Argentina, el FMI y los trabajadores

18 de enero, 2022

Alberto Fernández y Kristalina Georgieva se reúnen por videoconferencia-
Alberto Fernández y Kristalina Georgieva se reúnen por videoconferencia-

Si hacemos caso a la prensa, Argentina vive en una especie de tiempo suspendido por las negociaciones con el FMI. Y si creemos a la izquierda argentina todos los ataques a las condiciones vitales más básicas se explican exclusivamente por la deuda y la negociación de quita. Pero ni los tiempos de la acumulación paran, ni el motor del capital argentino y sus políticas precarizadoras y empobrecedoras parece ser su urgencia por saldar deudas con el capital internacional.

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El acuerdo con el FMI que el gobierno Fernández pretende

Kristalina Georgieva
Kristalina Georgieva

Evidentemente las cosas van mal para el capital argentino. La devaluación permanente de la divisa y la subida pareja de la inflación han marcado la pauta hasta el último día de 2021. Y parece haber consenso en que si no se llega a acuerdo con el FMI la inflación podría subir hasta un 100%.

Pero el acuerdo salvador mitificado por los medios gubernamentales difícilmente mejorará nada. Toda la apuesta del gobierno, según lo publicado en medios económicos locales, consiste en acordar que durante cuatro años, el país pagaría «sólo» 9.600 millones de dólares de intereses, sin tener que afrontar el capital hasta 2026. En ese año -ya con otro gobierno- los pagos subirían hasta 22.000 millones al año.

Evidentemente las cuentas no salen fácilmente. El gobierno dice esperar un superavit comercial de 15.000 millones con los que aguantar los primeros años de pagos de intereses y volver a negociar después, «cronificando» la deuda con el FMI hasta el infinito si es posible.

No es de extrañar que los fondos buitre estén llegando a Buenos Aires ni que los especuladores de Londres estén apostando por el «default», es decir, por la quiebra del estado argentino. Aún si aceptamos que Argentina obtendrá el superavit comercial que dice el gobierno, ya los primeros pagos, los «fáciles», supondrían más del 65% de ese total y a partir de 2026 el pago de deuda lisa y llanamente descapitalizaría la economía argentina como un todo.

La paradoja semicolonial

Evolución de la deuda bruta mensual argentina
Evolución de la deuda bruta mensual argentina

Pero es que además, las expectativas oficiales resultan difícilmente creíbles. Para empezar, la deuda acumulada no es una cantidad estable y no cabe esperar que haga otra cosa que crecer. Sólo la deuda bruta de la Administración Central creció en 50.000 millones de dólares desde que entró el presente gobierno. Y no va a ir a mejor.

La propia auditoría hecha por el FMI habla de una tendencia crónica a generar deuda y cuando intenta indagar en las causas acaba haciendo un retrato de lo que significa la condición de semi-colonia: un sector exportador que subvenciona al resto de las inversiones a través del estado, una tendencia permanente a la devaluación y las tormentas monetarias por la huída de capitales y la acaparación de divisas que se producen inevitablemente por la falta de destinos internos de inversión; y en consecuencia, dificultad para mantener y atraer capitales exteriores y crisis periódicas de las cuentas públicas.

La paradoja es que para llevar el superavit comercial a la capacidad de pagar las deudas acumuladas, el capital argentino solo puede ahondar la situación semicolonial que está en el origen de sus problemas.

Según el balance cambiario del Banco Central, la mayoría de sectores productivos demandaron más divisas de las que ingresaron. Sólo el sector agropecuario orientado a la exportación, la agroindustria y la minería contribuyeron al superavit comercial significativamente. Y con China camino a la autosuficiencia en la producción de soja, los fletes internacionales cada vez más caros y el Pacto Verde implantándose a toda velocidad en Europa y EEUU, las alternativas exportadoras se reducen.

De ahí que debajo de las cuentas de la lechera en la balanza comercial esté el desarrollo acelerado de la minería, eso sí pintado falsa y voluntariosamente de verde, las nuevas concesiones petroleras y sobre todo el desarrollo de la extracción de Litio para los grandes fabricantes automotrices europeos.

Las fantasías sobre una nueva OPEP del Litio a fundar con Chile y Bolivia, son reveladoras de la insuficiencia de la apuesta: antes de demostrarse como proveedores necesarios, ya están pensando en cartelizar para elevar unos precios que no dependen del mercado nacional ni regional.

Bajo la crisis política los intereses contrapuestos dentro de la clase dirigente

Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, representan algo más que dos tendencias peronistas.
Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, representan algo más que dos tendencias peronistas.

Una característica de los países semicoloniales es que los ciclos de devaluación y endeudamiento llevan necesariamente al enfrentamiento entre los sectores exportadores y la industria nacional. La burguesía y la pequeña burguesía industrial temen, con razón, que el acuerdo con el FMI reduzca el sustento estatal a las empresas industriales, mantenidas artificialmente con compras públicas y protección frente a las importaciones. Hasta su orientación imperialista es diferente: China y Brasil son rivales para ellos, no clientes.

Esta oposición de intereses es la que reproducen -no siempre mecánicamente- las divisorias que atraviesan al frente gubernamental y la oposición. También las alianzas «inesperadas» entre grupos oficialistas y opositores que sirven para sacar adelante presupuestos y leyes clave.

Que estas contradicciones se elevaran al punto de imposibilitar la aprobación de presupuestos este año es muy significativo. Que esto a su vez supusiera un parón en las inversiones petroleras con recortes de hasta el 20% sobre lo previsto, señala hasta qué punto estos conflictos pueden tener consecuencias más allá del ruido político.

Los trabajadores

Empleo en Argentina
Empleo en Argentina

Para lo que sí hubo consenso, evidentemente, fue para empezar el año acabando con la prohibición de despidos y aprobando una rebaja de las indemnizaciones por despido, ya mermadas por la inflación.

Con un crecimiento esperado del 2,6% que ni siquiera araña las caídas de los dos años anteriores, la perspectiva no es otra que agravar el «deterioro estructural de las perspectivas de trabajo». Es cierto que el empleo se ha recuperado a niveles de 2019, pero ahora aún más precarizado y con mayor porcentaje de subocupación.

Los sindicatos están haciendo su parte: con una inflación anual del 50,9% están negociando actualizaciones salariales que no pasan del 16%. Contentos con Fernández, que salvó las obras sociales con subvenciones y cambió sus reglas para asegurar su rentabilidad a los gremios, hacen de hoja de parra del verdadero desmantelamiento de la salud pública que se ha vivido durante las primeras olas de la pandemia y que sigue en marcha con toda una sucesión de recortes presupuestarios por decisión administrativa que ya suman el equivalente a más de 1.500 millones de euros.

La izquierda, el FMI y el capital argentino

fmi argentina
Manifestación contra el acuerdo con el FMI el pasado 21 de diciembre en Buenos Aires

A todo esto, para la izquierda todo vendría definido exclusivamente sobre el acuerdo con el FMI. Los ataques a las condiciones de vida y de trabajo, los recortes sanitarios y educativos, los nuevos tarifazos que ya descollan en el horizonte... no serían más que el resultado de la deuda acumulada que se prolongarán y aumentarán si se llega a un acuerdo de quita como el que se propone el gobierno.

Pero la deuda y ahora su renegociación responden en realidad a lo mismo que los ataques continuados a las condiciones de vida y de trabajo que se daban antes, durante y después de la vuelta del FMI.

Los capitales semicoloniales solo pueden funcionar así: en ciclos de deuda y devaluación que mantienen una constante presión a la baja del coste de la fuerza de trabajo. No cabe hacerse ninguna ilusión sobre que un gobierno de la nación, que está para defender el «crecimiento económico», es decir, la acumulación de capital, vaya a hacer otra cosa. Tampoco un «gobierno de izquierda» que, todo lo más, nacionalizará una parte de la producción para intentar enmendar la plana a la burguesía con el mismo objetivo... por lo que acabará haciendo lo mismo.

Al ignorar conscientemente lo más básico, que no se trata de salvar al capital de la crisis sino de enfrentarlo, la izquierda argentina exonera al capitalismo argentino de toda responsabilidad frente a los trabajadores. Poniendo el foco en el FMI quieren convencernos de que es posible un capitalismo «en interés de los trabajadores»... si lo gestionaran ellos.

Pero es el sistema el que no da para otra cosa, esté más o menos estatalizada la propiedad. No se trata de exigirle a la burguesía y el gobierno que defiendan mejor los intereses del capital nacional frente a la voracidad del FMI o los fondos buitres.

Se trata de enfrentar al capital nacional que, cuando le conviene, se endeuda y cuando puede renegocia, pero que siempre, en todo momento, ve su primera salida en enfrentar y negar las necesidades básicas y universales vindicadas por los trabajadores, cercenando hasta la raíz toda posibilidad de desarrollo humano.

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