Autonomía y andalucismo: el régimen del 78 en Andalucía

1 de marzo, 2021

autonomía y andalucismo en Adelante Andalucía

Autonomía y andalucismo se confundirán deliberadamente en el régimen del 78. Reciclando el antecedente del estatuto fallido de 1933, la estrategia del PSOE y el PCE creará un nuevo mito, el 4 de diciembre, instrumental para su posicionamiento en el nuevo aparato político y legitimador, tras el 28F, de un nuevo equilibrio con la pequeña burguesía y sus batallitas con los gobiernos centrales. El significado de andalucismo cambiará y oscilará entre la ideología de estado, el chovinismo conservador y el delirio. Puro veneno para los trabajadores.

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Autonomía y andalucismo en la segunda República

Con la segunda República el andalucismo intenta salir de su callejón sin salida histórico apuntándose al camino autonomista que la República ha abierto para Cataluña y el País Vasco. Con un andalucista -representante del PSOE que abandonaría poco después el partido- a la cabeza de la diputación de Sevilla, intentaron promover un estatuto desde las las diputaciones y mancomunidades, es decir, desde las bases mismas del poder caciquil que las elecciones municipales habían abierto al PSOE y los partidos republicanos de la pequeña burguesía.

Pero no tuvo eco ni éxito. El binomio entre autonomía y andalucismo aparece y fracasa al alimón. La famosa Asamblea de Córdoba de 1933 que ahora nos citan beatamente, fue un fracaso completo: los partidos que habían obtenido representación parlamentaria hicieron el vacío a la asamblea. Y entre los propios asistentes la mayor parte denuncia la artificialidad del intento. Los participantes de Granada, Córdoba y Huelva abandonaron la asamblea y los impulsores sufrieron escarnio en prensa por querer sacar de la nada un Macià andaluz.

La referencia era algo más que retórica. No es exagerado decir que los más interesados en la aparición de un andalucismo son los separatistas e independentistas catalanes. En un texto un poco posterior del BOC (Bloc Obrer i Camperol), el partido catalanista de Maurín, podemos leer:

Nosotros somos partidarios ardientes de la independencia de Cataluña, de Vizcaya, de Galicia, de Andalucía, etc. La burguesía no ha podido hacer la unidad ibérica. Ha mantenido la cohesión mediante un régimen de opresión constante. España, que no es una nación sino un Estado opresor, debe ser disgregada.

Por cierto que la respuesta primero de la Izquierda Comunista Española y después, de las organizaciones que dieron continuidad a su izquierda, que tomaron partido por la Revolución Española y que acabarían fundando la IVª Internacional, fue contundente ya entonces.

En su furor catalanista, el Bloque se justificaba reclamando un andalucismo, un extremadurismo, un castellanismo, y así sucesivamente; no otra cosa significaba el «Andalucía, etc.», de la cita. Concepción diametralmente opuesta a la del marxismo. Este no tiene por qué suscitar artificialmente problemas nacionales. [...] Es un antídoto del nacionalismo, no un acicate. La concepción bloquista, por el contrario, había de servirle para serpentear a la sombra de la burguesía catalanista. Su diferenciación del stalinismo no pasaba de ahí.

G. Munis. Jalones de derrota, promesa de victoria. 1947.

Autonomía y andalucismo el mito del 4 de diciembre de 1977 y el 28F

4 de diciembre de 1977: Autonomía y andalucismo reaparecen
Manifestación del 4 de diciembre de 1977. Autonomía y andalucismo se confunden por primera vez.

La historia oficial de la autonomía andaluza tal y como la cuenta el Parlamento de Andalucía comienza con las manifestaciones del 4 de diciembre de 1977. Es el mito de los orígenes de autonomía y andalucismo renacidos y la izquierda suele presentarlos como demostración del renacer de la conciencia nacional andaluza tras el franquismo. Nada más lejos. En primer lugar porque tal conciencia no había existido nunca como hecho social más allá de los cenáculos infantistas.

Y si difícil era dar continuidad a algo que no había existido antes, más difícil aun era que el 4 de diciembre diera expresión a algo que era marginal entre la pequeña burguesía del momento. La clave para entender el 4 de diciembre y la aparición en la actualidad de autonomía y andalucismo hay que buscarla en el contexto del momento: los albores del régimen del 78.

Maoa de las elecciones del 77. Para entender el 4 de diciembre y la asociación entre autonomía y andalucismo
Resultados electorales de junio de 1977. En rojo triunfos del PSOE

El junio de 1977 se celebran las primeras elecciones post-franquistas, las de la Cámara que habrá de aprobar la Constitución del 78. En ellas el PSOE, que presenta un candidato sevillano, Felipe González, obtiene la mayoría en 5 de las 8 provincias andaluzas.

En las negociaciones y conversaciones que predecen y acompañan a la elaboración de la Constitución queda claro que el gobierno está pensando en dos tipos de autonomía. Está dispuesto a trasladar muchas competencias muy rápidamente a los gobiernos regionales de Cataluña y Euskadi con la idea de rebajar el nivel de tensión con las pequeñas burguesías nacionalistas locales. Para desligarlo del nacionalismo y evitar el efecto imitación incluirá a Galicia, creando el concepto de Comunidades históricas, aquellas que tuvieron en algún momento de la República o la guerra un estatuto autonómico.

El PSOE se da cuenta de que si quiere consolidarse como el partido de la izquierda, orillando definitivamente al PCE y absorbiendo al PSP de Tierno Galván y los distintos partidos socialistas locales que han ido apareciendo, tiene que consolidar una base electoral sólida en Andalucía, la región con mayor número de escaños. El PCE, por su lado, sabe que si pierde las siguientes batallas electorales en Andalucía ni siquiera podrá optar a muleta del PSOE en el régimen del 78 que se está armando.

Ambos partidos están todavía a medio cocer, sus militancias crecen rápidamente y sus perfiles predominantes son jóvenes universitarios y técnicos recién licenciados. Entienden perfectamente que más competencias autonómicas significan más posibilidades profesionales, no solo en la política sino en todas las nuevas instituciones, universidades y empresas públicas que están por crearse. La Constitución implica un nuevo pacto social con la pequeña burguesía urbana universitaria... vasca, catalana y gallega.

Autonomía y andalucismo son el botín y la bandera que PSOE y PCE exhibirán para consolidarse regionalmente. Es un jaque a la arquitectura territorial que la Constitución está dibujando y van con cuidado. El 4 de diciembre sirve para medir fuerzas. La asamblea de parlamentarios de Andalucía, lo consolida. Finalmente la formación a partir de la Asamblea de una primera Junta de Andalucía con Rafael Escuredo al frente presenta como inevitable. El PSOE se ha descubierto andalucista y lanza la ofensiva final frente a una UCD que ya está en descomposición el 28F, cuando finalmente se vota en referéndum el paso de la Junta a la vía rápida.

Autonomía y andalucismo en la era PSOE

El andalucismo de Escuredo debía poco al infantismo más allá de la pátina histórica prestada. Su programa nunca fue más allá de un no vamos a ser menos. Las dificultades para modularlo sin incomodar al gobierno de los sevillanos González y Guerra en Moncloa propiciaron su caída en desgracia, su sustitución por Rodríguez de la Borbolla... que a su vez caería en lo mismo y sería sustituido por el ceutí Manuel Chaves.

La reticencia consecuente de los cuadros de la Junta de esos años a abanderarse demasiado de blanco y verde, unido a las tendencias creadas por un juego autonómico que invitaba a ir a pelear por presupuestos a Madrid, permitieron cierto aire a nueva forma de expresión política del provincialismo de la pequeña burguesía que también se llamó andalucista y que dio continuidad al PSA nacionalista de Rojas Marcos: el PA y el PSA de Pacheco. La chatez de miras y la tendencia al despropósito presupuestario típica de la pequeña burguesía chovinista de ciudad mediana acabaron rematando a una opción que a esas alturas se conformaba con jugar a ser bisagra entre PSOE y PP.

En los márgenes, el delirio: La descomposición de las juventudes andalucistas y la deriva nacionalista de una parte de las juventudes del PCE, nacería el primera partido independentista andaluz, el FAL. Son los años de las primeras contra-tomas de Granada, de las conversiones al sufismo en el stalinismo en general y en particular en el MC -partido aliado de la LCR de entonces, hoy Anticapitalistas-, todo regado por la Marquesa de Medina Sidonia que reabría archivos para soñarse reina de Andalucía... Un ambiente estrambótico entre el reconstruccionismo y la fantasía histórica que acabaría decantándose para formar el actual Nación Andaluza.

Andalucismo y autonomía en la crisis del aparato político creado por el régimen del 78

andalucismo y autonomía

Por cómo el PSOE había diseñado el aparato político andaluz quedaban claras dos cosas: en primer lugar que el andalucismo iba a ser bandera tanto de PSOE como de PP cuando los gobiernos de Madrid y Sevilla no coincidieran; en segundo lugar que toda fuerza que quisiera ganarse un hueco en el aparato político andaluz arrastrando a las pequeñas burguesías urbanas iba a levantar la bandera andalucista para impulsarles a superar su provincialismo endémico.

Ambos factores apuntaban por tanto a que el andalucismo iba a tender a situarse en la izquierda del aparato político. Así fue desde luego para el SOC y su cacicazgo de Marinaleda, proyectados en las CUT y el SAT. Pero también para los restos del PA, que acabaron subiéndose a la ola Podemos e integrándose en Adelante Andalucía.

Esta ola no fue otra cosa que la primera entrega en Andalucía de la revuelta de la pequeña burguesía tras años de dura crisis económica. La segunda ola fue Vox. Dos sectores distintos dentro de la misma clase, por supuesto, pero igualmente lejos de la clase trabajadora a la que los anticapis invocan.

teresa rodríguez
Teresa Rodríguez, dirigente de «Anticapitalistas», homenajeando un cartel de reclutamiento de mujeres para la guerra durante la II Guerra imperialista mundial creado por el gobierno de EEUU.

Como es sabido esta coalición acabó estallando por las desavenencias y luchas de poder entre stalinistas y seguidores de Iglesias por un lado y Anticapitalistas y los partidos resultantes del estallido del PA, por otro. Como resultado, Teresa Rodríguez se ha convertido en el inopinado cabeza de cartel del nacionalismo andaluz.

Y es verdad que la IVª Internacional dejó de existir como expresión de la clase trabajadora hace mucho tiempo. Y que el viaje de los que en ella quedaron hacia y luego en la izquierda del aparato político no podía resultar más penoso. Pero aun así, podría resultar extraño que la fuerza que representa en España al autodenominado Buró Unificado de la IVª Internacional se haya convertirdo en la principal organización nacionalista andaluza.

En realidad lo sorprendente no es eso. Hace mucho que cruzaron las fronteras de clase. Y bien que se esfuerzan en mostrar que lo más revolucionario de lo que son capaces es exigir a los ricos que paguen impuestos al estado que defiende sus intereses.

Lo paradójico es que los que llegaron al aparato político para tirar al régimen del 78 en nombre de una pequeña burguesía universitaria airada, han acabado intentando ser reconocidos como los principales representantes de sus banderas ideológicas y sus mitos. Porque hoy el andalucismo de Teresa Rodríguez y Anticapitalistas es el del no somos menos, la justicia social y el mito del 4 de diciembre. Es decir, las banderas del consorcio entre autonomía y andalucismo que dio la cobertura ideológica al aparato político del régimen del 78 inaugurado por el PSOE y usufructuado ahora por el PP.

Tampoco es que otro andalucismo sea posible. Toda perspectiva nacional, todo llamamiento a crear pueblo, venga de donde venga, solo significa supeditación de los intereses de los trabajadores a los de la pequeña burguesía... que al final son coincidentes con el estado y el gran capital. Y son incompatibles al extremo. Lo son en el mundo voxita de los plásticos con sus salarios de miseria y lo son frente a la pandemia. No en vano, andalucistas y voxitas, PSOE y PP coinciden con solo suaves matices de intensidad en el mantener abierto el negocio caiga quien caiga con tal de mantener los beneficios de los hosteleros (y los balances de la banca).

Este artículo es la segunda parte de nuestra serie sobre el Andalucismo