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Chips: caos productivo y más choques imperialistas

11/02/2022 | Actualidad
Chips: caos productivo y más choques imperialistas

Los efectos del cuello de botella en la producción de chips se filtran a través de toda la red industrial

Faltan chips y microcontroladores para los aparatos electrónicos y electrodomésticos. Canon se ve incapaz de incorporar chips y enseña a sus clientes como saltarse sus propias verificaciones electrónicas.

Algunos de los efectos más graves ocurren en la cadena de producción automovilística. Las grandes siguen anunciando paros de líneas y plantas enteras, así como frenazos en el ritmo de producción. Solo en lo que va de mes, Ford detuvo la producción en 8 plantas, Volkswagen la ralentizó y Jaguar Land Rover tuvo perdidas millonarias tras bajar su producción un 34% respecto a 2019 por la falta de componentes. La lista de compañías no para ahí: Daimler, Toyota, Nissan etc. están en una situación similar.

Y todo esto no solo afecta a las empresas que dependen directamente de los componentes, las acerías y metalúrgicas que dependen de los pedidos de las automovilísticas también tienen multitud de parones, como ArcelorMittal, y los fabricantes de aerogeneradores se topan contra la escasez de componentes y la subida simultánea de precios de materias primas.

Pero el mundo industrial es mucho más que simples cifras de producción o beneficios. Ninguna planta funciona sin trabajadores, y el caos se ha convertido en un empeoramiento añadido de las condiciones de trabajo.

En el sector automovilístico y metalúrgico, los planes de cierres y despidos ya previstos para rentabilizar la cacareada transición al coche eléctrico se han visto multiplicados por los paros y bajadas de producción, sumando EREs y despidos adicionales.

En el sector electrónico propiamente dicho la situación es distinta, ya que la escasez de componentes no es debida tan sólo a una bajada de producción. La demanda de ordenadores y aparatos -causada por el auge del teletrabajo y la educación a distancia- supera en creces a la capacidad de producción de las fundiciones (fabs).

Estas fundiciones son plantas llenas de material carísimo con un número escaso de trabajadores y se encuentran en el territorio de los grandes capitales nacionales, pero las plantas que corresponden a los pasos siguientes de ensamblaje requieren mucha más mano de obra y se encuentran generalmente en países semicoloniales. En ellas el ritmo de trabajo se ha vuelto infernal. Ya eran tristemente famosas las condiciones infames de las ensambladoras como Foxconn (China) antes de la pandemia, y no han mejorado en pleno pico de demanda.

En Vietnam, las plantas ensambladoras de la coreana Samsung siguieron funcionando a pleno trapo en pleno pico de contagios, hacinando a los trabajadores en pseudo-dormitorios improvisados que se convirtieron en focos pandémicos. En India, hubo varias huelgas y hasta una revuelta en una ensambladora en el sur del país.

Son solo algunos ejemplos, pero ilustran con claridad que, estén del lado de la producción detenida o de la acelerada, los trabajadores acaban estrujados por el caos productivo.

Un tipo de producción anquilosado e inadaptable

Parece sorprendente que el primer eslabón de la cadena, el de las fundiciones, no se haya podido adaptar a las nuevas condiciones durante los casi dos años ya de pandemia. La causa es que se unen la deformidad y gigantismo impuesto por el tipo de sociedad en el que vivimos y el incremento de las peleas imperialistas a gran escala.

El método de producción de los microcircuitos electrónicos a gran escala es un ejemplo casi hasta la parodia de un proceso moldeado y favorecido por la acumulacion de capital, aventajado por la capacidad de colocar enormes masas de dinero invertido en maquinaria e instalaciones que devuelven dividendos multiplicados de un modo predecible y casi lineal.

Pero esta misma optimización para estrujar dividendos no solo ha multiplicado la productividad física del proceso, principalmente ha multiplicado su fragilidad ante condiciones inesperadas y su concentración enorme en unos pocos lugares y bajo el control de unas pocas manos.

El impulso a multiplicar la escala y a producir cada vez más microcircuitos a partir de la misma cantidad de silicio ha llevado a procesos de crecimiento de cristales de silicio y de litografía mas largos, caros y complicados… Cada ciclo dura al menos seis meses y las fabs funcionan por defecto al 80-90%. Y el 20% de la capacidad restante deja una capacidad de respuesta extremadamente limitada.

El proceso es un mamotreto prácticamente insensible al feedback, da igual lo que ocurra en el resto de la cadena productiva. La concentración, la necesidad de mantener condiciones de extrema pureza del aire (que no permiten mover de planta a planta buena parte de los procesos) y de meter el máximo de maquinaria junta no hacen más que empujar aún más a concentrar toda la producción en unas muy pocas plantas en todo el mundo.

Y construir nuevas plantas no solo tarda tiempo, de hecho no es realmente factible porque no existe suficiente producción de maquinaria como para equiparlas. Las máquinas carísimas para las fabs se fabrican por encargo y en números muy reducidos. Existen cuellos de botella y problemas que no se pueden resolver solo con lanzarles montañas de dinero.

Cuando el grado de concentración del capital se torna un obstáculo al desarrollo de las capacidades productivas

Producción mundial de chips por empresa y país de origen de ésta

El grado de concentración de capitales es realmente monstruoso: hay empresas que prácticamente monopolizan a ellas solas no solo el mercado, sino las capacidades de producción mundiales.

La taiwanesa TSMC, cabeza del sector de los microprocesadores para móviles, acapara el 65% del mercado mundial de fundición de chips, el 40% de las capacidades mundiales de circuitos lógicos y el 92% de la producción de chips con pistas de menos de 10 nm (especialmente de menos de 2 nm).

Las coreanas Samsung y SK Hynix acaparan las producción mundial de memoria RAM (ya participaron en algún que otro escándalo de fijación de precios en el pasado), Intel acapara la producción de microprocesadores para PCs.

Frente a ese grado de monopolio, los intentos chinos por ganar autonomía productiva resultan anecdóticos en su impacto global. Y el resto del mundo o fabrica microcontroladores y otros chips menores o mira desde detrás de la valla.

El caos capitalista no desaparece ni con los monopolios globales

Circuito FPGA

Sin embargo, que nadie se deje engañar por esta imagen de capitales gigantes establecidos, las inversiones en fabs y procesos siguen teniendo un carácter de apuesta al casino bastante marcado.

Debido al tipo de procesos y a lo que se tarda en amortizar las inversiones, se produce muchas veces una descompensación significativa entre lo que quieren los clientes y lo que quieren los propietarios de las fundiciones, llevando a la quiebra a procesos enteros.

Por ejemplo, el cliente viene con un plano que se puede litografiar a distintos anchos de pista, pero el propietario necesita amortizar sus procesos a un cierto ancho de pista que ya puede estar obsoleto pocos años o incluso meses después de la construcción. Eso es lo que está ocurriendo en este momento. Hay un montón de capacidad de producción a un cierto ancho de pista (28 nm) que está libre y disponible, mientras que el resto está toda ocupada.

Los productores -TSMC inclusive- han invertido en nuevas plantas y líneas a 28 nm y están instando a los clientes a usarlas como solución al atasco pero nadie las está usando porque los clientes que requieren por ejemplo microcontroladores prefieren usar nodos más pequeños (22 nm) que en teoría les salen más económicos al poder apretujar más chips por disco de silicio, pero en la práctica no se mueve nada porque no hay suficiente capacidad.

Por su lado, los clientes a distintos niveles han estado buscando soluciones alternativas por su cuenta, desde Tesla que ha eliminado simple y buenamente chips específicos en sus coches, hasta empresas del sector como Qualcomm que se decantan por usar las capacidades de producción disponibles en otros tipos de chips.

Los chips que hemos estado comentando hasta ahora eran sobre todo chips que están prediseñados para una función (ASIC) y cuyos planes son «impresos» sobre el silicio por las fundiciones, pero existen también chips que disponen de un número elevado de puertas lógicas cuyas conexiones no están preestablecidas sino que son programables después de su impresión, se trata de los chips FPGA.

Naturalmente, nadie en su sano juicio intentaría programar un microprocesador -el núcleo de un ordenador- en una FPGA, pero son en teoría útiles para los microcontroladores y otros componentes que tanto necesita la industria. La cuestión es que se trata de una decisión de coste/beneficio, y producir FPGAs a cierta escala sale mucho menos rentable que los circuitos estáticos estándar:

Aunque es cierto que las nuevas herramientas de diseño permiten rebajar los costes de producción de los chips especializados (ASIC) a partir de las 50.000 unidades, desde la crisis del COVID no queda ninguna capacidad de producción disponible. Los chips FPGA están disponibles, y podemos hacerles hacer lo que queramos. […] Seguiremos mirando del lado de los ASIC y SoC cuando la necesidad se haga presente.

Ingeniero de Qualcomm

Lo que nos devuelve al problema inicial… No es ninguna novedad que el capitalismo -y en especial su principal fuerza, la acumulación- multiplican la fragilidad y el caos productivo cuanto más se desarrollan. La realidad se encuentra a años luz del delirio ideal de un equilibrio productivo sin fricciones, pero se perfilan cosas mucho peores que un «simple» caos industrial en el horizonte. Los grandes capitales nacionales quieren meter cuchara, y no siempre de buena manera.

Contradicciones y jugadas imperialistas

Los efectos de esta lucha de capitales pueden percibirse a ras de suelo, de donde crecen nuevas fabs enormes en los países de capitales más concentrados. Cualquiera que haya viajado en tren de alta velocidad hacia o desde Seúl este último año habrá visto cómo salía del suelo la cajota enorme de la nueva fundición de Samsung en Pyeongtaek, símbolo de las ambiciones del controvertido heredero de la dinastía Lee, dueña del emporio de las memorias RAM.

La primera línea de producción en Pyeongtaek fue fundada tras recibir Lee un indulto y salir de la cárcel donde estaba cumpliendo condena por sobornar al gobierno anterior. En la segunda línea que acaba de emerger del suelo, la empresa ha optado por cambiar de rumbo hacia los circuitos lógicos -procesadores y controladores- con una inversión de unos 100.000 millones de dólares. El estado coreano, como ya avanzamos hace unos meses, tiene previsto invertir cientos de miles de millones para mantenerse en la delantera en su campo de acumulación. Pero no será tan sencillo.

SK Hynix, el otro gran fabricante de memorias RAM, intentó ampliar su fab en China a finales del año pasado pero se topó con el bloqueo de su supuesto aliado estadounidense. Las máquinas necesarias para la litografía a la escala que deseaba SK son fabricadas en Holanda, y EEUU bloqueó su movimiento hacia China, trastocando los planes coreanos. Y es que, para enorme molestia del capital coreano, la gran mayoría de las inversiones coreanas están en China y este mismo país representa el 40% de las ventas de semiconductores coreanos.

El resultado es que el objetivo estadounidense -ahogar la industria tecnológica china «desde abajo»- se enfrenta directamente a los imperialismos asiáticos y sus intereses. Es explícito por ejemplo en las declaraciones del CEO de Intel:

¿Queremos ser propietarios de la propiedad intelectual, la I + D y el flujo fiscal asociado con eso o queremos que vuelva a Asia?

¿Es lógico ayudar «al enemigo»

Taiwán no es un lugar estable. Beijing envió 27 aviones de combate a la zona de identificación de defensa aérea de Taiwán esta semana. ¿Eso nos hace sentir más cómodos o menos?

¿Cómo se compite con un subsidio del 30 al 40%? Porque eso significa que no estamos compitiendo con TSMC o Samsung, estamos compitiendo con Taiwán y Corea. Los subsidios en China son aún más significativos.

Pat Gelsinger, CEO de Intel

Efectivamente, EEUU «invita» a Samsung y a TSMC a invertir en nuevas fabs en terreno estadounidense (cuyos subsidios enfurecen a Gelsinger). Pero que nadie se confunda, en seguida se aclara que tienen que aceptar una posición inferior respecto a EEUU y sus empresas: el gobierno Biden obliga a estas a revelar sus datos confidenciales si quieren invertir en suelo estadounidense. En consecuencia, una parte de la burguesía coreana muestra su descontento y dice lo obvio: EEUU quiere los datos para hundir su capacidad de negociación y planear cómo pasarles por delante económicamente.

La Unión Europea, farolillo rojo tecnológico, empieza entonces a anunciar su plan estratégico de semiconductores y negocia con TSMC y los coreanos abrir instalaciones. Se anuncia la construcción de la primera fab en suelo europeo por parte de TSMC y que la UE y Corea se encuentran conjuntamente en un «esfuerzo similar al de la guerra».

El plan anuncia una inversión oficial de 45.000 millones a lo largo de 8 años, raquítica en comparación con los 100.000 millones que absorbe una sola fab coreana o estadounidense, mientras anuncia que se plantea pasar de producir el 10% de los semiconductores del mundo al 20% en 2030. Eso sí, con limitaciones y bloqueos parciales a las exportaciones.

Si los estadounidenses les dejan, claro. Intel anunció hace unos días que pretende acaparar toda la oferta de maquinaria para fabs disponible en el mercado para acabar con la competencia y «liderar así la industria». Y el ataque ocurre en varios frentes simultáneos, no sólo en la maquinaria, sino también en la arquitectura que rige los propios planos.

Hace unos meses, la estadounidense NVidia intentó hacerse con la arquitectura ARM ante el horror de muchos países y empresas de todo el mundo que dependen de ella. El movimiento fue bloqueado, pero hace dos días Intel anunció que va a dirigir y controlar efectivamente el estándar de arquitectura RISC en su versión V, lo que es interpretado por buena parte de los analistas como una victoria en su intento de incrementar su peso en el diseño y producción mundial de microprocesadores para móviles y PCs (la R de ARM corresponde a RISC).

Hacia la militarización de la producción de chips

Biden con un chip

En caso de que el tono belicoso del CEO de Intel y sus alusiones a las tensiones bélicas no fuesen suficientemente claros, la empresa tiene previsto construir una nueva Fab enorme en Ohio con una inversión de más de 100.000 millones de dólares.

El ejército estadounidense es su primer gran cliente conocido.

Años detrás de TSMC y ahora tras un largo periplo y no sin problemas Intel vuelve a estar (por poco tiempo) por delante. Hay que mirar al futuro sin duda, donde la lucha será más vertiginosa que nunca entrando en un escenario donde ya no hablaremos de procesadores cada año, sino de procesos litográficos completos cada 12 o 18 meses.

Una carrera que ha sabido ver el ejército de los EE.UU que por otra parte se estaría preparando para un posible conflicto global. [...] [La nueva planta de Intel no se ha] construido, es un proyecto en papel y una idea en mente y en cambio ya tiene su primer comprador, aunque en realidad son tres. De ellos tres solamente el ejército de dicho país mediante el nombrado programa de defensa RAMP-C ha tenido el valor de lanzar el mensaje sobre dicho acuerdo

En plena guerra comercial, las tensiones bélicas sólo pueden crecer y empeorar. Pero además, lo que nos muestran los chips es que está en marcha un proceso paralelo: la transformación del aparato productivo hacia una economía de guerra, una máquina de muerte y destrucción de escala planetaria.

Y es que la forma actual de la sociedad retuerce todo el aparato productivo a su imagen hasta enfrentarlo a las necesidades más básicas de la Humanidad.

El desarrollo tecnológico, que orientado a la satisfacción de las necesidades humanas abre la posibilidad de un mundo abundante y libre se convierte así, como expresión del crecimiento y acumulación del capital que es, en antagónico del desarrollo humano, al punto de amenazar la pura y simple conservación de la vida de millones de seres humanos.

No hay nada que podamos hacer al respecto dentro de las categorías del sistema: ni como «individuos» ni como «consumidores» ni como «ciudadanos». Sólo luchando como clase, afirmando la primacía de las necesidades humanas universales en cada lugar y circunstancia en la que choca con la lógica del beneficio, podemos poner en jaque esta deriva y abrir las puertas de un mundo nuevo.