La mujer trabajadora en Asia Central 2: El feminismo contra las trabajadoras

24 de abril, 2022

taller costura pnud uzbekistan
Taller de costura financiado con fondos PNUD en Uzbekistán. Financiar «emprendedoras» es parte de las políticas de «igualdad de género» apoyadas económicamente por las instituciones en Asia Central.

En ninguna región del mundo la situación de las mujeres trabajadoras se ha degradado tanto en la última década como en Asia Central. Los medios y la propaganda oficial no quieren que veamos más allá de la barbarie reaccionaria de los talibanes afganos e intentan presentar como su antagonista a las feministas locales. Pero si miramos al conjunto de la región el panorama aparece con mayor claridad: el feminismo de las organizaciones internacionales y la burguesía heredera del stalinismo va de la mano en el ataque a las condiciones de vida y las libertades de las trabajadoras centro-asiáticas.

Tabla de contenidos

Lee la entrega anterior de esta serie: La mujer trabajadora en Asia Central 1: La Revolución rusa y la emancipación de la mujer, 23/4/2022

La implosión de la URSS stalinista y las nuevas ideologías de estado

La independencia

Ceremonias fúnebres de Islam Karimov, jefe del partido-estado uzbeko dentro del PCUS que declaró su independencia en 1991 y gobernó hasta su muerte en 2016.
Ceremonias fúnebres de Islam Karimov, jefe del partido-estado uzbeko dentro del PCUS que declaró su independencia en 1991 y gobernó hasta su muerte en 2016.

A partir de 1989 la URSS stalinista es prácticamente inviable. Las huelgas y luchas de trabajadores, así como su resistencia pasiva, dejan claro a las burocracias regionales que el gigantesco aparato del Partido-Estado stalinista no tiene capacidad para desviar y absorber la crisis en marcha. Su respuesta será crear nacionalismos de nuevo cuño para intentar ponerse a la cabeza de las fuerzas demoledoras y derivarlas hacia la defensa de un nuevo capital nacional.

Es esta misma lucha proletaria, dentro y fuera del país, la que ha desorganizado uno por uno todo el funcionamiento de los distintos Partidos-Estado, a través de la resistencia pasiva, las huelgas y la insurrección. Lentamente pero con seguridad, los proletarios fermentaron la desintegración del bloque ruso.

La lucha de clases generó progresivamente temblores telúricos de creciente intensidad cuyo epicentro se acercó sin cesar al Kremlin. La lenta desintegración del bloque oriental afectó entonces directamente a los países vecinos y ahora corroe los vínculos con los países absorbidos a principios de la Segunda Guerra Mundial (los Estados Bálticos) o incluso en el momento de la formación de la URSS, como Georgia, desangrada por el georgiano Stalin, o Armenia.

Sin embargo, hasta hace muy poco, no había ninguna organización o lucha nacionalista en estas naciones. Todas ellas fueron creadas tras los fracasos de la represión de la acción obrera que expresaban. En Lituania (antiguo ducado del Reino de Polonia y Lituania), por ejemplo, el impacto de las luchas de los trabajadores en Polonia ha sido decisivo y explica en parte el avance de este país en el proceso centrífugo en curso.

Nos encontramos aparentemente en la situación nacional anterior a la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, y la diferencia es significativa, las soluciones y propuestas de autodeterminación nacional que se presentan a la clase obrera son aún más frágiles de lo que eran en ese momento. Aunque esta independencia apenas está formulada, y el bloque ruso aún no ha estallado (y múltiples fuerzas centrípetas se oponen en el Partido-Estado, el Ejército y la Iglesia), el apetito ferozmente capitalista de las fracciones nacionalistas ya se está haciendo sentir.

Viejas naciones, nuevas luchas, vieja cantinela, 1990

Menos de un año después de publicarse el artículo citado, la implosión del aparato político central de la URSS stalinista dio paso a una rápida sucesión de declaraciones de independencia.

Las clases dirigentes de Asia Central en bloque, descubrieron una súbita vocación independentista. No pasaba ni una semana desde el desmoronamiento final del PCUS cuando Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán se declararon estados independientes.

Las burocracias regionales centroasiáticas se enrocaban en un nacionalismo de nuevo cuño para evitar que el colapso del sistema stalinista les hiciera seguir el camino de las instituciones centrales o, aún peor, abriera un periodo de huelgas y luchas abiertas de los trabajadores. El movimiento exigía, eso sí, un cambio en las ideologías de estado que, por otro lado, estaba dándose ya a toda velocidad en toda la clase dirigente entrelazada en el viejo PCUS a lo largo del inmenso territorio «soviético».

La implosión del Partido-Estado no provocó el terror de sus secuaces, sino su carrera jubilosa hacia refugios no menos siniestros: demócratas, fascistas y nacionalistas, con un afán de cada cual a lo suyo, mezclado con racismo y xenofobia, he aquí viene el vivero donde vuelve a florecer el estiércol stalinista. A la cabeza de los milicianos transcaucásicos, dentro de Pamiat o en los alrededores de Eltsin, se encuentra el mismo molde de inhumanidad y mentiras.

[Golpe de estado en] Rusia, agosto 1991
Lee también: La implosión de la URSS stalinista, 9/12/2021

Nacionalismo y «desarrollo sostenible»

Celebraciones oficiales del «Día de la gratitud» en Kazajistán. Esta fiesta, instaurada por Nursultan Nazarbayev en 2016 fue creada «para que las personas de diferentes grupos étnicos que viven en Kazajistán se regocijen y celebren su coexistencia como una sola nación».
Celebraciones oficiales del «Día de la gratitud» en Kazajistán. Esta fiesta, instaurada por Nursultan Nazarbayev en 2016 fue creada «para que las personas de diferentes grupos étnicos que viven en Kazajistán se regocijen y celebren su coexistencia como una sola nación».

Tampoco era tan fácil construir un nacionalismo ad hoc exclusivamente sobre bases étnicas en regiones en la que buena parte de los técnicos y trabajadores cualificados venían de otras partes de la extinta URSS y en la que en prácticamente cada país existen minorías lingüísticas y religiosas de los demás. Exacerbar conflictos identidades lingüístico-religiosas hubiera creado el tipo de tensiones que la clase dirigente quería evitar a toda costa con sus vecinos.

Por eso, con diferencias locales, la dominante de los nuevos nacionalismos fue una mezcla de exaltación de la capacidad constructora del capital nacional y una mítica historicista que sacaba el mínimo denominador común del ya remoto pasado pre-capitalista anterior a la revolución de 1917: «valores familiares» al gusto de una burocracia clánica y rescate y «protagonismo moral» de la estructura clerical más conservadora dentro del aparato ideológico del estado.

Mientras, liberadas de la tutela del Partido-Estado, las burocracias emprendieron entonces su «modernización» y la del estado como una misma cosa: los clanes político-familiares de los partidos-estado regionales, sin abandonar el férreo control político, repartieron entre sus segundas filas la propiedad y la gestión de viejas y nuevas empresas. Todas ellas ahora con capital compartido con fondos de EEUU, China, Rusia, Turquía o la UE.

De ese modo, con la inserción como países semicoloniales en el circuito global de capitales y mercancías no sólo llegaron nuevas tecnologías e infraestructuras descomunales, también las agencias internacionales de desarrollo como el PNUD (parte de la ONU) y las grandes ONGs anglosajonas.

Sin preocuparse demasiado por las contradicciones y sin olvidar nunca dónde están sus intereses, las clases dirigentes de Asia Central se abrieron entonces a las ideologías asociadas a los «objetivos de desarrollo sostenible» -y sus fondos asociados- como parte de sus esfuerzos para representarse como «un socio moderno y en desarrollo» capaz de guardar la etiqueta ideológica de los organismos internacionales.

El feminismo como nueva herramienta de la ideología de estado en asociación con ONGs y agencias internacionales

Primer «Diálogo de liderazgos femeninos en Asia Central», organizado por el PNUD en 2020. La misma imagen deja ya clara la continuidad incluso estética y familiar con la sección femenina de la burocracia del partido-estado stalinista
Primer «Diálogo de liderazgos femeninos en Asia Central», organizado por el PNUD en 2020. La misma imagen deja ya clara la continuidad incluso estética y familiar con la sección femenina de la burocracia del partido-estado stalinista

El «milagro» del avance hacia la «igualdad de género»

Tanto el PNUD como las ONGs anglosajonas de derechos humanos y derechos de las mujeres, constataron pronto que la combinación de «modernización» -aumento de la productividad en términos de ganancia del capital- y nacionalismo con mitos precapitalistas y protagonismo clerical, estaba transformando regionalmente la división sexual del trabajo. En 2005 el retroceso era evidente en indicadores básicos como la escolarización de las niñas de clase trabajadora y campesina.

«Una de las cosas que sucedieron después de que Uzbekistán se independizó es el redescubrimiento y la reconstrucción del nacionalismo uzbeko», dice Alison Gill, quien investiga Uzbekistán para Human Rights Watch, con sede en Nueva York. «Pero, desafortunadamente, una de las consecuencias negativas de eso ha sido que el gobierno, al continuar con su política de revivir el nacionalismo uzbeko y la identidad uzbeka, ha vuelto a algunas ideas anticuadas o tradicionales sobre las mujeres, y alentó los estereotipos de género tradicionales».

Junto con el fortalecimiento de esos estereotipos, cada vez más niñas abandonan la escuela secundaria, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El PNUD concluyó en su informe de 2005 que es probable que Turkmenistán, Kirguistán y Kazajstán mantengan la igualdad de género en la educación primaria y secundaria para 2015. Pero Tayikistán y Uzbekistán no podrán eliminar la disparidad de género entre niñas y niños en las escuelas, afirma el informe.

Mientras tanto, muchas familias de Asia Central tienen fuertes roles de género prescritos. Las mujeres son serviles y, a menudo, son víctimas de la violencia y el abuso por parte de sus maridos y suegros.

A partir de ahí, países como Kazajistán se convierten en «alumnos aventajados» y los indicadores «despegan»... hasta llegar al panorama actual.

Kazajstán está progresando hacia la igualdad de género de acuerdo con los indicadores internacionales utilizados para medir el progreso y comparar los resultados entre los estados miembros de la ONU. Kazajstán ocupa el puesto 50 entre 189 países según el Informe sobre Desarrollo Humano , lo que coloca al país en una categoría muy alta de desarrollo humano.

También ocupa un lugar alto en general en indicadores clave de género y desarrollo, con un índice de desarrollo de género (GDI) de 0,795 para mujeres en comparación con 0,790 para hombres, lo que indica un alto nivel de igualdad entre mujeres y hombres (GDI acumulativo de 1,006).

Además, en los últimos años, Kazajstán ha reducido constantemente el valor de su índice de desigualdad de género de 0,405 en 2000 a 0,197 en 2017, lo que lo sitúa por debajo de la puntuación media de los países de Europa y Asia Central (0,279).

El Índice Global de Brecha de Género (GGGI), diseñado por el Foro Económico Mundial, es otra comparación entre países de la igualdad de género, que evalúa las siguientes categorías clave: participación y oportunidad económica, logro educativo, salud y supervivencia, y empoderamiento político. En 2020, Kazajstán recibió una puntuación de 0,710, lo que lo sitúa en el puesto 72 de 153 países.

Agenda de igualdad de género en Kazajistán, PNUD (ONU)

¿Dónde está el truco?

Janaozen, abril de 2022. Trabajadora de ambulacias lee reivindicaciones de huelga.
Janaozen, abril de 2022. Trabajadora de ambulacias lee reivindicaciones de huelga.

Conocemos la situación de los trabajadores en Kazajistán a través de sus luchas y reivindicaciones, sabemos lo que esta «joya» de la «igualdad de género» reserva para los trabajadores de ambos sexos. Y por lo mismo conocemos la permanente división de espacios entre sexos y la restricción constante que excluye a las mujeres trabajadoras de los espacios y los servicios públicos. Restricciones que sólo saltan por los aires durante las huelgas.

Lee también: Artículos en Communia sobre luchas en Kazajistán

¿Dónde está el truco? Como siempre, en los indicadores y objetivos del feminismo. El más característico: la brecha salarial de género. Este indicador mide la diferencia de ingresos medios entre hombres y mujeres individuales en un territorio. Es decir, no tiene en cuenta las diferencias de clase, que en Asia Central son abismales, e ignora cuestiones como la diferencia entre los pagos salariales teóricos y los reales, cuando tenemos en cuenta retrasos e impagos, harto habituales en países en los que el impago de salarios es una práctica habitual para financiar la tesorería de las grandes empresas.

De este modo, las zonas petroleras, donde prácticamente toda la población es obrera muestra muy poca «brecha de género» pero las zonas urbanas, donde la pequeña burguesía y la clase dirigente es amplia -e ingresa mucho más- dispara los índices. Es decir, éste, como casi todos los «indicadores de brecha» disfraza de diferencia entre sexos lo que son diferencias entre clases.

Lee también: Brecha de género, 7/8/2021

Esto es tanto más claro en los otros índices que incorporan «datos de participación». ¿Se refieren a posibilidades reales de participación en el uso de servicios públicos básicos? No, por supuesto, esos prácticamente no existen para la gran mayoría de trabajadores sea cual sea su sexo. Se miden variables como el porcentaje de mujeres en el funcionariado y la dirección de empresas o el número de parlamentarias sobre el total.

Es decir, se privilegia a las herederas y continuadoras de la sección femenina de la burocracia stalinista que sigue atrincherada a todos los niveles de la administración del estado. A día de hoy, la mayor parte de los funcionarios públicos siguen siendo mujeres en Kazajistán.

Eso sí, el número de parlamentarias (27,4%), senadoras (10,2%) y directivas de grandes empresas da todavía mucho que ganar a las hijas de la clase dominante y la pequeña burguesía y la burocracia que les acompaña. Un grupo social que es el que ha abrazado como «liberador» el feminismo de los organismos internacionales y se aprovecha de sus programas.

Los programas feministas de «desarrollo» en Asia Central

Taller de costura financiado por PNUD en Uzbekistán. La ropa y el «look» señalan claramente quién en la foto recibió la ayuda al desarrollo y qué papel juega en la producción.
Taller de costura financiado por PNUD en Uzbekistán. La ropa y el «look» señalan claramente quién en la foto recibió la ayuda al desarrollo y qué papel juega en la producción.

Basta ojear las «historias de éxito» que relata el propio PNUD en su web oficial para ver la orientación de clase de los programas en todos los países y la reivindicación de la continuidad entre la burocracia académica femenina del stalinismo y la pequeña burguesía académica a la que se impulsa hoy hacia el emprendimiento y la gestión pública. De hecho, en Kazajistán, el país de capital más concentrado y diversificado de la región el acento se divide entre la formación de tecnólogas orientadas a la creación de start ups y la formación de «técnicas de género».

En no pocas historias se enfatiza la continuidad familiar de las nuevas empresarias que abren talleres de costura con dinero del PNUD, como la de la foto que ilustra este epígrage. El patrón se repite en la historia de una joven de 24 años que ha abierto con los mismos fondos una empresa de refrigeración o en la de otra kirguisa que monta un taller de jabones «inspirada» por su madre, química.

Y cuando salimos de las familias de abolengo universitario es para entrar en la pequeña burguesía agraria. Aquí el discurso ecologista y el feminista se unen para financiar talleres de costura a jóvenes propietarias uzbekas o centros de estética a sus pares kirguisas como sustitutivos de la sobre-explotación ganadera.

Nuestro favorito: un taller de costura en Tajikistán que ha recibido placas solares del PNUD. La empresa se presenta como «empoderamiento» de unas niñas que trabajan de forma prácticamente gratuita bajo la excusa de estar formándose.

(Continuará)

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