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A un paso de la recesión y una «nueva austeridad»

05/05/2022 | UE

La famosa potencia económica alemana se tambalea. La subida de tipos empuja a EEUU hacia la recesión. Los bancos centrales empiezan a volver a mirar con recelo el mercado de vivienda. Y la «nueva austeridad» se da por hecha con tanta naturalidad en Francia o España que su puesta en marcha sólo depende de los ajustes del calendario electoral.

El colapso del modelo alemán

Comercio exterior alemán

En el gráfico de arriba podemos ver la evolución del comercio exterior alemán. En el primer trimestre de 2020 hay una caída brutal: los confinamientos pandémicos. Pero desde el siguiente verano la recuperación de exportaciones es sólida... hasta la guerra de Ucrania. Entonces las importaciones crecen a más ritmo que nunca y las exportaciones caen.

Es el resultado directo de las sanciones: se bloquean exportaciones pero el gas y los hidrocarburos siguen al alza. Resultado: el famoso superavit comercial alemán, por primera vez en décadas, se reduce hasta casi desaparecer.

No es una situación pasajera. EEUU -y no pocos países dentro de la UE- exigen a Alemania romper definitivamente su relación con Rusia y China. Los mismos que loaban «el modelo alemán» y su fortaleza exportadora denuncian ahora que se basaba en la energía barata rusa, la complementariedad con China y una zona euro siempre útil para mantener costes laborales totales bajos. Así que empujan a Alemania hacia una «independencia de Rusia» que no significa otra cosa que el desguace de su sector industrial exportador.

Mientras los aliados de Alemania cierran la soga alrededor del cuello de su industria, el capital alemán intenta ganar tiempo y aprovecharlo, a todo correr, para encontrar alternativas. De momento todo son carreras para construir terminales flotantes de GNL -que elevarán aún más los costes de producción sustituyendo gas ruso por estadounidense y qatarí- y «reinventar China» en India o los Balcanes.

En sí ambos movimientos no son una novedad. Alemania es la cabeza del Pacto Verde europeo porque el cambio de cesta energética era su apuesta estratégica para recapitalizar y reanimar su industria. También ha sido la potencia más ansiosa por integrar a los Balcanes en la UE porque veía en ellos una alternativa más «segura» y rentable a la internacionalización de producción en Asia. Pero los gobernantes alemanes se daban más de 20 años para sacar ambas cosas adelante. Y ahora tanto EEUU como la UE le niegan ese margen.

El impacto sobre los trabajadores de la inflación y las malas expectativas del sector exportador está siendo inmediato. Tanto que el gobierno Scholz ha presentado un verdadero plan de emergencia social para calmar aguas: los trabajadores por cuenta ajena recibirán 300 € euros brutos para compensar los elevados costes energéticos, el billete mensual de 9 euros para el transporte local y regional pasará a ser válido durante tres meses, y la prestación por hijo se incrementará una vez en 100€ por niño.

La velocidad y foco de la respuesta lo dice todo sobre los miedos del capital alemán. Temen que cuando esto se una a una más que previsible recesión global en cuestión de meses, se ponga en marcha una combatividad de clase que ya está despertando.

Estados Unidos camino de la recesión

Tasa de interés de la Reserva Federal

Dicen las encuestas que el 64% de los estadounidenses están descontentos con la gestión económica del gobierno Biden. Los salarios llevan muchos meses siendo saqueados por la inflación... y la respuesta de la Reserva Federal no les va a poner más fáciles las cosas. Hoy la FED aumentó los tipos de interés de una sola vez más que nunca antes desde 2000. Eso significará previsiblemente una caída en el ritmo de contrataciones -que ya se estaba debilitando mucho- y una pérdida del poder adquisitivo medio de los salarios.

Normalmente cuando suben los tipos, los especuladores consideran que, con tipos mayores, las empresas con menor capacidad de inversión y más costes financieros, darán peores resultados y se revalorizarán más lentamente; los bancos venderán menos créditos y tendrán más morosos; y las constructoras tendrán menos demanda de viviendas al ser las hipotecas más caras. Es decir: subida de tipos, bajada de la Bolsa. Pero hoy ocurrió todo lo contrario. Subió prácticamente todo, empezando por los bancos y las constructoras. Hasta ese punto están ya rotos los mecanismos de política monetaria y «los mercados».

Y no es que el panorama fuera particularmente bueno hasta ayer y el daño que causará la subida de tipos sobre la demanda se considerase anecdótico. Al revés: las ventas de viviendas ya habían caído un espectacular 7,2% en febrero, acompañando un interés hipotecario que ya era muy altos (5%) y unos precios por metro cuadrado que son los más altos de la historia del país. Con esos precios y esos costes hipotecarios los trabajadores estaban prácticamente expulsados del mercado. Ahora más.

Resumiendo: para parar una inflación que devoraba los salarios, la Reserva Federal va a forzar una recesión que debilitará aún más las contrataciones. Habrá menos empleo y peor pagado. La famosa «recuperación del consumo» no va a llegar.

El mercado de vivienda en Europa

En Europa la vivienda también dispara las alarmas. Las noticias económicas reflejan ya lo que es una conversación cotidiana: los precios de la vivienda se están disparando en Holanda, Dinamarca, Suecia... por no hablar de Alemania, en récord histórico, o en Irlanda donde las subidas continuas son de dos cifras. El Banco de España aunque niega «desequilibrios» graves está ya alerta.

No es para menos, según el último informe de la Junta Europea de Riesgo Sistémico, el mercado de vivienda sufre riesgos globales altos en una docena de países. A pesar del estancamiento del PIB, en la segunda mitad de 2021 no sólo aumentaron los precios de la vivienda, sino el ritmo al que los precios aumentan. Y la espiral no se está parando.

En toda Europa el porcentaje que los créditos hipotecarios representan sobre el PIB es ya mayor que antes de la pandemia. Y en algunos, los más problemáticos, entre los que estarían Alemania y Holanda, los nuevos flujos de concesión de hipotecas duplican los del resto de países.

En Alemania y Eslovaquia se activó el colchón de capital anticíclico, lo que supone exigir a los bancos más capital para respaldar los créditos que otorgan. Otros países han endurecido los criterios de concesión de hipotecas. Y es que la situación preocupa a los reguladores.

No es de extrañar: como vemos en el gráfico de arriba, la exposición media de la banca europea a las hipotecas es de más del 25% y en los países nórdicos, Portugal y Polonia ronda o sobrepasa el 35%. En el marco de una recesión en marcha, el riesgo de que una oleada de impagos hipotecarios alimente una crisis financiera es para tomárselo en serio.

Pero de nuevo... las medidas para evitar daños mayores alimentan a corto un nuevo frenazo de la acumulación... y sus consecuencias.

La inminencia de una «nueva austeridad» en Francia y España

Sánchez y Scholz se reúnen en Madrid el pasado enero para afirmar juntos la necesidad de «volver a las obligaciones fiscales»

Entre la inflación y la perspectiva de tipos de interés más altos, endeudarse sale cada vez más caro a los estados. España, por ejemplo, había previsto un tipo del 0,8% en sus emisiones a diez años... y ya va por el 2,1%. En los países del Sur eso se suma a que el empleo, así se maquillen los números, no mejora lo suficiente como para cubrir los gastos de pensiones, así que parte de estos se llevaron al presupuesto ordinario. Resultado: nuevos impuestos y nuevos recortes de gastos en el horizonte inmediato.

Macron ya está hablando de la «nueva austeridad» y preparando una nueva ofensiva contra las pensiones. Para comenzar a implementar sólo espera a que culmine el calendario electoral para, en función de los resultados, darle una forma u otra a la misma sustancia.

En España, ni siquiera la forma está está en discusión. Scholz ya vino a apoyar la «vuelta a las obligaciones fiscales» y la Comisión pintó negros futuros a consecuencia del déficit estructural si no se hacían reformas tanto por el lado de los ingresos como por el de los gastos. Nadie se inquieta en Bruselas. Sánchez tiene tan claro que la siguiente fase de este gobierno va a ser la «nueva austeridad» que para él se reduce a un problema de agenda electoral.