«Corporate Memphis»: ¿Por qué todas las webs parecen iguales?

18 de agosto, 2021

Ilustración creada para este artículo con un servicio online usando la variante del «Corporate Memphis» que hizo famosa la revista estadounidense «Jacobin»
Ilustración creada para este artículo con un servicio online usando la variante del «Corporate Memphis» que hizo famosa la revista estadounidense «Jacobin»

Todos hemos visto decenas de revistas, cuentos, webs y aplicaciones comerciales con una estética similar a la de la ilustración que decora este artículo. A ese estilo se le conoce como «Alegria» o «Corporate Memphis». Es un producto de la precarización y la devaluación del trabajo y tiene decenas de variantes y versiones, todas igualmente exánimes y repetitivas. Pero no todo lo que la homogeneización de la representación gráfica tiene para contarnos son malas noticias vestidas de falso optimismo corporativo.

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¿De dónde viene el «Corporate Memphis»?

Páginas de algunas startups estadounidenses famosas que usan «Corporate Memphis»
Páginas de algunas startups estadounidenses famosas que usan «Corporate Memphis». Fuente: Mitchel Wakefield

Podemos trazar el «Corporate Memphis» hasta finales de los noventa. Aparecen entonces ilustraciones muy parecidas a las actuales en Getty, uno de los primeros bancos de fotos en establecer un negocio minorista online. Pero el uso de ilustraciones ya hechas en webs corporativas y servicios online es marginal durante años, especialmente entre las grandes páginas comerciales.

En realidad «Corporate Memphis» estalla con el boom de las apps y los servicios web con el que el mundo start up responde a partir de 2014 a la crisis abierta en 2008. Aunque en inglés Start up solo describa una empresa de nueva creación, este entorno tiene unas reglas muy específicas. Es en realidad la expresión más clara de la supeditación de la producción a la especulación y el capital ficticio.

Los llamados «emprendedores» crean servicios online con un capital semilla relativamente escaso y que normalmente permite poner en marcha una fachada de negocio online y sostenerlo durante un año o año y medio. Con ese mínimo recorrido los propietarios pueden ya elaborar y vender expectativas recurriendo a sucesivas «rondas de financiación» de «capital riesgo» que, en los escasos «casos de éxito», acabarán con una salida a bolsa («IPO»).

Todo en estas empresas es temporal y precario. Si no responden a las expectativas del capital especulativo invertido en ellas cierran, no pueden quedarse como pequeño negocio porque a los inversores no les compensa tener el dinero inmovilizado con la rentabilidad de un negocio «normal».

Sus expectativas no son comerciales. En general no importa mucho lo que una start up obtenga en ventas y si lo hace es porque sirve para argumentar que tendrá mayores facturaciones mañana, que existe un mercado de nicho sobre el que establecerá un monopolio. Por eso la mayoría ganan usuarios a pérdida durante un periodo indefinido y otras muchas tienen una estructura de costes deficitaria, es decir, cuanto más venden más pierden. Da igual, el negocio no está en los márgenes sino en la especulación

En empresas como estas, que celebran sus pérdidas y en las que todo va a cuenta de financiación, la precarización y todas sus lacras reinan. El software se hace a trozos, con un core desarrollado con «frame works» y lenguajes vistosos pero que difícilmente serán escalables luego sin inversiones desproporcionadas en infraestructura. Da igual... es lo que se pretende, encontrar aplicación al mayor capital posible. Los pedazos de código más corrientes se saquearán de los repositorios de software libre y muchas pequeñas cosas específicas se contratarán online en uno de los muchos «Uber para desarrolladores» disponibles.

«Corporate Memphis» es la expresión gráfica de ese mundo. A los directivos de estas empresas no les importa tener una estética idéntica a la de una docena de empresas que vienen del circuito especulativo startup. Al revés, la asociación con los famosos puede ser incluso valorada positivamente. Tampoco se trata de crear una imagen memorable. ¿Para qué si lo normal es tener tres «rondas de financiación» en los primeros dos años y cada una de ellas puede acabar con un cierre y la búsqueda de la siguiente apuesta? Y sobre todo: se trata de pagar poco. El ilustrador no tiene contrato siquiera, es un proveedor al que se encontrará en un «Uber de diseñadores» a precios de derribo.

De «Alegria» al «Corporate Memphis» automatizado

«Work in progress» ilustración personalizable bajo licencia libre de Katerina Limpitsouni, descargable en Un-draw.
«Work in progress» ilustración personalizable bajo licencia libre de Katerina Limpitsouni, descargable en Un-draw.

Para defenderse de un mercado que les ultraprecarizaba, muchos de estos ilustradores comenzaron a estilizar y estandarizar su propio trabajo de modo que con pocos cambios pudieran presentarlo a muchos clientes... y compartirlo entre sí. En 2017 una ilustradora de Salónica (Grecia), ligada al mundo del software libre, Katerina Limpitsouni creará el primer repositorio sistemático, gratuito y bajo licencias libres de ilustraciones vectoriales genéricas: Un-draw.

Pero el mundo corporativo no deja un hueco sin explotar. La startup de éxito por excelencia, Facebook, se dará cuenta de las posibilidades que un sistema de ese tipo le ofrece para poder hacer encargos al mejor postor obteniendo exactamente lo mismo. Y ese mismo año presenta Alegria, un estilo totalmente codificado y estandarizado que le permite independizarse definitivamente de la originalidad de cualquier ilustrador, asalariado o precarizado. «Corporate Memphis» se convierte en un juego universal de iconos.

Pero aun quedaba un paso por dar en la automatización del mundo de las ilustraciones. Menos de un año después, en EEUU, un diseñador, Pablo Stanley, creará un juego estándar de personajes que, al modo de muñequitas de papel, pueden combinar sus partes y colocarse sobre distintos fondos: Humaaans. Y a partir de Humaaans, un sitio comercial, Blush, en el que cualquiera puede, al modo en que crea un avatar en un videojuego, combinar elementos dentro de distintos juegos de estilos y componer una ilustración al más puro estilo «Corporate Memphis».

¿Qué significa el «Corporate Memphis»?

Interfaz de «Blush» durante la composición de la imagen que ilustra este artículo. El estilo es una variante de «Corporate Memphis» popularizada por la revista norteamericana «Jacobin»
Interfaz de «Blush» durante la composición de la imagen que ilustra este artículo. El estilo es una variante de «Corporate Memphis» popularizada por la revista norteamericana «Jacobin»

El resultado es un cambio cualitativo. Cualquiera puede hacer una ilustración dentro de los códigos visuales del «Corporate Memphis». Ya no es solo que el ilustrador -uno de los últimos artesanos- se haya proletarizado, ni siquiera que una vez proletarizado haya sido expulsado de la oficina y se haya precarizado al extremo vendiendo horas de trabajo en una plataforma. Ahora el ilustrador como tal es ya innecesario.

La automatización combinatoria de un código estándar de imágenes pre-diseñadas permitirá que ilustrar se convierta en una tarea más del desarrollador web. Una entre otras muchas que ya se han automatizado o están en camino de hacerlo. Porque el desarrollador es el primero que ha sufrido la estandarización y procedimentación automatizada de su trabajo. Ahora, Inteligencia Artificial mediante, está siendo alienado incluso de la algoritmia.

«Corporate Memphis» es la expresión plástica de un proceso más profundo. La universalización del ordenador en el trabajo ha acelerado una tendencia que ya estaba presente en la proletarización: la reducción de la separación entre el trabajo manual y el intelectual.

El problema, en un capitalismo decacente cada vez más antagónico en todas sus expresiones con el desarrollo humano, es que lo que es en general una tendencia progresista, solo puede materializarse como descualificación y devaluación del trabajo y expresarse bajo la forma de un empobrecimiento cultural y estético.

No hay que culpar a los ilustradores de que nos rodeen imágenes planas e inanes y que webs, libros formativos y cuentos infantiles parezcan iguales. «Corporate Memphis» no habla de ellos, habla de un capitalismo que se ha vuelto empobrecedor en todos los sentidos.