que la Audiencia Nacional reabriera una causa por genocidio contra el líder del Polisario refugiado clandestinamente por España, que quedara claro que el apoyo europeo no pasaría de lo declarativo y que EEUU apoyaba a Marruecos y se desentendía de Sánchez. Un triunfo en toda regla del simulacro marroquí que bastó para hacer emerger una crisis de estado y evidenciar la soledad internacional del capital español. Ahora buena parte de los intereses españoles exigen un «momento Perejil» a Sánchez, un cambio de rumbo en el imperialismo español.

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La rendición sin paliativos lleva de cabeza de la crisis con Marruecos a una crisis gasística con Argelia

Brahim Galli, presidente vitalicio de la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática, solo reconocida por Argelia. Su refugio en España ha sido el detonante de la crisis con Marruecos
Brahim Galli, presidente vitalicio de la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática, solo reconocida por Argelia. Su refugio en España ha sido el detonante de la crisis con Marruecos

Ayer noche saltaba la noticia: la Audiencia Nacional reabre una causa por genocidio contra el líder del Polisario refugiado clandestinamente por España. Era la primera reivindicación de Rabat. Y tan pronto se ha visto cumplida las fronteras de Ceuta han vuelto a la normalidad. El gobierno Sánchez ha debido pensar que una rendición a tiempo es una victoria táctica que puede cortar en seco la crisis con Marruecos. Pero se equivoca.

Si haber dado cobijo y atención médica en secreto al dictador vitalicio de la fantasmal República Árabe Saharaui Democrática enfureció a Marruecos al punto de que el Majzen se planteara la posibilidad de expulsar al capital español del país, traicionarlo y pasar del refugio al juicio por genocidio abre inevitablemente una etapa de conflicto con su patrón imperialista: Argelia. De la crisis con Marruecos se pasará a la crisis con Argelia.

Y no en cualquier momento. Si el estado con Sánchez a la cabeza se involucró hasta las trancas en la negociación del acuerdo gasístico con Sonatrach, la empresa estatal argelina, aceptando incluso un giro en su posición hacia Marruecos y el Sáhara, fue porque consideran el acceso al gas una apuesta estratégica para el capital español en el marco del Pacto Verde. Josu Jon Imaz, Consejero Delegado de Repsol, ha sido muy explícito:

Me gustaría que igual que Francia ha fijado unos objetivos muy claros apostando por la energía nuclear o que Alemania ha puesto en marcha sus acuerdos para contar con un gasoducto conectado con Rusia en España marcáramos nuestros objetivos. En este sentido, es importante recalcar que el norte de África es productor de gas. Necesita estabilidad social. España tiene una oportunidad con nuestras plantas de regasificación. Podemos ayudar a todo el continente europeo.

Josu Jon Imaz en Wake Up Spain

Esa apuesta estratégica significa apostar por la conexión gasística con Francia para convertir a Argelia en alternativa al monopolio del conflictivo gas ruso (y en el futuro del hidrógeno verde). Alternativa que requeriría la mediación necesaria de unas cuantas grandes empresas españolas: Enagás y dos empresas del grupo Criteria Caixa, la propia Repsol y Naturgy, ahora opada desde Australia y con la Caixa redoblando su apuesta e inversión en la que Sonatrach, para rematar, conserva un 5%.

Apostar con una mano miles de millones y un buen pedazo de los fondos de recuperación a empresas ligadas al gas argelino y con la otra juzgar por genocidio a la cabeza del principal proxy argelino en su guerra de baja intensidad contra Marruecos después de haberle dado cobijo, no parece el camino para mantener los negocios en velocidad de crucero con Argel. Así que ese sector del capitalismo español está más que dispuesto a aceptar el precio de alguna crisis con Marruecos más.

Por eso el editorial de El País, periódico participado por Criteria, no teme hoy en su editorial sobre la crisis con Marruecos exigir mano dura de la UE y España ante el Majzen mientras ignora conscientemente el proceso legal contra el hasta ahora refugiado saharaui:

España y la UE harán bien en dejar claro por los canales pertinentes que episodios de esta clase no avanzarán ni un milímetro los intereses marroquíes, ni en la cuestión saharaui ni en la de las ayudas económicas.

Crisis con Marruecos y ostracismo de EEUU

isla perejil
El ejército español toma la Isla Perejil en 2002 y desaloja a un grupo de gendarmes marroquíes que habían izado la bandera del Majzen en el momento álgido de la crisis con Marruecos de 2002

El encausamiento de Galli por la Audiencia Nacional no cierra ni mucho menos la crisis con Marruecos. La prensa española apuntaba hoy como supuesta esperanza que lo más probable es que acabe empalmando con otra más amplia entre Marruecos y la Unión Europea, que podría estallar a finales de junio o principios de julio. De hecho ayer la prensa marroquí, mientras callaba sobre Ceuta, alimentaba la próxima batalla con Alemania.

Esa esperanza de que sea Marruecos quien involucre en la crisis a Alemania y la UE como un todo es en sí significativa de la soledad del capital español en su frontera sur. Ayer Sánchez tuvo su «momento Perejil». A diferencia de Aznar en 2001, Bruselas no se lavó las manos, pero le quedó claro que no podía esperar más que declaraciones, que no iba a tener apoyo para ejercer medidas de presión colectiva frente a Marruecos.

En 2001 el shock de otra crisis con Marruecos llevó a Aznar a impulsar un cambio de eje imperialista que separó al capital español de Francia y Alemania para abrazar a los EEUU de Bush. Aquelló culminó con la cumbre de las Azores y la participación española en la guerra de Irak.

Esta vez la cosa pintó aun peor para las ilusiones del gobierno español. Ayer, en lo más álgido de la crisis con Marruecos, el presidente Biden ignoró los problemas fronterizos y lanzó un mensaje de apoyo a Marruecos... mientras sigue negando una simple conversación teléfonica al gobierno más bidenista de la historia y su Presidente. El ninguneo es humillante. Tanto, que el aparato de Exteriores marroquí se jactó ayer de amenazar a España tras recibir el respaldo de la Administración estadounidense, publicaba en su editorial el ABC.

Sánchez, que ve caer encima de las exportaciones españolas la losa de nuevos aranceles bidenianos, ya había anunciado el lunes que tras su visita a Buenos Aires iría a Costa Rica a reunirse con los presidentes centroamericanos. Promete inversiones y ayudas que frenen las migraciones que azoran a EEUU... y le sirvan para establecer un terreno de colaboración frente a Biden. Está por ver si persevera o su momento Perejil le lleva a un giro de la profundidad y consecuencias del aznarita. O incluso si los centroamericanos no entienden que Sánchez se ha convertido en polémico para Biden tras esta crisis con Marruecos y deciden rebajar el grado de relaciones.

La crisis con Marruecos evidencia «Crisis de estado»

La marcha verde, como prácticamente todas las crisis con Marruecos, aceleró en su día la crisis de estado que vivían en 1975 las clases dirigentes españolas
La marcha verde, como prácticamente todas las crisis con Marruecos, aceleró en su día la crisis de estado que vivían en 1975 las clases dirigentes españolas

Sin exagerar por una vez en lo más mínimo, haciéndose ventrílocuo del llamado estado profundo, el editorial del ABC explicaba la crisis con Marruecos como resultado de una Crisis de Estado. Constataba no solo la impotente petición de auxilio de Moncloa a la UE y la humillación a cuenta de Biden, también el fracaso de los servicios de inteligencia españoles, las carencias del aparato diplomático y la indolencia del ministerio de Laya y del propio Presidente. Remachaba asegurando que no hay ningún plan estratégico, solo improvisación y negligencia.

Pero se quedaba corto. La orientación y los avatares de la política imperialista de un capital nacional y su estado no solo expresan sus contradicciones, también les dan forma internamente y, en las derrotas, las amplifican. España no ha sido una excepción en su larga serie de crisis con Marruecos, desde la guerra colonial de Prim hasta la Marcha Verde y la ocupación de la isla Perejil.

De momento, en Lledoners, Waterloo y Sant Jordi deben estar preguntándose como es posible que en cuestión de horas la Audiencia Nacional encontrara una vuelta legal que permitiera juzgar a un refugiado traído y protegido por los servicios de inteligencia y el Gobierno, pero que en cuatro años haya sido imposible a tres gobiernos encontrar una salida legal a sus aspiraciones primero y al encarcelamiento de sus líderes después.

En la otra punta de la revuelta de la pequeña burguesía española, la idea de una nueva humillación que desde Ceuta se expandía ayer por toda la cuartelería española, amplificada hoy por los delirios belicistas de la extrema derecha y el stalinismo, nos llevan a pensar que no serían de extrañar próximos pronunciamientos militares al estilo de los que están teniendo lugar en Francia. Y por la izquierda, donde existe una ligazón histórica desde los 60 con el Polisario/Argelia, tampoco sería de extrañar un resurgir de la financiación de todo tipo de movimientos políticos, recuperando así Argel una vieja práctica a la que nunca renunció completamente.

Son solo destellos de entre los posibles resultados más irritantes para la burguesía española, pero todavía es pronto para adelantar hasta que punto la resonancia del golpe sufrido desde Marruecos y avalado por EEUU repercutirá en las estructuras del poder español y en la crisis de estado latente bajo la crisis nunca cerrada del todo de su aparato político. Pero lo que es seguro es que los fracasos del imperialismo español tienen muchas probabilidades de venir en cadena.

En cada uno de ellos, nos llamarán ineludiblemente a la unidad. Es decir, a cerrar filas con los intereses imperialistas del capital español -que pasan por nuestra propia precarización y empobrecimiento- frente a sus rivales. Sea en nombre de la seguridad de los ceutíes, de la liberación del pueblo saharaui o de la democracia en Iberoamérica, el objetivo es siempre el mismo. Y la única respuesta internacionalista también: el enemigo está siempre en el propio país.