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2021: Nuevo mapa imperialista global y focalización de las perspectivas de guerra

26/12/2021 | Informe anual

En 2021 la economía global se contorsionó para prepararse para la guerra, las tensiones imperialistas convergieron con fuerza alrededor del conflicto entre EEUU y China; Europa perdió su centralidad; y aparecieron nuevos puntos calientes que, por primera vez, involucran directamente en el camino hacia la guerra a dos de los principales estados sudamericanos.

2021, el año en que vimos los dientes a la anarquía capitalista...

El Canal de Suez bloqueado

2021 iba a ser el año de la «recuperación en uve». Se cierra con dos constataciones de importancia histórica.

La primera es que sólo EEUU y China han conseguido recuperar los ritmos de acumulación anteriores a los confinamientos de 2020; la segunda que el ritmo de la acumulación en China es mayor que el de EEUU, es decir, la distancia entre las dos mayores potencias imperialistas sigue acortándose entre sí y aumentando frente al resto.

Variación acumulada del PIB real hasta el tercer trimestre de 2021. Solo EEUU y, en mayor medida, China, han recuperado el ritmo de acumulación.

En parte se debe al éxito de la estrategia «cero Covid» implantada por Pekín, pero también a que no está resultando tan fácil a EEUU estrangular el desarrollo chino a pesar de sus fragilidades y contradicciones.

La interrupción del flujo de Canal de Suez en marzo evidenció la dependencia de los capitales europeos y estadounidenses respecto a la producción industrial china a pesar de los crecientes esfuerzos por renacionalizar o recolocar en países semicoloniales «seguros» producciones estratégicas.

De fondo la constatación de que los intentos de reestructurar abruptamente la división internacional del trabajo solo podía aumentar la anarquía capitalista y colapsar unos sistemas logísticos ya irracionales pensados para maximizar la ganancia a costa de la seguridad más básica.

Para ese momento, las sanciones y restricciones impuestas ya por Trump a la industria tecnológica china y sus proveedores, una estrategia que Biden endureció, estaban causando las primeras señales de desabastecimiento industrial y una escasez generalizada de chips. Es decir, dejaban en evidencia también el papel de la sobre-concentración industrial y de capitales.

Además, no es ninguna novedad que la sobre-concentración de capitales produce inevitablemente la formación de capitales ficticios masivos dedicados a la especulación. Algo que la debilidad global de la «recuperación» y el diseño de la principal estrategia del capital para reanimar la acumulación, el Pacto Verde, no podían sino azuzar.

Resultado: un boom especulativo en el gas, el carbón y las materias primas ligadas al Pacto Verde que son resultado y acelerante a su vez de una competencia imperialista cada vez más agresiva. Y junto a él un incremento drástico del precio del trigo y otros alimentos básicos de producción globalizada... pagado en empobrecimiento y hambreamiento por los trabajadores de todo mundo.

Y al unir todas las piezas... más caos capitalista, como pudimos ver en Gran Bretaña. Fueron los meses de orgía de desabastecimientos, despilfarro y aún más escasez artificial de la habitual que acompañaron de lloros hipócritas y falsarios sobre la falta de mano de obra. Lo importante era ocultar lo fundamental: los mecanismos de fijación de precios del capitalismo de estado estaban fallando estrepitosamente en países centrales como EEUU, Gran Bretaña o Corea del Sur.

... y el militarismo

La flota de EEUU y Gran Bretaña patrulla el estrecho de Taiwán.

Cuando hablamos de militarismo lo primero que suele venir a la cabeza es el modelo de las dictaduras stalinistas o el pinochetismo: la militarización del control social, el afán amarmentista mostrado en desfiles sin fin, etc. Pero esa es sólo una de sus posibles manifestaciones y generalmente sólo aparece en los países de capital nacional más débil. En realidad el militarismo es un proceso general de orientación y tutela de la economía (=acumulación) y la sociedad para la guerra.

Por eso la transformación forzosa y abrupta de la división internacional del trabajo y con ella de las cadenas de suministros que inició EEUU y a la que se sumaron Gran Bretaña, Australia y la UE, entre otros, es un salto cualitativo en el desarrollo del militarismo.

No es ya solo que el desarrollo tecnológico se condicione a imperativos militares -como con la informática cuantica-, es que al cambiar el mapa de la división internacional del trabajo todo el proceso económico, en cada país, se está viendo sometido a consideraciones estratégico-militares en la perspectiva de un «conflicto mayor» que se imagina entre 2022 y 2028. Por eso, como han podido seguir casi día a día los lectores de nuestro canal en Telegram, la transformación de la división internacional del trabajo está siendo acompañada por una verdadera carrera de armamentos global.

El giro estratégico de EEUU hacia China y el carácter periférico de Europa en el nuevo mapa imperialista

La salida de Kabul

Las imágenes de la salida caótica de las tropas de EEUU del aeropuerto de Kabul marcan el fin de una  larga era de intervención militar directa estadounidense en Oriente Medio.

La llegada a la Presidencia de EEUU de Biden aceleró desde el primer día el proceso de agravamiento de las tensiones imperialistas en prácticamente todos los frentes posibles: desde Malvinas a China pasando por el Mar Negro.

El objetivo explícito era cercar a China y Rusia con un anillo de alianzas y puntos calientes. Sin embargo tenía un punto débil: Oriente Medio. Y aunque en marzo EEUU bombardeó fuerzas de Hezbollah en Siria y prodigó gestos amagando con alargar la guerra en Afganistán indefinidamente... conforme avanzaban los meses quedaba claro que el objetivo estratégico de Washington pasaba por una o varias guerras de «contención» a China y que, eso era incompatible -al menos económicamente- con mantener a su propio ejército como un jugador decisivo en la región.

Ya en abril los movimientos estadounidenses dibujaron un nuevo mapa del conflicto imperialista global con Ucrania o Malvinas como puntos calientes... pero sin Afganistán. Y cuando finalmente Biden decide dar luz verde al plan de salida afgano, ni siquiera se asegura de que el ejército afgano pueda cubrir una salida decorosa de los ejércitos europeos y de las facciones de la burguesía local en que se habían apoyado.

El desconcierto europeo es total. La propaganda europea -más imprudente que la china- azuza los temores a una nueva oleada migratoria y proclama el «fin de la era americana» con un fondo de inseguridad y avaricia imperialista.

Significativamente la prensa de Hong Kong tenía claro que no caería esa breva. Por mucho que los medios oficiales de Pekín no se quedaran cortos en epítetos a la hora de calificar «la humillación» estadounidense, en Extremo Oriente nadie duda que la salida de Afganistán es el preámbulo de una política imperialista aun más agresiva en el IndoPacífico con Taiwan como punto caliente.

Pero para entender qué está moviéndose en el panorama imperialista fue aún más clarificador el debate en el parlamento británico. Laboristas y conservadores reprocharon a Johnson la incapacidad del ejército británico para sostenerse un solo día sin los estadounidenses.

Theresa May preguntó retóricamente donde estaba ahora la famosa Global Britain prometida para el post-Brexit. Johnson respondió con lo obvio: los estadounidenses no consultaron con sus aliados OTAN la retirada ni sus fechas y los británicos -y ya puestos, los europeos en general- no tienen capacidad para sustituir la fuerza militar norteamericana en un destino como el afgano.

El «fin de la era americana» no será el fin de la «especial relación», pero significará la pérdida definitiva de una de las ilusiones más queridas de las clases dirigentes británicas: su capacidad de influencia en Washington en virtud de una alianza global a dos.

El fiasco afgano preocupa en Europa no porque vaya a suponer el «fin de la era americana», sino porque ha vuelto demostrar que los EEUU de Biden no tienen más consideración por la UE que la que tenía Trump.[...]

Con el ambiente enrarecido por las tensiones de la evacuación y los responsables de la UE acusando al ejército de EEUU de obstaculizar la salida de los europeos y sus colaboradores, medios y think tanks europeos empezaron encargar análisis a un lado y otro del Atlántico preguntándose si realmente pueden dar por cerrada una época de unilateralidad estadounidense y retomar soberanía en el diseño de sus propias políticas imperialistas o lo que había pasado, simplemente, era que el giro hacia China del capital estadounidense les había dejado aún más fuera de juego.

¿Es Kabul el «fin de la era americana»?, 25 de agosto

AUKUS

Este nuevo carácter periférico de Europa quedará claro en septiembre. Justo al día siguiente de que la Presidenta de la Comisión, en su discurso sobre el estado de la Unión desvele la aceleración de los planes para constituir un «ejército europeo» y todo lo que conlleva -desarrollo armamentístico y un nuevo bloque político entre Alemania, Francia e Italia con España de escudera-, Biden presenta AUKUS.

Y AUKUS es un nuevo bofetón para las potencias europeas. Francia descubre de la noche a la mañana que ha perdido el «contrato del siglo» sin que Biden tuviera un momento de duda.

Los funcionarios estadounidenses dijeron que la decisión de desechar el contrato existente entre Francia y Australia y reemplazarlo por uno que uniría a Australia tecnológica y estratégicamente al programa de submarinos nucleares, prácticamente no generó un debate interno. La razón era sencilla: en la Casa Blanca de Biden, el imperativo de desafiar el creciente peso de China y sus esfuerzos para empujar a la Armada de los EEUU hacia el este, hacia la siguiente cadena de islas en el Pacífico, está por encima de todo.

Conversaciones secretas y una agenda oculta: detrás del acuerdo de defensa de EEUU que Francia llamó «traición», New York Times, 17 de septiembre

Y no sólo fue Francia. Gran Bretaña aparece como un figurante cuyo papel solo le permite asentir y aceptar un papel subalterno respecto a sus antiguas colonias. Theresa May llega a cuestionar a Johnson en el Parlamento si la entrada en el AUKUS no arrastraría a Gran Bretaña a una indeseada guerra por Taiwan a corto plazo.

Pero para EEUU, la creación de AUKUS es una forma de «forzar la mano» y presentarse en el equilibrio asiático con un nuevo empuje en la perspectiva de doblar la voluntad de las burguesías japonesa y surcoreana.

Para EEUU AUKUS significa renunciar -por desespero- a tener como principal vector militar y comercial en su enfrentamiento con China a los principales estados asiáticos. Da un paso atrás y decide empezar por su «núcleo duro» de alianzas con otros países anglófonos en los que su influencia ha sido siempre abrumadora, con tal de seguir avanzando en el cerco a China. [...]

El capital francés se ha dado de bruces contra una obviedad: la política del «conmigo o contra mi» aplica ya en Asia. AUKUS representa, en realidad, un golpe sobre la mesa en el escenario más sensible ahora para Washington en su querella contra China. Se constituye para acelerar forzadamente la constitución de un bloque imperialista en el Pacífico y obligar a decantarse a favor o en contra a todos los estados que quieran jugar en la región.

AUKUS y el camino hacia una 3ª guerra mundial, 17 de septiembre

EEUU y Rusia en Europa

¿Ataque híbrido? La imagen es del lado polaco de la frontera. Al otro solo hay familias y jóvenes pasando frío y sed.

La perdida de la centralidad de Europa en el gran juego imperialista global se hará aun más evidente en los meses siguientes. EEUU jugará por su cuenta, al margen de los europeos, no sólo en Asia, sino en todos los conflictos imperialistas que rodean a la UE, incluso en los Balcanes Occidentales y especialmente en la cada vez más explosiva Bosnia.

Y tras el ridículo europeo en la frontera con Bielorrusia, donde 4.000 refugiados puestos en la frontera por Rusia fueron recibidos con pánico y acusaciones de «guerra híbrida», Biden tomará hasta el día de hoy un papel activo a la hora de azuzar a Rusia a ir a una guerra abierta. Tan activo que mientras con una mano agravaba la tensión, con la otra prometía que en el peor de los casos -invasión rusa de otra parte de Ucrania- la respuesta estadounidense se limitaría a sanciones económicas y que en ningún caso desplegaría tropas a Ucrania.

En realidad tanto Biden como Putin refuerzan su peso en Europa al incrementar la tensión sin que ninguno tenga un interés estratégico en ir más allá. De lo que se trata para ambos es de exacerbar las contradicciones internas de la UE, pinzada entre el belicismo antiruso de los países bálticos y del Este y la necesidad alemana de asegurar la provisión de gas. El resultado es un inevitable y peligroso punto caliente... que recuerda a las potencias imperialistas europeas su carácter cada vez más periférico y dependiente.

No es de extrañar por tanto que las potencias europeas, sin dejar de seguir a EEUU, pongan palos en la rueda de sus esfuerzos por encuadrarlas en su estrategia global de creación de un bloque.

El año comenzó con el encuadramiento europeo en la espuria campaña estadounidense para culpar a China del origen del Covid y el apoyo acrítico a la imposición de un tipo mínimo global al impuesto de sociedades, pensado originalmente como respuesta a la «tasa Google» europea y base para un bloque económico estadounidense. Se cierra con el sabotaje pasivo de la Cumbre de la democracia de Biden y de las aspiraciones de liderazgo estadounidenses en la COP26.

Y el nuevo año arranca con la organización de una cumbre europea de defensa en París que Macrón quiere convertir en el punto de arranque de la autonomía militar europea.

¿Hacia una guerra entre EEUU y China por Taiwán antes de cinco años?

Aviones de combate y bombarderos nucleares chinos patrullan esta semana junto a la frontera con Taiwán.

La evolución principal del conflicto imperialista en 2021 no se ha limitado a consolidar el cambio de eje de EEUU hacia China. Tanto China como EEUU han focalizado las perspectivas de una guerra abierta entre ambas potencias en Taiwán... lo que implica también darle un horizonte temporal.

China tendrá capacidad para cerrar el Estrecho de Taiwan en 2025 según el ministro de Defensa taiwanés. Es decir, 2025 marcaría un punto de inflexión en las capacidades militares chinas que harían posible el bloqueo económico de la isla sin necesidad de ir a una guerra. La estrategia estadounidense de presionar sin pasar al enfrentamiento directo, tendría en ese caso fecha de caducidad.

Aunque en un marco en el que ninguna información es fiable, hay que coger con pinzas, las «filtraciones» sobre la derrota de EEUU en la carrera de la IA, aseveradas por el propio Google, son muy preocupantes. Al final el enfrentamiento imperialista entre EEUU y China no es una lucha de posiciones como entre Rusia y EEUU, sino una lucha directa por mercados y aplicaciones de capital. Es decir, la carrera tecnológica es su expresión más clara. Si EEUU realmente cree que puede quedar atrás tecnológicamente a corto plazo, el impulso hacia la guerra se haría presente como una urgencia inmediata.

¿Está dispuesto EEUU a iniciar una guerra en Taiwán?, 13 de octubre

Es más, las fracturas internas de la burguesía estadounidense y su calendario político se han incorporado a la determinación del horizonte bélico, lo que podría acelerar los tiempos.

El pasado 21 de octubre Biden se declaró abiertamente decidido a «defender Taiwán» en caso de que el gobierno chino, que considera la isla una provincia, la bloquee o invada. En los medios de Washington desde entonces la cuestión a dirimir pasó de ser si EEUU estaría dispuesto a ir a la guerra a si la marina dispone de medios suficientes para ganarla.

Y en el debate demócrata de Washington eso se traduce como una tendencia a hacer propia y acelerar la nueva perspectiva estratégica que se abre en el partido republicano y que prevé una serie de guerras de «contención» contra China empezando por Taiwán. Ven el conflicto como inevitable, saben que en 2025 podría ser ganado por Pekín y consideran las ventajas electorales de adelantarlo, especialmente si la marina da ciertas garantías de una victoria. El paralelismo con Roosevelt a fin de cuentas es uno de los tópicos de la actual presidencia.

Las elecciones en Virginia y Nueva Jersey y el deslizamiento hacia la guerra en Taiwán, 3 de noviembre

Esta perspectiva de «guerras localizadas» entre China y EEUU -bajo algo parecido al modelo de la Guerra de Malvinas entre Gran Bretaña y Argentina- es poco más que un engaño. Como reconocen los analistas militares asiáticos, cuanto más se dilate en el tiempo el estallido del conflicto, más improbable es que EEUU pudiera obtener un triunfo sin golpear las líneas de abastecimiento de las industrias chinas y, probablemente, abrir una guerra total.

Y la burguesía china no está menos orientada a concentrar y dirigir la acumulación y la reforma del aparato político para ponerlos al servicio de una guerra que todos dan ya por hecha. La reunión del plenario del PCCh de noviembre que consagró a Xi como cabeza del estado no fue simplemente la escenificación de un nuevo equilibrio de poder entre los sectores de la burguesía de estado china y la burocracia del partido-Estado.

El núcleo de poder de la burocracia china celebra la reforma de su estructura política principal, el disciplinamiento de la burguesía financiera y corporativa, y el desarrollo de las capacidades militares del ejército como base de su nueva posición imperialista en una época que, reconoce, el escenario imperialista se ha vuelto «más complejo y grave» para sus intereses. Se plantea como objetivo inmediato una reunificación con Taiwán que difícilmente puede ser pacífica y cierra llamando:

A todo el partido, a todo el ejército y a la gente de todos los grupos étnicos a unirse más estrechamente en torno al Comité Central del Partido con el camarada Xi Jinping en el centro.

Esta recentralización del poder «con el camarada Xi en el centro» sería el comienzo de «nuevo viaje» que traería «grandes victorias y gloria». Traducido: una nueva expansión global china con el horizonte de una guerra presente en cada paso.

Cambios en China: Más allá de la entronización de Xi, 12 de noviembre

La nueva centralidad de Malvinas y el Mar de Hoces

El «ARA Islas Malvinas» cruza el mar de Hoces.

Pero la estrategia imperialista china no se limita a sus territorios circundantes, se expande por el nuevo mapa del conflicto imperialista a una velocidad sorprendente. Los informes estadounidenses advierten de una presión creciente de Pekín sobre el gobierno uruguayo para que le ceda terrenos y crear una base militar en el Río de la Plata, en red con la que ya negocia con el gobierno de Guinea Ecuatorial en Bata.

Mientras, desde el Pacífico, los arrastreros chinos han puesto en guardia sobre la nueva importancia del Mar de Hoces, tras lo que EEUU y Gran Bretaña han incrementado la tensión de manera inusitada desde Malvinas, marcando posiciones no sólo a Pekín sino a la Casa Rosada. Chile reivindica al mismo tiempo buena parte del área marítima del Mar de Hoces frente a Argentina, que está levantando nuevas pistas en la Antártida y acelerando la construcción de una base logística militar en Ushuaia mientras rearma su flota austral.

El paso entre el Atlántico y el Pacifíco, está convirtiéndose en un punto estratégico similar al que representó Suez durante el siglo XX y las consecuencias dentro de la región se dibujan turbulentas.

No es de extrañar que el triunfo de Boric en Chile, oriundo además de la región magallánica, fuera recibido con alivio e incluso entusiasmo en la cancillería argentina. Aporta algo de tiempo frente al duelo de gigantes que se avecina y que antes de que nadie dispare un tiro, pone en peligro los objetivos exportadores de ambas economías sudamericanas, dependientes de mantener el crecimiento del comercio y las inversiones chinas sin perder la bendición de EEUU.

2021: un año decisivo en el camino hacia la guerra

Biden, Morrison y Johnson presentan AUKUS

Hemos dejado fuera de este resumen la evolución de la guerra en Etiopía, la danza de movimientos imperialistas en el Magreb -que ya apareció en el resumen del año en España- y el papel de Egipto en el Mediterráneo frente a Turquía. También la particular situación de Irán e India en la nueva polarización en marcha e incluso el triángulo abierto entre EEUU, Japón y Corea del Sur. Todos ellos deben ser interpretados en este nuevo mapa del conflicto imperialista que se decantó este año y que hemos tratado de esbozar.

Lo que queremos destacar de 2021 es ante todo que la economía global está contorsionándose para prepararse para la guerra, que las tensiones imperialistas están convergiendo alrededor del conflicto entre EEUU y China a velocidad creciente; que en ese marco Europa ha perdido su centralidad; y que están apareciendo nuevos puntos calientes que, por primera vez, involucran directamente en el camino hacia la guerra a dos de los principales estados sudamericanos.