AUKUS y el camino hacia una 3ª guerra mundial

17 de septiembre, 2021

Biden, Morrison y Johnson presentan AUKUS
Biden, Morrison y Johnson presentan AUKUS

«EE.UU, Australia y Reino Unido pactan contra China» advertían en titulares los medios oficiales europeos sin escatimar detalles sobre el peligro del acuerdo AUKUS y cómo marcaría la entrada en una nueva etapa de proliferación nuclear. Es cierto que es un paso más hacia la guerra, pero si marca una linde es únicamente porque las potencias europeas se han visto excluidas por EEUU del negocio armamentístico anexo con el que contaban hasta este miércoles. Sin embargo, la organización de AUKUS como «bloque anglófono» ni viene de ahora ni se limita al armamento. Es el núcleo de un bloque comercial y para la guerra.

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Australia: «Una alianza para las próximas generaciones»

Armada australiana en el Mar de China meridional. El acuerdo AUKUS convierte las tensiones imperialistas bilaterales en el comienzo de una pugna entre bloques imperialistas orientada hacia la guerra.
Armada australiana en el Mar de China meridional. El acuerdo AUKUS convierte las tensiones imperialistas bilaterales en el comienzo de una pugna entre bloques imperialistas orientada hacia la guerra.

Lo más significativo de este acuerdo es que supone la decantación definitiva de Australia contra China en una alianza a largo plazo con EEUU. La prensa australiana siguiendo al primer ministro Scott Morrison habla de «un acuerdo de por vida» que estaría «destinado a durar generaciones».

En los últimos tres años Australia había intentado mantener un rumbo imperialista propio... cada vez con menos éxito. Por un lado sus rutas de abastecimiento industrial más básicas se veían puestas cuestión más abiertamente por China, su principal comprador internacional. Por otro, los intentos de buscar una alternativa regional en rutas y mercados dentro de los intentos estadounideses de crear una alianza propia en el Indopacífico se vieron frustrados por las reticencias indias.

La crisis de abastecimiento de combustibles de 2018 -posiblemente una discreta señal china- marcó claramente a la burguesía australiana que algo iba mal. Australia se abastece de refinerías asiáticas (China, Singapur y Corea del Sur, sobre todo). Aunque cambiara de proveedores y desarrollara refinerías propias, necesitaría un «pasillo seguro» de Japón al Golfo Pérsico.

El problema es que la dimensión económico-militar de ese pasillo, QUAD, la asociación de Australia, Japón, India y EEUU, era atractivo para el capital australiano sobre todo como una forma de equilibrar exportaciones chinas con otras a India... pero en cuanto Trump elevó la tensión regional, Modi -temeroso de hacer bloque contra Pekin- distanció a India rápidamente. Evidentemente la apertura poco después de negociaciones con la UE para un tratado de libre comercio intentaba a su vez compensar la pérdida de la perspectiva de los mercados indios. Pero ni los volúmenes posibles ni los tiempos de negociación, ni siquiera los costes de transporte, lo hacen equiparable.

Australia y la guerra comercial, 23/8/2019

Ese es el marco del acercamiento -necesariamente insatisfactorio- a la UE de 2019. Australia -que en ese momento vive ya un bloqueo a sus exportaciones de carbon y vino a China- busca en Europa un acuerdo para desarrollar su flota de submarinos porque no quiere decantarse aún a un conflicto abierto. Por eso su primer candidato a proveedor ni siquiera es Francia. Alemania aspiraba a construir los 12 submarinos de la armada australiana, aunque finalmente sea París la adjudicataria.

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Francia, la UE y el «acuerdo del siglo» roto por AUKUS

El objetivo del «acuerdo del siglo» era ampliar la flota de submarinos de gasoil australianos... dejando una puerta abierta a su conversión nuclear. Ahora se hará en el marco AUKUS y con motores nucleares desde el primer día.
El objetivo del «acuerdo del siglo» era ampliar la flota de submarinos de gasoil australianos... dejando una puerta abierta a su conversión nuclear. Ahora se hará en el marco AUKUS y con motores nucleares desde el primer día.

El anuncio estadounidense del nacimiento de AUKUS se produjo precisamente esta semana, en el momento en que la UE estaba presentando su «Estrategia Indopacífico». La nueva estrategia implica ampliar y hacer permanente la presencia de una armada europea en las zonas marítimas en conflicto. Un peligroso juego de retos y presión sobre Pekín en el que tanto Francia como Alemania venían haciendo de avanzada. A los europeos no les pasó desapercibida la «coincidencia».

Ayer, el gobierno francés calificaba AUKUS y la consecuente cancelación del acuerdo sobre submarinos como una «puñalada por la espalda» y Borrell, en nombre de la UE, «lamentaba» que EEUU hubiera dejado fuera de AUKUS a los europeos dando a entender que las relaciones con Washington no volverían a ser las mismas.

Pero lo que más dolía en París y Bruselas era la ruptura del contrato de ampliación de la flota de submarinos australiana. Australia había planeado obtener tecnología francesa para instalar su propia producción de submarinos nacional. El modelo de partida era el Shortfin Barracuda, la versión diesel del submarino nuclear francés del mismo nombre. Australia ganaba autonomía estratégica al comprar la capacidad de producción y no el producto final y se reservaba la posterior conversión a nuclear.

El importe del proyecto de ley inicialmente estimado en 34.000 millones de euros, sufrió varios sobrecostos presupuestarios y meses de retrasos, que despertaron la ira de la prensa local australiana y de la oposición laborista. Mientras tanto, además de los radares, Estados Unidos interfirió en las negociaciones y torpedeó «el contrato del siglo», proponiendo suministrar a la marina australiana ocho submarinos con propulsión atómica, capaces de patrullar distancias muy largas.

Contrato submarino roto: «Estados Unidos ha abierto la caja de Pandora», en Marianne

Desde la mirada franco-europea que repiten los medios, parece que EEUU haya excluido de AUKUS a la UE solo para «robarle» el contrato de los submarinos. No es así. La elección de armamento genera vínculos operativos, permite el intercambio y la formación conjunta de tripulaciones y facilita la coordinación y complementariedad de operaciones. Elegir armamentos es elegir aliados en el campo de batalla, venderlos favorecer futuras operaciones conjuntas.

Desde el punto de vista australiano está claro por qué un submarino estadounidense llave en mano ha pasado a tener más valor que un astillero de tecnología europea en propio suelo. La guerra en Asia se ve cada vez más cercana, cuestión de años, no de décadas. Y EEUU es un vector en ella con mucha más capacidad de proyección de tropas y buques que la distante y no tan bien dotada Europa.

Las alineaciones cambiantes de EEUU contra China en el Pacífico y el origen de AUKUS

Los «cinco ojos», ahora AUKUS
Los «cinco ojos», ahora AUKUS

Tampoco es muy sincera la «sorpresa» de Borrell y la Comisión Europea.

Para EEUU AUKUS significa renunciar -por desespero- a tener como principal vector militar y comercial en su enfrentamiento con China a los principales estados asiáticos. Da un paso atrás y decide empezar por su «núcleo duro» de alianzas con otros países anglófonos en los que su influencia ha sido siempre abrumadora, con tal de seguir avanzando en el cerco a China.

Los objetivos específicos de AUKUS, «profundizar la cooperación en campos como la cibernética, la inteligencia artificial (IA) o la tecnología cuántica» impulsando un «nuevo marco de seguridad» en el Indopacífico son un desarrollo -y no muy dramático- de la alianza de los «Cinco Ojos»: EEUU, Gran Bretaña, Australia, Nueva Zelanda y Canadá. Esta alianza, cuyos orígenes están en la guerra del Pacífico, es un club de inteligencia militar que ha venido funcionando ininterrumpidamente desde la guerra de Corea.

En el último año y medio, los «cinco ojos» venían proponiéndose como base de un bloque anti-chino en el Indopacífico y China lo veía como el núcleo de un bloque anglosajón que se coordinaba ya en la guerra comercial. Pero EEUU, por razones tanto de estrategia económica como de posicionamiento político en Asia, no quería que la nueva «OTAN asiática» naciera de una alianza de países anglosajones como ha sido finalmente AUKUS.

Por eso su objetivo primario, tanto con Trump como con Biden, era consolidar el QUAD (EEUU, India, Australia y Japón) como alianza militar y bloque económico comercial y sobre ese núcleo incorporar a Corea del Sur, Vietnam, Filipinas y Malasia.

Pero Corea del Sur. en su propia batalla contra Japón y con más que notables inversiones en China, no estaba por la labor y se negó de plano a ser parte de un Quad ampliado. India también se negó mientras Trump fue presidente. Si EEUU esperaba un cambio ante Biden, se equivocaba. El gobierno de Modi sólo participó en ejercicios militares conjuntos cuando tuvo claro que estarían bajo dirección francesa, lo que visto ahora cobra pleno significado. Y en abril de este mismo año reafirmaba su alianza con Rusia.

EEUU se planteó entonces incluir a Japón en los «cinco ojos». Pero cuando los roces entre Japón y Corea del Sur casi dinamitan el G7 parece que quedó claro a ojos de los asesores de Biden que no había un subconjunto de países asiáticos relevantes en el que la alineación con EEUU tuviera más fuerza que las querellas imperialistas entre sí. Japón a esos efectos sumaba Vietnam -algo para lo que Washington lo necesitaba a Suga- pero restaba Corea y Filipinas.

La estrategia para la creación de un bloque imperialista en Asia y el Indopacífico se redefinía en la Casa Blanca: mejor volver al territorio seguro de los «cinco ojos» -del que nace AUKUS- y agrupar al resto de países enfrentados a China sobre la base de acuerdos militares bilaterales como el recién alcanzado con Indonesia.

Tan importante es asegurarse la «gobernabilidad» de la alianza que EEUU ha dejado fuera de AUKUS a Canadá -con la que las disputas comerciales no han amainado tras la llegada de Biden- y a Nueva Zelanda y su primera ministra demasiado poco belicista a ojos de Washington.

AUKUS: un golpe de mano de EEUU para forzar la constitución de un bloque imperialista alrededor de EEUU en el Hemisferio Sur

Destructor USS McCampbell, armado con misiles guiados, en el estrecho de Taiwan.
Destructor USS McCampbell, armado con misiles guiados, en el estrecho de Taiwan. Taiwan parece a muchos el primer objetivo de AUKUS.

A pesar de todo, tampoco es que, la tercera pata del AUKUS, Gran Bretaña esté incondicionalmente dentro de la alianza. La experiencia afgana, en la que EEUU dejó al ejército británico en una situación comprometida al retirarse sin coordinarse ni consultar, está muy presente. Y en el debate parlamentario ayer, una Theresa May nada sospechosa de pacifismo, preguntaba a Johnson si la entrada en el AUKUS no arrastraría a Gran Bretaña a una guerra por Taiwan a corto plazo.

La cuestión no es exagerada en absoluto. Washington lleva meses concentrando presión y armamento en el Estrecho de Taiwán. Pekín, especialmente desde la última edición de las «dos sesiones», ha dejado claro que no aceptará ningún cambio en el estatus de Taiwán que ponga en duda que la isla es parte de China. Ambas partes están en movilización militar permanente desde hace meses y fantasean con las consecuencias de la derrota del otro sin pudor ni prudencia.

En los últimos cuatro años hemos visto como la tendencia hacia la formación de bloques se fortalecía con cada golpe de la crisis. AUKUS es, como mínimo, un paso más. No había ningún cambio que esperar de la presidencia Biden en ese sentido. Y de hecho lo que ahora se hace evidente es que perseverar en el camino hacia la guerra es el principal terreno estratégico común de las distintas facciones en la clase dominante estadounidense.

Entre la clase dirigente en EEUU las urgencias pre-bélicas están sirviendo como puntos de sutura en la fractura que representó el gobierno Trump. La lógica interna de esta situación alimenta la aceleración del militarismo y las tensiones imperialistas con China.

La administración Biden justifica la política estadounidense en infraestructura, economía e incluso en servicios públicos por la necesidad de fortalecer al país para competir mejor con China. La política exterior de Estados Unidos se organiza cada vez más como un intento de contrarrestar la gran potencia en ascenso. El presidente Joe Biden sigue diciendo que tuvo que salir de Afganistán porque a China le encantaba que Estados Unidos estuviera empantanado allí. Tomemos algunos de los problemas más importantes que sacuden a Washington, la pandemia de Covid-19 y la lucha contra el cambio climático , y China está en el centro de ellos. [...]

La idea de que [China] representa una amenaza es sobre el único tema en el que los republicanos y demócratas, los partidarios de Trump y Biden pueden estar de acuerdo. Biden ha puesto la promoción de la democracia en el centro de su presidencia, no hay necesidad de adivinar por qué.

CNN

Este proceso tiene su inmediata traducción en toda la política imperialista estadounidense y especialmente en la relación con sus «aliados históricos», no solo en Europa sino en el resto del globo.

Cuando el ministro francés de Exteriores calificaba en France Info la formación de AUKUS y la ruptura del contrato naval como «unilateral, brutal e impredecible», la referencia implícita a Kabul mandaba un mensaje a los otros estados europeos a los que París presentará de nuevo la idea de un ejército europeo en 2022: «la UE no puede apoyarse en EEUU para defender sus intereses si no tiene una posición que pueda defender por sí misma».

Pero cuando apostillaba a que la pauta de comportamiento de EEUU frente a Europa «es muy similar a lo que estaba haciendo el Sr. Trump» dejaba en evidencia que Washington no sólo sigue en el «conmigo o con China» sino que cada vez deja menos espacio a una política imperialista independiente a los estados europeos. Dicho en palabras de la CNN:

Los líderes de la Unión Europea han sido más cautelosos [frente a China que EEUU], aparentemente buscando un camino intermedio entre dos grandes potencias. Los últimos días demuestran que tomar esa decisión trae consecuencias

El capital francés se ha dado de bruces contra una obviedad: la política del «conmigo o contra mi» aplica ya en Asia. AUKUS representa, en realidad, un golpe sobre la mesa en el escenario más sensible ahora para Washington en su querella contra China. Se constituye para acelerar forzadamente la constitución de un bloque imperialista en el Pacífico y obligar a decantarse a favor o en contra a todos los estados que quieran jugar en la región.

Y ese solo es el primer paso. En el resto del mundo, incluso para los países al margen del conflicto en el Indopacífico, AUKUS se va a convertir con toda probabilidad el núcleo de una «alternativa» a China en una opción que cada vez más será «a todo o nada».

La tensión en Malvinas y Mar de Hoces ha sido un ensayo general -de momento inconcluso- de lo que puede suponer AUKUS en el Cono Sur sudamericano y la Antártida. Pero más temprano que tarde veremos a la alianza en marcha en todo el Hemisferio austral.