5 preguntas clave para entender hasta dónde llegará la guerra en Ucrania

27 de abril, 2022

Ruinas de Novotoshkivske, en Luhanks, tras los últimos combates.
Ruinas de Novotoshkivske, en Luhanks, tras los últimos combates.

La guerra en Ucrania está estancada. No así el cómputo de muertes y barbaridades cometidas por ambos bandos. Y sin embargo la apuesta de EEUU, según sus dirigentes, es eternizar la guerra hasta que Rusia colapse y todo el Sur y el Este de Ucrania no sea más que una gigantesca ruina. Pero la guerra y sus consecuencias no quedan en las fronteras ucranianas. Una gran bola de nieve de intereses imperialistas contradictorios está en marcha. Y sólo los trabajadores tenemos interés real en pararla.

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¿Por qué la guerra de Ucrania está estancada?

La ofensiva rusa en el Donbass está prácticamente bloqueada. A cada concentración de fuerzas rusa, el equipamiento y recursos del ejército ucraniano mejoran en tiempo récord para producir unas nuevas tablas. Resultado: tras el paso del frente solo quedan pueblos y ciudades arrasadas.

La clave: EEUU ha convertido lo que queda del estado ucraniano en una maquinaria eficaz para su particular guerra con Rusia. Según aseguraron los representantes de EEUU en el «grupo de apoyo» de 40 países reunido en la base estadounidense de Ramstein, sólo pasan 72 horas entre que Biden aprueba un nuevo envío y que éste llega al frente de combate. En menos de dos meses se movilizaron casi 5.000 millones de dólares en armamentos. Ahora se multiplicará con envíos de armamento pesado.

Mientras tanto, los asesores británicos orientan al ejército ucraniano a llevar la guerra a territorio ruso. Según los informes de las agencias de prensa tres provincias rusas habrían sufrido bombardeos durante la noche. Y tanto en Belgorod como en Kursk habrían alcanzado arsenales importantes.

¿Se acerca una derrota rusa?

Artillero ucraniano en el frente de Izyum

No. Según declararon los secretarios de Defensa y Estado, el nuevo objetivo de EEUU es «debilitar a Rusia» a largo plazo. Y eso significa eternizar la guerra. ¿Del Sur y Este de Ucrania, la región rusófona que albergaba a la mitad de la población, no van a quedar más que campos arrasados.

Una pista: Irlanda está organizando el alojamiento de refugiados a tres años vista.

¿Qué gana EEUU con una guerra eternizada en Ucrania?

Instalaciones de reserva de gas alemanas en Halle

Esta semana tanto Alemania como Hungría han rebajado su oposición al bloqueo del petróleo ruso. Berlín además se ha comprometido a enviar tanques Gepard inmediatamente para que entren en combate en las llanuras del Donbass.

En apariencia son concesiones al ímpetu tanto de EEUU como de los países que fueron parte del imperio ruso y ahora son parte de la UE (Polonia, Finlandia y las repúblicas bálticas) cuyo objetivo es retrasar cuanto puedan el bloqueo al gas ruso... que significaría un desastre para la industria alemana. Pero el hecho es que, discretamente, Alemania está rellenando sus reservas de gas intentando ganar margen de maniobra y «aguantar» en el peor de los escenarios hasta mediados del invierno próximo.

Lee también: ¿Qué pasaría si Alemania cortase las importaciones de gas de Rusia?, 15/4/2022

Alemania juega con una única baza: Rusia no va a cortar unilateralmente el suministro porque eso le supondría «dejar de ser una fuente fiable» y perder contratos a largo plazo al final del conflicto. Y por lo mismo, cuanto más breve sea el horizonte de la guerra, más fácil será para Rusia retomar un lugar en el mercado energético europeo.

Pero lo que está viendo BlackRock, el principal fondo de inversión de EEUU y del mundo, es todo lo contrario. Sus analistas creen que la guerra se va a alargar porque EEUU va a hacer lo posible por enconarla. Implícitamente, el Banco Mundial está jugando con el mismo escenario.

La razón es que EEUU parece haber encontrado una forma de guerra en Europa que no sólo resulta aceptable internamente -no hay bajas estadounidenses y el coste económico directo ni siquiera exige un aumento drástico de los presupuestos- sino que, si se mantiene el tiempo suficiente, puede brindarle ventajas estratégicas y comerciales directas, reforzando su lugar como potencia imperialista hegemónica.

Por eso el gobierno Biden no sólo quiere agravar el desastre económico ruso (caída del 8% del PIB y 20% de inflación, reconocía hoy su banco central) sino que ve abierta la puerta para forzar a Alemania a «reinventar» su modelo económico: pasar a depender, no sólo energéticamente, más de EEUU y cejar en su presión exportadora. Un competidor menos, en una Europa mucho más manejable.

Saben, eso sí, que Francia, Alemania y puede que incluso Gran Bretaña tarde o temprano van a intentar llevar el curso de la guerra hacia una solución alternativa más acorde con sus intereses. Pero de momento la iniciativa es suya y todo parece enfilar hacia un cambio con consecuencias a largo plazo.

Además, alargar la guerra de Ucrania parece ofrecer ventajas a EEUU en lo que es su «frente» principal: el cerco a China. Mientras Pekín ve cortada su salida hacia Europa por tierra e India aprovecha los precios de saldo del petróleo ruso, EEUU va aumentando sus bazas lentamente en un juego asiático cada vez más tenso.

En el lado industrial, mientras fuerza a la industria taiwanesa de chips a llevar inversiones y tecnologías a su suelo, anima a los grandes conglomerados coreanos a seguir retirando capitales de China. Por el militar rearma a Japón mientras el nuevo presidente coreano, mucho más cercano a Washington, considera unir su país a AUKUS.

Es decir, la prolongación sine die de la guerra ucraniana sirve también a los intereses estratégicos de EEUU en Asia.

¿Hay riesgo de que Rusia responda con una escalada?

Lanzamiento de un misil balístico con capacidad nuclear Iskander en Rusia

El riesgo es evidente. Rusia, si se ve entrampada militarmente, puede jugar a «escalar para desescalar» si ve en peligro Crimea y la flota del mar Negro, si los ataques en su territorio siguen escalando o simplemente si se hace posible una debacle militar que haga evidente la matanza a pesar del férreo control informativo y, unida a la crisis económica, movilice a los trabajadores contra el régimen.

Lee también: ¿Usará Rusia armas nucleares en Ucrania?, 20/4/2022

Pero a las múltiples y nunca claramente definidas «líneas rojas» rusas se une ahora una más: Transnistria. Para Rusia una posición estratégica con la que mantener a Moldavia a raya en sus tentaciones atlantistas. Ahora, escenario de atentados que empezaron con disparos de armas antitanque contra el Ministerio del Interior de la republiqueta (un día de fiesta) y que ambos bloques no han tardado en atribuir al contrario.

¿Cómo acabará todo ésto?

Tanques paralizados por los ferroviarios griegos

EEUU y Rusia tienen todos los incentivos, en su lógica imperialista, para prolongar y llevar la guerra hasta el borde mismo del conflicto nuclear. Lo que pase cuando se llegue a ese punto está por definir.

A corto el desarrollo de la guerra está sentando las bases para una recesión global y prolongada. Y esto no es neutral a los trabajadores del mundo. Incluso en países relativamente lejanos de la guerra como España, las tasas de pobreza extrema ya están en los niveles de lo peor de la última recesión y un nuevo ataque a las pensiones se dibuja ya en el horizonte inmediato. Y sólo estamos viendo el prólogo.

Como una bola de nieve el juego imperialista va produciendo contradicciones cada vez mayores y cambiando el mapa de equilibrios a hachazos. Sólo hay una fuerza capaz de parar esta marcha acelerada: la lucha de los trabajadores contra sus propios gobiernos y en oposición directa a la guerra.

Hasta ahora solo hemos visto destellos. No bastan. No podemos dejar que la propaganda diaria de los medios, por aplastante que sea, acabe convirtiendo la guerra en «paisaje», en algo distante y ajeno, en un «hecho de la Naturaleza», como hicieron con la pandemia.

Pero sólo hay una manera de conseguir resistir a la fuerza propagandística y atomizadora de los medios: organizarnos en los centros de trabajo, en los barrios, incluso entre las filas de conscriptos que antes de lo que muchos piensan serán mandados por la fuerza a la guerra.

Esa es la tarea inmediata de los trabajadores conscientes en Rusia y Ucrania, pero también en el resto del mundo. La guerra sólo se para cuando los trabajadores organizados y movilizados como tales derriban a los gobiernos que les empujan a la carnicería y les hambrean. Y no hay otro camino. Ni electoral ni de ningún otro tipo.

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