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¿Qué fue del 5G?

13/08/2022 | Tecnología
¿Qué fue del 5G?

Un desarrollo frustrado por las tensiones imperialistas

Durante más de tres años el 5G fue el centro de la guerra económica de EEUU contra China. La batalla del 5G fue de hecho, la primera escena del proceso de formación de un bloque económico militar alrededor de EEUU.

Por primera vez expresiones como «romper la dependencia de China en 5G», pasaron a ser considerados objetivos legítimos de política industrial tras treinta años de loas al desarrollo tecnológico asiático y profesiones de fe en la globalización.

Hasta el ultraliberal The Economist llegó a plantear seriamente la nacionalización de las redes 5G. Y EEUU llegó al punto de presionar a Canadá para que retuviera indefinidamente a la directora financiera de Huawei bajo amenaza de extradición y tener algo con lo que negociar con una empresa que Washington consideraba el mayor peligro estratégico para el capital estadounidense.

De Australia a Brasil pasando por la UE, incorporar o no a Huawei como proveedor de la red 5G dejó de ser una decisión técnica para convertirse en un momento de decantación política y orientación imperialista. No sólo dividió países sino partidos políticos y grupos de capitales. Pero renunciar a la tecnología Huawei -a la que sin fundamentos materiales EEUU acusaba de ser una puerta al espionaje chino- significaba optar por alternativas como Nokia o Ericsson que habían quedado muy atrás.

El resultado, en 2022, es que China instaló casi medio millón de antenas, muy poco para su extensión y población, el propio EEUU tiene una red 5G subdesarrollada, la UE se ha quedado muy corta en despliegue (Alemania ni siquiera la ha llevado a su medio rural) y entre los países semicoloniales la mejor expectativa, la reservada para Sudamérica, habla de un máximo del 12% del total de líneas... en 2025, a pesar de que estos países parten de redes de telecomunicaciones mucho más pequeñas que los estados más capitalizados.

¿Qué aporta el 5G? ¿Por qué es importante?

Excavadora controlada por 5G en una mina de Molibdeno en China

Excavadora controlada por 5G en una mina de Molibdeno en China

Respecto a las anteriores generaciones de comunicaciones móviles el 5G aporta tres ventajas: mayor volumen de datos por segundo, una latencia mínima y una mucho mayor densidad de las redes que crea.

¿Qué es la latencia? El tiempo que tarda en ir y volver la información. Hacerla mínima significa poder operar en tiempo real cualquier cosa conectada a la red.

Por ejemplo, en minería, tanto subterránea como a cielo abierto permite robotizar casi completamente y que nadie tenga que entrar a la mina. Hoy se usa ya en minas de carbón y explotaciones de molibdeno en China. Robots más o menos autónomos y máquinas controladas remotamente han sustituido el arriesgado trabajo del picador por el de un piloto de drones.

¿Qué es la densidad de la red? El número de dispositivos que pueden conectarse en una superficie dada. El 5G permite conectar hasta un millón de dispositivos por kilómetro cuadrado. Eso significa que podemos poner sensores a casi todo y tener información -y respuestas- en tiempo real a cualquier cambio en el medio.

Si lo aplicamos a un campo podemos poner sensores cada pocos centímetros y tratar realmente a cada planta según sus necesidades... lo que puede llegar a suponer ahorros de hasta el 70% en los insumos necesarios para maximizar la producción. Unir mediante 5G drones, sensores y máquinas es lo que se conoce como agricultura de precisión a la que el 5G agrega escalabilidad y capacidad de respuesta en tiempo real. Por supuesto, todos esos volúmenes gigantescos de información requieren sistemas que los procesen y den respuesta inmediata. Por eso IA y 5G van de la mano en el desarrollo de la productividad física.

Un potencial de crecimiento de la productividad física que es aun mayor en la industria. Permite distribuir físicamente la producción en el territorio, automatizar hasta el 75% de las tareas que no lo están mediante la auto-coordinación de las máquinas que realizan los procesos y en el límite, socializar la orientación y hasta el diseño de los productos prediciendo en tiempo real la demanda y adecuando a ella la oferta.

Resumiendo: la red 5G es la primera red de comunicaciones que permite la integración y automatización general de todos los procesos productivos a la escala de una sociedad entera y lo que es más, su fusión con la logística y el consumo.

El 5G y las contradicciones del sistema

Sala de control del sistema de vigilancia social basado en 5G que estrenará Qatar durante el Mundial de fútbol

Sala de control del sistema de vigilancia social basado en 5G que estrenará Qatar durante el Mundial de fútbol

El mundo que hace materialmente posible el 5G resulta fascinante porque va ligado a dos elementos que definen el desarrollo potencial de las fuerzas productivas de la sociedad: el incremento de la productividad física tanto del trabajo como de los recursos naturales y la tendencia a socializar la producción que, eventualmente, permitiría supeditarla de manera directa a las necesidades humanas.

El 5G o un sistema que permita redes similares, es fundamental para hacer posible la socialización y automatización de los trabajos indeseables y la agricultura y la ganadería, reducir la escala, polución y peligrosidad de las grandes plantas industriales o revertir la ultraconcentración urbana y el hacinamiento.

Pero que exista la posibilidad material no significa que el capitalismo lo vaya a hacer. En el capitalismo, el desarrollo de la automatización y la socialización de la producción están supeditados, como todo lo demás, a la creación de beneficios, es decir, a su utilidad para explotar de forma rentable la fuerza de trabajo.

De nada sirve al capital aumentar la productividad física del trabajo -lo que una hora de trabajo medio produce- si no sirve a la productividad en términos de ganancia -la ganancia que deja al capital el salario medio de una hora de trabajador. Y en un capitalismo que se enfrenta a una perenne escasez de mercados solventes, eso significa las más de las veces crear artificialmente escasez y destruir capacidades productivas en vez de acercarnos a la abundancia.

La tecnología no salvará el mundo porque son las relaciones sociales que definen el sistema y no las tecnologías ni las materias primas que usa, las que producen la guerra, la pauperización y el destrozo del medio que colocan a la Humanidad contra las cuerdas.

Lo hemos visto en todo tipo de ámbitos, desde Internet a los antibióticos, desde los plásticos a la insulina. Lo hemos visto hasta con la carrera espacial y la llegada a la Luna. Lo vemos cada vez que una mejora tecnológica que permite producir más con menos trabajo y recursos se incorpora a la producción y genera paro y miseria en vez de aumentar las capacidad de los trabajadores para satisfacer sus necesidades humanas. Y es que el crecimiento capitalista es cada vez más antagónico al desarrollo humano y no hay cambio tecnológico que aminore esa contradicción fundamental que está permanentemente presente desde hace ya más de un siglo.

El militarismo y el 5G

Antena dron militar 5G

Dron del ejército de EEUU que sirve para dar cobertura 5G a los equipamientos de las unidades de infantería y caballería en el campo de batalla.

Y sin embargo, lo más significativo del despliegue del 5G a día de hoy es que está estancado. Está estancado por la guerra tecnológica y comercial entre las dos principales potencias imperialistas: EEUU y China. Romper la dependencia de proveedores chinos en una tecnología crítica a todos los niveles se puso por delante de la oportunidades que abría para el propio capital.

Ni siquiera la perspectiva de colocar capitales gigantescos de manera rentable instalando masivamente antenas ha frenado los requerimientos de la creación de bloques y el avance hacia la guerra. Cuando se han implantado aplicaciones a cierta escala no se han orientado ni a la producción ni a los servicios sino a crear redes para coordinar unidades en el campo de batalla como pretenden los mandos militares europeos o el ejército británico, y sistemas masivos de control social como los que hemos visto en China, Qatar y algunos países de Asia Central.

Que al final el capital fluya hacia estos usos y no hacia las potencialidades productivas del 5G no es menor. Es un síntoma definitivo de cómo el desarrollo del militarismo está concentrando, frenando y deformando el avance tecnológico más allá de lo que ya imponía la lógica de un capital en crisis.

No hay vuelta atrás. El capital no va a recular en su camino hacia la guerra. El único horizonte en el que es posible liberar el conocimiento y sus aplicaciones de la supeditación a su utilidad para la guerra y el rearme totalitario del estado, pasa por enfrentar y superar el sistema como un todo.