Ataques directos a las condiciones de los contratos indefinidos y de la jubilación

21 de diciembre, 2020

motril erte
Manifestación en Motril, Granada, contra el ERTE en Mercomotril.

Las cifras de producción, tanto industrial como de servicios, siguen en caída libre: -8,8% y -14% respectivamente en octubre. El Banco de España pide prorrogar ERTEs y avales para evitar una crisis de impagos que se lleve por delante la banca y precipite la temida crisis financiera. La realidad para los trabajadores es una pérdida de ingresos masiva y 600.000 empleos menos de los que solo un tercio esperan reaparecer en 2021. Mientras grandes empresas y capitales celebran una orgía casi diaria de ayudas e inversiones verdes en energía y automoción, el gobierno última dos reformas de choque para los trabajadores.

1 Un primer envite a las pensiones: la subida de 25 a 35 años el cómputo de cotizaciones en el cálculo de la pensión de los que hoy tienen 50 años o menos. El resultado será una bajada media del 5,5% de lo percibido por los jubilados. Y es solo un primer paso. El bombardeo ideológico para prepararnos es continuo desde hace años. El miedo está en el cuerpo: las encuestas dicen que España es el país donde mayor número de asalariados activos temen que la pensión que finalmente vayan a recibir no cubra sus necesidades vitales. Dependerá en todo caso, no solo de los planes gubernamentales, sino de la movilización que los trabajadores sepamos oponer para descubrir el juego del gobierno. En el propio estado y su aparato mediático se oyen ya las primeras críticas a esta reforma precisamente por su capacidad de romper la paz social, la única amenaza que saben, puede romper la fiesta de la precarización y la transferencia masiva de rentas desde la masa salarial a la rentabilidad del capital.

2 Pero lo realmente novedoso que viene apuntándose desde agosto y ahora se perfila es el asalto precarizador a las condiciones contractuales de los trabajadores con contratos indefinidos. La idea es que la sobreproducción se ha vuelto crónica, pero en vez de manifestarse mayoritariamente como un incremento salvaje de stocks, se materializa en excesos de capacidad productiva. Exceso respecto a los mercados solventes, claro está, no respecto a las necesidades generales. ¿Qué propone el gobierno? Que los ERTEs se hagan rutinarios... a cambio de que las empresas aumenten el porcentaje de trabajadores indefinidos. Es decir, que los trabajadores fijos pasarían a ser, en la práctica, discontinuos en función de las famosas necesidades de la producción. El estado les daría, eso sí, cursos de formación durante el periodo en que cobraran del estado una porción mínima de su salario... para facilitar a las empresas probar suerte y encontrar nuevos nichos con nuevos productos. Ser fijo pasaría, más que nunca, a ser una ilusión, y la masa salarial cobrada realmente se reduciría brutalmente con cada sobresalto de las ventas.

El gobierno cierra 2020 cargando frontalmente contra la condición de jubilados y trabajadores fijos. Es un aviso de lo que nos viene en 2021 y de lo que quieren decir cuando hablan de reformas. No son dos grupos cualquiera de los trabajadores. Hasta ahora los ataques gubernamentales han priorizado a las nuevas generaciones, cambiando las condiciones de los que entraban al mercado de trabajo. De ese modo, dividiendo generacionalmente a la clase trabajadora, les resultó más fácil generalizar la precarización en todas sus fomas sin rupturas violentas, lanzando sobre las familias trabajadoras el coste de la cohesión social básica. Pero con el nivel de contradicciones que supone la crisis en su momento actual, parece que ya no les basta.

Para el capital español ya no es suficiente con sentar las condiciones para un incremento paulatino de la explotación en términos absolutos conforme se incorporan los más jóvenes. Tampoco basta con dejar que la precariedad y la bajada de salarios surtan su efecto en las pensiones. Ni siquiera el sofisticado sistema de Sánchez para reducir la masa salarial subiendo el salario mínimo a basa de mantener condiciones baratas de despido les permite modificar las condiciones generales de explotación con la velocidad suficiente. Necesitan atacar directamente las expectativas y condiciones de trabajo de la generación que tiene entre 30 y 50 años. Es decir, necesitan y van a cargar cada vez más abiertamente, contra el núcleo más concentrado de la clase trabajadora.