8M y Covid: mentiras y medias verdades 1 año después

25 de febrero, 2021

8M y Covid
8M y Covid en la manifestación del año pasado en Madrid

8M y Covid estarán ligados por mucho tiempo en España. Hace ahora un año, priorizar la liturgia del 8M sobre la epidemia Covid que arrancaba significó la aceleración de una matanza de la que todavía hoy estamos lejos de librarnos y que nos siguen envolviendo con peligrosas medias verdades.

En este artículo…

El riesgo ha bajado

El telediario de anoche daba voz al machaque oficial: la incidencia sigue bajando, la estimación de contagios es la más baja desde el 28 de diciembre y podemos celebrar haber pasado de riesgo extremo a riesgo alto.

Lo que no dicen es que ese riesgo no es un riesgo abstracto, es el riesgo de colapso del sistema sanitario. Que pase de extremo a alto no es todavía para suspirar de alivio. Menos cuando ayer mismo el gobierno notificaba 389 muertes en las anteriores 24 horas, una matanza a la que no dieron ni un mínimo hueco entre los titulares.

La vacunación está funcionando ya

Es difícil atribuirle un impacto masivo a la vacuna cuando solo han conseguido vacunar a 1,2 millones de personas desde diciembre y ni siquiera todos los mayores de 80 años que viven en residencias han sido vacunados todavía. Y esos son el objetivo más fácil: viven juntos y con un equipo mínimo se puede vacunar a la residencia entera.

Vacunas, 8M y Covid tampoco conjugan. Es simplemente imposible que, con el nivel actual, la vacunación sirva para hacer seguras las manifestaciones… a no ser que solo permitan la participación a los ya vacunados: sanitarios, policías y militares.

Es más, es difícil pensar que la promesa de un verano normal sea alcanzable. El gobierno asegura que a pesar de los retrasos en la provisión de AstraZeneca y ahora de Pfizer, el objetivo sigue en pie. Pero por otro lado manda una carta a Bruselas -de la que podemos leer en medios de toda Europa menos España- pidiendo desesperadamente ayuda a la Comisión para aumentar la producción en fábricas europeas. Cada vez más países UE están dando por inalcanzables los objetivos y buscándose la vida por su cuenta, al margen de la UE, para comprar más dosis. En España ni se nombra la posibilidad y se sigue negando lo que la aritmética hace evidente.

Semana Santa, 8M y Covid

8m y covid

Así las cosas todo el esfuerzo de los gobiernos se centra ya en la campaña de Semana Santa. La misma ministra da por hecho que las restricciones serán las vigentes ahora o incluso menores. Pero las vigentes son insuficientes o no llevaríamos tanto tiempo con cientos de muertos diarios. Hipócritamente advierte del peligro de la falsa sensación de seguridad y de que se repita lo que en la campaña de verano y Navidad: un triste alivio de ventas para el comercio y la hostelería a cambio de una nueva oleada de muertes masivas y contagios. Pero eso es precisamente lo que los mensajes oficiales y las reducciones de restricciones alientan.

Pero el culmen de esta hipocresía canalla se da en el juego entre 8M y Covid. Por un lado la ministra dice que simplemente no ha lugar; por otro su delegado en Madrid, el delegado del Gobierno, entiende que eso significa autorizar las manifestaciones de menos de 500 personas.

Sufrimos una matanza de cientos de personas al día, que no decae más que muy temporalmente y solo para volver a subir. Y a estas alturas ya es evidente que la forma de la famosa curva es una opción política, no un desastre natural: la matanza puede pararse a base de restricciones y una vez reducida la incidencia a una cifra, se pueden controlar los focos de manera efectiva. Si no se ha hecho es porque se optó en todo momento por salvar inversiones y reducir el temido aumento de morosidad de los bancos a costa de aceptar un mayor número de muertes diarias.

La cuestión ahora, cuando vuelve a plantearse la relación entre 8M y Covid es si, como hace un año, el listón se pone aun más bajo y las ceremonias anuales del feminismo como nueva ideología de estado también se priorizan sobre los contagios y las vidas que se llevan consigo. Y todo parece indicar que sí. No les basta con una celebración virtual. Quieren reeditar el ceremonial incluido el penoso espectáculo de las batallitas sectarias a golpes entre facciones que se tachan mutuamente de heréticas. Espectáculo azuzado ahora por las diferencias sobre la Ley trans.

Fiestas en espacios abiertos de 20 chavales que van a clase juntos sufren multas y escarnio público. Concentraciones en grupos de 500 sin relación previa serán declaradas segurísimas. Desde luego, se les puede acusar de hipocresía, pero no de incoherencia: entre 8M y Covid, entre renunciar a celebrar la nueva ideología de estado y arriesgar aun más vidas, no tienen dudas. Con la economía y la ideología siguen jugando al caiga quien caiga. Y caen cientos de trabajadores cada día.

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