11S: 4 claves 20 años después

11 de septiembre, 2021

11S

Se cumplen 20 años de los atentados del 11S de 2001. Los canales de TV y la prensa dedican hoy miles de páginas a lo que ya hoy resulta un recuerdo confuso para la mayoría. Entender el 11S en la perspectiva de estas dos décadas exige ponerlo en el contexto del juego imperialista global y de la evolución de las luchas y equilibrios entre clases en el mundo árabo-islámico.

Tabla de contenidos

1. El 11S nace de la impotencia política e histórica del islamismo

Al Zawahiri y Bin Laden, inspiradores del 11S
Al Zawahiri y Bin Laden, inspiradores del 11S

El 11S es el momento álgido de la propuesta estratégica y táctica de Al Qaeda. Esta propuesta representaba una ruptura radical de los presupuestos y orientación del islamismo original que, tras las derrotas en Argelia (1998), Daguestán (1999) y Chechenia (2000) y su retroceso político en Egipto parecía haber llegado a su etapa terminal.

Entre el islamismo tradicional y el jihadismo que se materializa el 11S las diferencias políticas son sustanciales:

Cambiaban los objetivos: una república islámica que heredaría y reformaría desde el poder las leyes nacionales frente a un califato de nueva planta. Cambiaba el enemigo principal: los gobiernos nacionales o las potencias no musulmanas. Y a consecuencia de ambas, la estrategia: maximizar lo que acercara a la Hermandad al poder o impulsar una guerra que mostrara lo más claramente posible un enfrentamiento entre los cruzados y los caballeros del profeta.

11S: Del islamismo al jihadismo y vuelta

Jihadismo e Islamismo nacen de la misma matriz de clase, la pequeña burguesía de los países árabes, pero la propuesta jihadista no podía triunfar porque se enfrentaba a la esencia misma de la clase de la que surgía. Y de hecho, no triunfó, siempre fue marginal.

Aunque tuviera un momento de exposición universal, nunca alcanzó la dirección real del movimiento de la pequeña burguesía musulmana global... ni tuvo opciones de disputarlo realmente porque su elemento distintivo era precisamente la propuesta de superar la nación por una entidad anacional -la Umah, la comunidad de los musulmanes- y la lucha por el poder del estado por la construcción independiente de un para-estado feudal. Pero...

La pequeña burguesía de Egipto, Libia, Jordania o Siria es un producto del estado nacional, nació como clase masiva del capitalismo de estado. Su proyección política es reaccionaria por nacional, no por pre-nacional como el sueño califal de los jihadistas.

11S: Del islamismo al jihadismo y vuelta

Por eso, Al Qaeda no pudo capitalizar su omnipresencia en el discurso político global durante la década siguiente al 11S. De hecho, lo que los primeros 10 años de «guerra contra el terrorismo» consiguieron no fue construir a Al Qaeda como enemigo universal, sino reavivar las bases sociales de los Hermanos Musulmanes hasta convertirles en la forma más vigorosa del nacionalismo en no pocos países árabes.

Serían los Hermanos y sus nuevos patrocinadores imperialistas, Turquía y Qatar, quienes capitalizarían la revuelta de la pequeña burguesía en una lucha abierta por el poder, la llamada «Primavera árabe» (2010-11) que culminó en su entrada en el gobierno de Túnez, la llegada a la presidencia de Morsi en Egipto (desalojado luego por los militares), el gobierno Trípoli hasta el fin de la guerra civil libia, un estado tampón títere de Turquía en el norte de Siria y participación ministerial en los gobiernos de Marruecos -muy simbólicamente acabada esta semana- y diputados en Indonesia y Malasia..

A pesar del impacto del 11S el jihadismo no consiguió aglutinar a la pequeña burguesía en una plataforma global, que era el objetivo de Al Qaeda (=la base). El jihadismo nunca consiguió ser la expresión de la revuelta de la pequeña burguesía musulmana, ni tan siquiera de la árabe. Su pretensión de superar el marco nacional lo hacía imposible.

Lee también: 11S: Del islamismo al jihadismo y vuelta, 11/9/2020

2. Lo que el ciclo abierto con el 11S demuestra es cómo todos los movimientos «radicales» de la pequeña burguesía acaban necesariamente como peones de algún imperialismo externo y represores salvajes de los trabajadores

Manifestantes obreros en Tebourba, Túnez, se enfrentan a la policía y el ejército en 2018.
Manifestantes obreros en Tebourba, Túnez, se enfrentan a la policía y el ejército en 2018.

Y a pesar de liderar la revuelta de la pequeña burguesía en media docena de países el islamismo no consiguió consolidarse en el poder salvo en islotes como Gaza. Eso sí, quedaron meridianamente claras dos cosas:

  1. Todos los movimientos de la pequeña burguesía acaban siendo irremediablemente piezas del juego imperialista. Es decir, demostrando en sus actos la imposibilidad de su propio planteamiento -la posibilidad de un desarrollo independiente del capital nacional- sin necesidad siquiera de llegar al poder.
  2. Su oposición frontal y sangrienta a cualquier expresión de la clase trabajadora. Desde el salvajismo de la represión del Estado Islámico y su instauración del trabajo esclavo, hasta la respuesta a tiros contra las huelgas en Libia del ministerio de los Hermanos Musulmanes en 20 años hemos tenido centenares de ejemplos.

3. El 11S no fue expresión de la debilidad del imperialismo EEUU, ni el comienzo de su caída

PIB de EEUU comparado con el de China y Japón
PIB de EEUU comparado con el de China y Japón

Además de la confusión entre islamismo y jihadismo, otra idea que está apareciendo en los medios estos días viene a decir que el 11S precipitó la caída de EEUU como potencia dominante. Los jihadistas, aunque no consiguieran hacerse con su ansiado califato, habrían de alguna manera triunfado. No es cierto.

Cuando llega el 11S ha pasado casi una década del hundimiento del bloque imperialista ruso. EEUU se presenta como «hegemón» global. Tiene entonces cada vez más resistencias de Francia y Alemania, con los que compite en el Este, y se enfrenta a la consolidación de un nuevo régimen en Rusia que reorganiza y disciplina alrededor del estado a la burguesía de los oligarcas. China es cada vez más dependiente del capital estadounidense y su crecimiento, sensiblemente inferior al de EEUU, no permite concebirlo como un rival global.

El 11S no rompe esa posición dominante. De hecho la exacerba. EEUU disciplina tras el 11S a todos sus aliados sin encontrar ni un pero. La resistencia de los «socios europeos» a participar en la invasión de Irak se demuestra pronto impotente y fútil. La invasión de Afganistán es un paseo militar. La de Irak se basa en el concepto de «fuerza militar abrumadora» y el resultado es, en efecto, abrumador, aunque la resistencia se hará pronto presente en ambos países, así como el juego imperialista de Pakistán en Afganistán e Irán en Irak.

El 11S abre además una época de vigilancia electrónica masiva y global que otorga al gobierno de EEUU un poder sobre la información y las comunicaciones como ningún estado del mundo había tenido antes. El 2001 es además un momento de giro en el desarrollo tecnológico. Tras el «crash de las puntocom» del 2000, Internet será protagonizada por Google, Facebook y Amazon, es decir, se da el salto hacia una capitalización masiva y concentrada en las redes electrónicas... que da una hegemonía duradera en lo digital a los capitales estadounidenses. Capitales que en ese mismo momento empiezan a orientarse hacia el Big Data y la Inteligencia Artificial para consolidar la ventaja.

4. El punto de inflexión en el juego imperialista es la crisis de 2009, no el 11S; el fin de ciclo es el Pacto Verde y la salida de Kabul

Evolución del PIB de España, Italia y Francia.
Evolución del PIB de España, Italia y Francia.

El punto de inflexión en el juego imperialista se produce con la crisis de 2008-2009. El desastre económico deja atrás como posibles rivales a los europeos (compárense las dos gráficas anteriores). Pero apenas modula el crecimiento chino que ya es mayor que el estadounidense.

La agudización del conflicto imperialista -especialmente entre potencias regionales- hace cada vez más incómoda la posición de EEUU. Las resistencias empezaban a parecer inmanejables y Oriente Medio poco rentables desde la perspectiva imperialista global estadounidense. El cambio respecto al periodo abierto por el 11S es drástico y por eso el presidente Obama evitará una nueva intervención militar en Siria y comenzará el repliegue de Irak

Y, lo que es más importante, en los años siguientes, el conflicto con Rusia alineará a los europeos con EEUU y por primera vez EEUU empieza a sentir la competencia china como un peligro estratégico en sectores importantes: desde el acero a las telecomunicaciones.

Es el mundo del 2010, el de la «Primavera árabe», la «amenaza china» y la anexión de Crimea, el que exacerba la división en la burguesía norteamericana que llevará a Trump a la presidencia. También el que propiciará, por un mecanismo similar, el Brexit.

El 11S abre un ciclo de «super-poder» americano que entra en crisis a finales de década con la crisis financiera y que se cierra ahora, con el nuevo empellón de la crisis en 2020, la pandemia y la retirada de Afganistán.

Se abre una nueva etapa marcada por la Presidencia Biden, que

  1. Reorienta el gran juego del capital estadounidense hacia el Pacto Verde como síntesis entre los intereses del capital financiero y tecnológico y la resistencia del capital industrial y la pequeña burguesía.
  2. Reorienta la política de EEUU hacia la acumulación de fuerzas para una radicalización del conflicto imperialista con China, que es lo que realmente simboliza la salida de Kabul.
Lee también: ¿Es Kabul el «fin de la era americana»?, 11/9/2020